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viernes, 15 de septiembre de 2023

El Humanismo batllista. La filosofía del progresismo.

 

El Humanismo batllista. La filosofía del progresismo.



Durante el período batllista el Estado adquirió el carácter universal de representar a la sociedad en su conjunto. Se debe reconocer la preocupación del batllismo por atender las demandas de los sectores populares, nivelando las desigualdades económicas y sociales. Entonces, el batllismo toma la “cuestión social” desde una perspectiva ética y humanista claramente influenciado por el pensamiento krausista y el propio Batlle el 30 de marzo de 1916 en El Día escribe una nota titulada “Conceptos claros” en estos términos:

“Enriquecer al Estado es enriquecer a todos sus componentes. Si el Estado es rico y está bien administrado, el dinero que recibe por concepto de impuestos inmediatamente se distribuye en obras de beneficio general(…) el Estado no se guarda nada lo devuelve en caminos, escuelas, puentes, industrias nuevas…” Durante la primera presidencia de Batlle(1903-1907) se instaló una preocupación fundamental en la educación: la enseñanza secundaria. Para Batlle el objetivo de los liceos debía ser: “provocar la observación y disciplinar el criterio, por medio de una enseñanza general que prepare para el cumplimiento de los deberes de la vida y favorezca el desarrollo y la aplicación de las aptitudes individuales en las diversas manifestaciones de la actividad económica” y en una carta a  Domingo Arena durante su período de entre gobiernos desde Europa escribe: “Yo pienso aquí en lo podríamos hacer para constituir un pequeño país modelo, en que la instrucción sea enormemente difundida. En el que se cultiven las artes y las ciencias con honor. En el que las costumbres sean dulces y finas. Me complazco en imaginarme que podríamos crea universidades en todos los departamentos(…) proveer al bienestar de las clases pobres” Para Carlos Real de Azúa, un critico del batllismo, el humanitarismo de Batlle conciliaba conquistas tan distintas como “la ley de divorcio de 1907, la investigación de la paternidad y consolidación de los derechos sucesorios de los hijos naturales en 1916, la supresión de la pena de muerte 1905-1907, la prohibición de las corridas de toros 1912-1918, las leyes de suspensión condicional de las penas y de libertad condicional y la tutela de menores.

 


 

Aproximándonos al pensamiento del período los gobiernos humanitarios a fines del siglo XIX fueron aquellos que buscaron mejorar las condiciones de vida de las clases populares, que sufrían las consecuencias de la industrialización, la urbanización y la desigualdad social. Algunos de los países que adoptaron este tipo de políticas fueron:

  • Uruguay, que, bajo el liderazgo de José Batlle y Ordóñez, impulsó la serie de reformas sociales que mencionadas y que además incluyeron la jornada laboral de ocho horas, el seguro social, el voto femenino, el divorcio por voluntad de la mujer y la separación entre la Iglesia y el Estado.
  • Chile, que, bajo el gobierno de José Manuel Balmaceda, promovió una política de fomento a la educación, la salud, la infraestructura y la industria nacional, enfrentando la oposición de los sectores conservadores y oligárquicos.
  • México, que, bajo el gobierno de Porfirio Díaz, inició un proceso de modernización económica y política que favoreció el desarrollo de las comunicaciones, el comercio y la inversión extranjera, pero que también generó una gran desigualdad social y una fuerte represión política.

 

Estos gobiernos humanitarios recibieron críticas de diferentes sectores sociales y políticos, tanto internos como externos, por diversas razones. Algunas de estas críticas fueron:

  • Críticas de los sectores conservadores y oligárquicos, que se oponían a las reformas sociales que afectaban sus intereses económicos y su poder político. Estos sectores acusaban a los gobiernos humanitarios de ser demagogos, populistas, socialistas o anticlericales, y de atentar contra el orden, la tradición y la religión. Algunos ejemplos de estas críticas son las que recibió José Batlle y Ordóñez  por parte de la Iglesia Católica y de otros sectores partidarios de los partidos políticos.
  • Críticas, además,  de los sectores populares y revolucionarios, que consideraban insuficientes o falsas las reformas sociales que prometían los gobiernos humanitarios. Estos sectores reclamaban una transformación más profunda y radical de la estructura económica y social, que implicara una mayor participación, justicia y equidad para las clases trabajadoras.
  • Críticas de los sectores nacionalistas y antiimperialistas, que denunciaban la dependencia y la injerencia de las potencias extranjeras en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Estas corrientes filosóficas se relacionan con las tensiones políticas y culturales de la época de la siguiente manera:

  • El positivismo, que defendía una visión científica, empírica y universal del conocimiento, y que rechazaba cualquier forma de metafísica, teología o introspección, se relacionaba con las tensiones políticas y culturales que surgieron entre los sectores conservadores y liberales, que se disputaban el control del poder y el modelo de desarrollo de los países latinoamericanos.
  • El positivismo, además, influyó en los gobiernos que promovieron la modernización, la secularización y la integración al sistema económico mundial y buscaron aplicar los principios de la ciencia y la técnica a la organización política, social y económica. Sin embargo, el positivismo también generó resistencias y críticas por parte de los sectores populares y nacionalistas, que consideraban que el positivismo ignoraba o negaba la diversidad cultural, la identidad nacional y la soberanía popular.
  • El humanismo, que defendía una visión integral, ética y creativa del ser humano, y que valoraba su singularidad, diversidad e historicidad, se relaciona con las tensiones políticas y culturales que surgieron entre los sectores populares y revolucionarios, que cuestionaron el orden oligárquico y capitalista, y que reclamaron una transformación más profunda y radical de la estructura económica y social.
  • El espiritualismo, que defendía una visión trascendente, racional y religiosa de la realidad, y que afirmaba la existencia de un orden sobrenatural y de valores morales absolutos, se relaciona con las tensiones políticas y culturales que surgieron entre los sectores nacionalistas y antiimperialistas, que denunciaban la dependencia y la injerencia de las potencias extranjeras en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

El amigo, confidente y más fiel de los colaboradores de Don Pepe nos aclara estos conceptos: “Batlle llevado por el humanitarismo, una de las primeras iniciativas trascendentes que tuvo en la primera magistratura, fue presentar el proyecto de la abolición de la pena capital. ¡Redactó personalmente el mensaje, desarrollando la tesis, de que todo derramamiento de sangre activa la crueldad, y que, en consecuencia, podría considerarse, todo ajusticiamiento, como una cátedra para formar asesinos!” El humanismo también queda claro en el análisis del comportamiento del hombre con los animales y las diferentes leyes en esa dirección. Su repulsión a los maltratos “le condujo a su proyecto de ley de fines de 1912, prohibiendo las corridas de toros, las riñas de gallos, combate de ratas, tiro a la paloma y el box. Las corridas de toros habían sido suprimidas, a raíz de la muerte de un primer espada, en la plaza de la Unión, en 1888, en tiempos de Tajes… desde entonces hubo varios intentos de restablecimiento, contra uno de los cuales, en 1898, había sido decisivo el voto de Batlle y Ordóñez, presidente, entonces del Senado; …”C Manini Ríos, C. Anoche me llamó Batlle. P.40). Incluso en el tratamiento de la cuestión obrera la opinión sobre las huelgas de Don Pepe, se acercaba bastante a lo qué debería ser la relación entre obreros y patrones: “…En las huelgas no debería haber ni rencor de parte los obreros ni resentimiento de parte de los patrones, desde que ellas no encarnan otra cosa que un desacuerdo de precio por el valor del esfuerzo…” El humanismo propuesto para solucionar el problema era una discusión armónica “tranquila” con plena fe en la ley y alejándose de los “espejismos” socialistas. El Estado batllista era, pues, obrerista solo en la articulación y prevención de los conflictos, ni injerente ni represivo.

Ver:

Delio Machado, L.M. Nuevo enfoque sobre los orígenes intelectuales del Batllismo. FCU, Montevideo 2007.

 

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