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viernes, 22 de septiembre de 2023

¿ Y donde está el batllismo?

 



Luego de la muerte de Wilson Ferreira Aldunate en marzo de 1988 y del triunfo al año siguiente de Jorge Batlle sobre el Dr. Tarigo mostró con claridad para muy pocos el fin del batllismo como oferta concreta y monolítica dentro del partido Colorado. Las elecciones de 1989 mostraron, ya en aquél entonces, una postura ideológica muy similar y clara, entre Lacalle y Batlle. El resultado fue una agenda de reformas de perfil netamente liberal con la reducción del Estado como concepto principal para enfrentarse al déficit fiscal y bajar la inflación. Todo esto constituyó una etapa más del proceso de destrucción del proyecto batllista con principios como apertura de la economía, desregulación del mercado laboral, privatizaciones con grandes espacios para la iniciativa privada y que fuera el mercado y no el Estado asignados de los beneficios generados. En buen romance era la llegada a nuestro país de las reformas propuestas en el “Consenso de Washington”. Postura que el Dr. Batlle exaltaba en su

campaña electoral. Por otro lado, el Dr. Julio María Sanguinetti mantenía fuertes matices tanto con la visión del Dr. Lacalle y con la del Dr. Batlle.

Antecedentes.

Algunos de los hombres que desde 1873 intentaron limitar al Estado casi hasta su desaparición, son los que diez años más tarde entre 1884 y 1888 aprueba leyes ferroviarias que obligaron al más amplio modelo de intervención estatal ya sea en control de tarifas y autorizaciones para desarrollar ferrocarriles propios. En 1901 es obra del Estado la construcción del Puerto de Montevideo y muy pocos meses después también se encargó de la producción eléctrica. Fue un proceso que parte de la iniciativa privada a partir de 1887, luego a ser administrado en forma provisoria a partir de 1897, directa a partir de 1906 y ser monopolio estatal a partir de 1912. El Estado durante el primer batllismo representaba a toda la sociedad y por encontrarse por encima de todas las clases sociales debía administrar sus disputas, y también impulsar su crecimiento mediante el crecimiento sostenido de la economía. Esa era la excusa que se le daba al Estado para invadir la actividad económica privada, o sea determinado que el interés general era superior al interés particular y al interés empresarial. El intervencionismo estatal en lo económico y en lo social hizo que el Estado tuviera nuevas áreas y modos de accionar. El modelo de transformaciones impuestas por Don Pepe supuso, entonces, la utilización del aparato estatal para realizar su modelo de desarrollo. Posteriormente en el periodo denominado neobatllismo el dirigismo estatal perseguía una política de nivelación destinada a favorecer una distribución más igualitaria de los ingresos del país y alcanzó tasas de bienestar comparables a algunos países desarrollados. El PBI per cápita creció a un promedio del 7.9% anual. Esto se debió al aumento de puestos de trabajo originado por las nuevas empresas del Estado y por las industrias y el aumento en la productividad que permitió aumentar sueldos sin perder niveles de ganancias a los empleadores privados. Por otro lado, se había desarrollado la negociación colectiva y una política de ingresos mínimos que dio un fuerte respaldo al salario real. El sector sindical se sintió triunfador y el Estado ejercía un control en los precios sobre los bienes de consumo básico, sobretodo la vivienda. El Estado reforzó su papel distributivo amplió su infraestructura y los servicios. En 1947 surge OSE, con la nacionalización d ela compañía inglesa de aguas corrientes. Se construyeron puentes y caminos. Se asume el control de la maltrecha compañía de ferrocarriles y tranvías ingleses y se estatiza PLUNA en 1951. En este periodo se inicia el debate dentro del batllismo sobre la libertad económica en contraposición al dirigismo estatal. Acá es cuando comienza la fractura política del batllismo en la visión ortodoxa de los hijos de don Pepe nucleados en la Lista 14 y el diario El Día y unos influyentes jóvenes batllistas apadrinados por Luis Batlle primero y por Jorge Batlle después dentro de la lista 15 y el diario Acción. Tiempos de ruptura y separaciones en cual un grupo formará primero la lista 99 y posteriormente fundará el Frente Amplio con Michelini, Batalla, Fau, Rodríguez Fabregat, entre otros. El joven Dr. Jorge Batlle, líder de la 15, asume las modernas teorías económicas de mediados de los años 50 que estaban bastante lejos de la visión batllista sobre el rol del estado y el dirigismo económico. Las ideas de Hayek y Mises van a iniciar un debate en la visión económica del batllismo y una ruptura conceptual que se mantiene más o menos apasionadamente hasta el momento actual.

Hayek nació en Viena en 1899. Su juventud austriaca está marcada por un clima político difícil en el que huelgas masivas paralizan al país. Asiste a la desorganización del régimen doblemente amenazado: por el populismo, con frecuencia antisemita, y por el socialismo revolucionario radicalizado por la introducción de las tesis marxistas. Hayek participa en los seminarios del economista Ludwig Von Mises, quien reúne a su alrededor a discípulos que contribuirán a difundir el pensamiento liberal en Francia, como Jacques Rueff, asesor del general De Gaulle; en Italia, Luigi Einaudi; en Alemania, Wilhelm Röpke y Ludwig Erhard; y en menor medida en los Estados Unidos, Murria y Rothbard.

En esa época Mises defiende ideas contrarias a las dominantes en la intelectualidad austriaca y Hayek lo califica de «liberal intransigente y aislado». Es iniciador de la crítica a la planificación que, según él, no puede constituir una solución económica adecuada debido a la complejidad de los cálculos económicos y a la falta de información. En su obra mayor, Socialismo, predice el fracaso de las experiencias socialistas: la planificación sólo puede conducir al caos o al estancamiento. Este concepto se dirige, sin pensarlo, a la línea de flotación del pensamiento batllista.

Profesor en Viena (1913-1938) y luego en Nueva York (1945-1969), Mises es el fundador de la corriente neoaustriaca que se desarrolla durante los años 70 y se encuentra cercano a las redes norteamericanas en Europa Occidental. La Fundación Rockefeller y el National Bureau of Economic Research financiaron dos de sus libros publicados en 1944.
Tratando de difundir sus teorías y apoyado por industriales y fundaciones, Mises construyó una organización oficiosa, un esbozo de la Sociedad del Mont-Pelerin, representada por sus alumnos en varios países de Europa Occidental. Hayek, dando continuidad a la tradición liberal iniciada por Adam Smith, defiende una concepción mínima del Estado. Su especial aporte corresponde a la crítica radical de la idea de «justicia social», noción que disimula, según él, la protección de los intereses corporativos de la clase media. Preconiza la eliminación de las intervenciones sociales y económicas públicas.

El Estado mínimo es un medio para escapar al poder de la clase media que controla el proceso democrático a fin de obtener la redistribución de las riquezas que se   redistribuían filosóficamente mediante el fisco.
Su programa es expuesto en La constitution de la liberté: desreglamentar, privatizar, disminuir los programas contra el desempleo, eliminar las subvenciones a la vivienda y el control de los alquileres, reducir los gastos de la seguridad social y finalmente limitar el poder sindical. El Estado no puede asegurar la redistribución, sobre todo en función de un criterio de «justicia social». Estos conceptos van a dirigir el pensamiento económico del líder batllista en los años 60 y 70.

La filosofía política de Hayek está finalmente muy próxima de las tesis desarrolladas por Locke. El Estado defiende el derecho natural de propiedad y está limitado por las cláusulas individualistas de un hipotético contrato fundador. El derecho se convierte entonces en el instrumento de protección del orden espontáneo del mercado. Lo que importa pues, principalmente, es la defensa del liberalismo económico. El liberalismo político es absorbido. Las ideas democráticas son relegadas a un plano secundario.

El proceso de desbatllistizar al país había comenzado con el triunfo de los blancos a partir de 1958, una década después en 1968 la situación era de extrema violencia. No se pudo mantener la matriz ideológica y ni siquiera articular los principios batllistas durante esos años. A esto le sumamos que fallece Luis Batlle, que constan sus esfuerzos por mantener la unidad del batllismo aunque no fue del todo flexible con las propuestas de Michelini y de Batalla. Jorge Batlle se postuló a la Presidencia de la República y compartía la formula con Julio Lacarte Muró. Sus propuestas en exceso liberalizadoras se contraponían fuertemente con la postura de su padre que era estatista y proteccionista van a resentir sus posibilidades y la del batllismo por extensión. Además, Jorge, hablaba directamente y propuso un fuerte golpe en la economía para encauzarla de una vez por todas. Esta visión demasiado radical para la época ahuyentó a grandes cantidades de votantes. La UCB, Unión Colorada y Batllista se decide por la candidatura del general Oscar Diego Gestido que ejercía como Consejero Nacional de Gobierno y que debía renunciar para postularse a la Presidencia de la República. Era crítico de las Carta Intención que el gobierno había comprometido con el FMI, iniciando el penoso proceso de deuda externa que hoy se nos muestra como incontrolable y también era partidario de la reforma anticolegialista. El problema era designar a su compañero de fórmula lo que generó múltiples interpretaciones. Se la propone a Jorge Batlle que declina sosteniendo su propia candidatura, la hermana de Michelini sostuvo que se le ofreció la candidatura afirmando: “Michelini, si no voy con Ud. No voy con nadie” y según cuenta Lincoln Maiztegui, Felipe, hermano de Michelini recordaba que Zelmar le dijo: “Gestido me acaba de decir que quiere que yo sea candidato a vicepresidente” y que luego se abrazaron. Pero luego el propio Zelmar sostendría “nunca reclamamos ni nos fue ofrecida la vicepresidencia de la República”. Como idea de unidad se propone a Julio Lacarte Muró la vicepresidencia en las dos planchas la de la 15 y la de la UCB, sin embargo, la postura de Jorge Batlle fue tajante: “el señor Lacarte Muró es candidato solo conmigo, en Unidad y Reforma, o seguirá en su casa”. El derrotero siguió con Enrique Iglesias, con Luis Faroppa. De esta forma el candidato termina siendo Jorge Pacheco Areco no sin haberse generado en la opinión pública una paupérrima imagen de desunión y mal manejo de la formula.

¿Y dónde está el batllismo? ¿existe?

En una nota responder a estas preguntas es difícil, podemos aproximarnos a la postura del heredero directo y portador del apellido, el cual generó una ruptura conceptual en los fundamentos principales del batllismo en relación al Estado y al sistema Colegiado de gobierno. En una extensa nota el Dr. Jorge Batlle se define ideológicamente:

"Yo soy batllista. Íntegramente espiritual y genético de la generación del Quebracho. Eso soy, eso soy. Soy un liberal radical libertario", dijo en una entrevista con La República en 1989.

"Tengo la misma concepción deísta en lo religioso, espiritualista y racionalista en los filosófico, del hombre en sociedad, en lo social, del Estado como uno de los instrumentos al servicio de la sociedad, medio y no fin en sí mismo, de la igualdad del hombre y la mujer. Creo en la necesidad de que todo eso se ponga al servicio de la comunidad a partir de la creación de los recursos. (...) Yo no soy un teórico. Soy pragmático, y le digo que no hay ninguna economía dirigida que funcione bien”

 

"¿Qué me había pasado conceptualmente a mí? A mí me había pasado que por un accidente de la vida conocí a una muchacha que era exiliada argentina en el Uruguay, y su padre era industrial, y nunca había hecho política, pero que cuando llegó Perón entendió que había que hacer política contra él y lo metieron preso, lo deportaron. Y cuando volvió a Argentina, pensó que debían llevar allí a grandes pensadores para que les abrieran la cabeza y llevaron a los grandes economistas de la escuela austríaca, Fredrik von Hayek y Ludvig von Mises, y yo era el novio de la nena. Entonces, iba, escuchaba y aprendía de ellos. Por eso yo era como Víto Dumas en aquella época, una especie de 'navegante solitario'. Pensaba como pienso ahora. Y todos decían que yo estaba loco, y ahora están todos locos los demás. El único cuerdo soy yo. Pero yo soy así desde 1956", dijo Batlle en una extensa entrevista con el semanario Voces en 2012.

 

En realidad, la confusión sobre ser o no batllistas, cual es el rol de este, donde se lo ubica es un debate nacional es difícil. Incluso a nivel de politólogos. En relación con eso me permito tomar textualmente el final de una aclaración que le realizara el Cr. Ricardo Lombardo al Politologo Oscar Botinelli que realizara en el diario El Observador: “A tres meses de instalado el gobierno de Gestido en 1967, Jorge Batlle desde su radio Ariel emitió fuertes críticas porque estimó que no se estaban encarando las reformas económicas necesarias, que él pensaba debían orientarse hacia liberalizar los mercados sumamente cerrados por esos tiempos. Eso significó un rompimiento de la 15 con Gestido a tal punto que renunciaron los ministros que ocupaban cargos en su nombre. Y significó una profunda división en el Batllismo que tendría fuertes repercusiones electorales en el futuro.
El gobierno en su primeros meses, había justamente buscado instrumentar medidas desarrollistas y fundamentalmente procuró alcanzar entendimientos sociales, acordando con sindicatos y empresarios en una sociedad que estaba fuertemente convulsionada.
Jorge Batlle reaccionó contra eso y propuso un fuerte cambio de timón hacia políticas más liberales que sacaran a la economía de su encierro.
Esta confusión de Botinelli, extraña en un hombre serio y conocedor como él, sin embargo demuestra las dificultades que tiene mucha gente, incluidos muchos dirigentes políticos, en interpretar lo que es el batllismo.
Creen que su esencia se limita en identificar las políticas económicas que se utilicen en tal o cual momento según las circunstancias determinantes. No entienden que cualesquiera que sean los instrumentos que se empleen, hay una raigambre común a todos los batllistas a lo largo de la historia: el republicanismo radical y el liberalismo progresista.”

El liberal progresista es el liberal que cree en el progreso: progreso económico, social, cultural, científico y tecnológico. O sea, es alguien para quien la sociedad debe organizarse de tal modo que el hijo de un limpiador tenga tantas opciones reales en la vida como el hijo de una gran empresaria. Eso fue, y es, el batllismo. Y los batllistas buscan el escudo de los débiles, hoy por hoy, en otras tiendas.

Ver:

Caetano, G. y otros. Uruguay 1930-2010. Planeta Montevideo 2016. Pp.92 y Ss,

 

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