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domingo, 4 de diciembre de 2016

El Estado batllista impulsor del progreso conciliando la economía y la sociedad.


En mi reciente viaje a Europa conseguí la traducción en español del libro de Francis Fukuyama titulado “Orden y decadencia de la política” Deusto, grupo Planeta Barcelona 2016. En el mismo establece con claridad que un sistema político se basa en el equilibrio entre Estado, derecho y responsabilidad y en las necesidades morales de toda sociedad. Y avanza en la concepción clásica de que todas las sociedades necesitan Estados capaces de generar suficiente poder como para defenderse de problemas externos o internos y sobre todo con la capacidad de imponer el cumplimiento de las leyes acordadas de modo general a través de la Constitución. El objetivo es, sin dudas, regularizar el poder mediante la ley para asegurar de que se aplique a todos los ciudadanos sin ningún tipo de privilegio. El principio de legalidad, además, resulta imprescindible para lograr el desarrollo económico, sin derecho de propiedad claros y sin la imposición del cumplimiento de los contratos es imposible el desarrollo de empresas que inicialmente se sostienen en la confianza. Todo esto, finalmente se consolida en la acción política que es una de  las dimensiones básicas de la libertad que se completa y enriquece la vida de los individuos.  En nuestro país, y luego del ocaso del batllismo, vemos con claridad que hay un fuerte déficit político pero no del Estado delineado por el batllismo histórico, sino de un Estado moderno que sea competente, organizado, autónomo y vinculante con la sociedad. Cuando vemos fracasos políticos en realidad es un fracaso del Estado en llevar a la práctica las propuestas realizadas por el sistema político. Es un tema en círculos, importante pero no del discurso habitual de los votantes, o sea reflexionar sobre el Estado y el  uso eficaz del poder estatal no conmueve las inquietudes populares. El propio Luis Batlle continuador de la política originada durante el primer batllismo de un estado con empresas estratégicas y con claro objetivo redistributivo sostenía: El 26 de junio de 1948, en Salto, Luis Batlle Berres defendía el dirigismo económico y el desarrollo estratégico del Estado. “ La economía dirigida no es sino economía ordenada y en beneficio de la sociedad; no se intenta con ello destruir el principio de la libertad de comerciar para sustituirlo por  el – Estado comerciante-. Sino que es, frente a las circunstancias presentes, necesidad de reglar y dirigir la economía en beneficio de la sociedad. Esto no se ha querido comprender y se prefiere, por algunos, la libertad, sin advertir que la libertad es el desborde de los precios y una marcha rápida hacia el desorden. Si no existiera la Ancap y en nuestro país se vendiera la nafta y el keroseno y el gasoil a los precios que se cotizan en el mercado internacional…nuestro pueblo estaría pagando 18 millones de pesos más de lo que paga en la actualidad… la desaparición de las empresa del Estado podría aparejar la presencia de consorcios internacionales para dirigir nuestra industria que es nuestra y que debemos defender… somos el único país del mundo que tenemos el monopolio de los teléfonos y el monopolio del petróleo por el Estado y esto lo hemos conquistado sin tirar un solo tiro y sin realizar ninguna clase de despojo” Lo cierto es que durante el primer batllismo el incremento poblacional, el avance de los medios de comunicación y la consolidación del mercado interno permitieron el desarrollo de nuevas actividades productivas mayoritariamente urbanas. El batllismo, ya como proyecto a largo plazo, se convirtió en una síntesis política de diversos sectores sociales. La legislación laboral fue determinante para conciliar las diferentes clases sociales, desde el proletariado industrial naciente, el desplazamiento de la mano de obra rural y  además se sumaba el interés del capitalista industrial que necesitaba orden, estabilidad y legalidad. El proyecto reformista incluyó un fuerte dirigismo que durante el neobatllismo logró un gran impulso al nivel de vida. El rol estratégico de las empresas públicas era y es para el batllismo la búsqueda de nivelación destinada a favorecer una distribución más igualitaria de los ingresos: “apresurarse a ser justos es luchar por el orden y asegurar el orden”. No es nuevo y sin ánimo de aburrir podemos analizar algunos puntos de la evolución histórica sobre el rol del Estado como regulador social ya en la visión de Sangustin observamos un cambio radical: el Estado como un medio  y  no  un  fin  en  si  mismo;  para  él  el  hombre  trasciende  al  Estado.  En esta línea de pensamiento  afirmamos  que  el  Estado  existe  para  el  hombre.  Complementado  con  Tomás  de  Aquino,  quien  reconoce  que  el  fin  del  Estado  es  el  bien  común  podemos concluir que en la Edad Media se logra combinar el Estado como medio  pero también con objeto social.. Para Locke el poder debía estar limitado, dividido. Él apreciaba derechos  naturales que anteceden al Estado y que ni en el estado de naturaleza se podían  negar. El  gran  teórico  de  la  división  de  poderes  es  Montesquieu,  que  en  una  clasificación tripartita aportó la idea del poder judicial encargado de resolver las  controversias y también la idea de un bicameralismo en el poder legislativo.  No sería hasta Rousseau que se aclararía que el titular de la soberanía no  puede ser otro que el pueblo, el defendería la soberanía popular  y  resaltaría la  realización de la voluntad general como el fin último del Estado. Para  Hegel  y  su  método  dialéctico  lo  importante  sería  el  Estado  y  el  individuo tendría un papel insignificante, poco de lo que dijo es justificable hoy;  su principal aportación se encuentra en que fue ayudaría a otros a percibir que el  Estado  ha  cambiado  con  el  tiempo.  Marx  apoyado  en  esto  sostendría  que  el  Estado ni siquiera ha existido siempre y que eventualmente deberá desaparecer  pues es sólo producto de la lucha de clases, instrumento de opresión de una clase  por otra. De Lenin podemos destacar su intento por utilizar la  fuerza de grupos  sociales  que  no  estaban  concientizados  políticamente  y  de  cierta  manera  involucrarlos en el Estado. Para Weber  el  Estado  es  una  relación  de  dominación de la burocracia.  El Estado es el gran protagonista del batllismo como agente económico y como regulador. Las políticas sectoriales tuvieron un rol trascendente. Se puso el eje en las políticas sociales y en los derechos de los trabajadores promoviendo el intervencionismo cuyo ejemplo más concreto fue la política de nacionalizaciones y estatizaciones. Para el siglo XXI el desafío del batllismo es ser fiel a sus principios  de que una idea genera otra  y una reforma antecede a otra buscando adelantarse a los requerimientos de la sociedad y del progreso.
Siempre se ha discutido el modelo batllista de desarrollo realizado entre 1911 y 1930 en el cual el debate entre la diversificación productiva, proyectada y con éxitos relativos, o  la construcción de un modelo urbano con servicios y  desarrollo fuerte del sector público.  Se puede afirmar que el modelo batllista apuntaba a tres objetivos: modernizar y diversificar la estructura de producción con énfasis en la industria y la expansión de un modelo agrícola. Se debía, entonces, desarrollar el mercado interno generando un buen entorno de bienestar social y nacionalizar la economía para reducir los riesgos de la dependencia extranjera y sus crisis y euforias cíclicas. La retención de la mayoría de los recursos del país va de la mano de que las compañías extranjeras reduzcan su accionar siendo sustituidas por empresas del Estado. Finalmente redistribuir los ingresos elevando el poder adquisitivo de la población y universalización el acceso de la población a bienes y servicios.
Desde el punto de vista económico el batllismo planteaba:
1) Modernización de la ganadería y expansión de la agricultura de forma combinada.
2) Desarrollo de la industria manufacturera nacional sustituyendo las importaciones.
3) Expansión de servicios en las finanzas, los transportes, comunicaciones, turismo, enseñanza y salud.
4) El incremento de la participación del Estado en los aspectos productivos y comerciales.
5) Reforma fiscal con el objetivo de estabilizar y aumentar la recaudación del Estado con el objetivo  de una mejor redistribución. También desconcentra la propiedad de la tierra. (georgismo)
Siguiendo a Benjamin Nahum el Estado para el primer batllismo tenía estos componentes: “La idea básica era que el Estado representaba a toda la sociedad y por encontrarse por encima de todas las clases sociales debía no solo arbitrar sus disputas, sino también impulsar su progreso mediante un crecimiento sostenido de la economía. Esa finalidad social era lo que daba derecho al Estado para -invadir- el campo de la actividad económica privada, desde que - el interés general- era superior al particular de las empresas”. El propio ministro José Serrato sostenía en 1911 que “ los monopolios constituirán un poderoso recurso fiscal a fin de que las cargas nuevas no contribuyan a hacer más desigual la distribución de la riqueza”

El problema latente será la relación entre el desarrollo político y el fantasma del clientelismo y la corrupción. 
Corresponde ahora hacer referencia a Francis Fukuyama en su obra “Origen y decadencia de la política” (Deusto, 2015, pág. 261) que cita a Ernest Gellner: “ Una sociedad que vive para el crecimiento tiene que pagar necesariamente un determinado precio . El precio del crecimiento es la innovación permanente. La innovación permanente a su vez, presupone una incesante movilidad ocupacional, tanto entre generaciones como en ocasiones, en el curso de una vida(…) el perfil general de una sociedad moderna es ser alfabetizada, con movilidad social, con cultura compartida, homogénea, trasmitida por la alfabetización e inculcada desde la escuela…” Ese fue el Modelo batllista de desarrollo, y debe ser el motor ideológico en el siglo XXI.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

El batllismo y el Estado: Idea y acción.


El Estado para el batllismo debe ejercer un fuerte rol de árbitro en relación el equilibrio de las clases sociales, la conciliación de clases. Para esto la economía debe dirigirse a satisfacer las necesidades sociales. Para el cumplimiento de estos principios desde el plano político se debe desarrollar la plana vigencia de la democracia y la libertad. El objetivo primordial es favorecer el trabajo nacional sin imitar los modelos populistas que confunden el rol del estado con la arbitrariedad del poder. El Estado batllista desde la época del primer batllismo debe anticiparse a los reclamos sociales para buscar las soluciones a los sectores más perjudicados buscando una justa  redistribución de la riqueza y por  lógica evolutiva la justicia social.
El respeto absoluto a la Democracia con el respeto absoluto e irrestricto de sus principios de libertad, libertad de expresión, libertad de opinión, garantías individuales valoración de la propiedad privada. Por lo tanto la democracia y la libertad, para el batllismo, es la base del progreso y la justicia social. Pero la libertad para el batllismo se base en la redistribución de la riqueza a través del Estado para como sostenía el primer batllismo “ que los pobres sean menos pobres y los ricos sean menos ricos”
La libertad se constituye en el elemento básico de la vida colectiva. Democracia y libertad son elementos íntimamente ligados, la libertad sin la democracia no es posible y tampoco al revés. Con estos principios se enfrenta el batllismo a la concepción populista. Sin libertad política, sin libertad de prensa sin leyes que aseguren la evolución de la economía no es posible el progreso.
La actividad privada debe ser apoyada y convertirla en el centro de la experiencia económica al ampara del visión estratégica del Estado. En caso necesario el Estado debe ampliar sus funciones y otorgando a las Empresas Públicas un rol estratégico en el desarrollo nacional. Todos estos principios tienen como objetivo el desarrollo social, acrecentando desarrollano y consolidando los sectores medios de la sociedad con salarios mejor remunerados. La riqueza que desarrolla la industria debe ser redistribuída. El trabajador es el principal actor y debe ser receptor de las lógicas concesiones y ventajas para que participe en forma razonable en los beneficios obtenidos.
El Estado para el batllismo deberá promover el desarrollo industrial y ser el arbitro de las visiones enfrentadas y contradictorias de la sociedad. No debe competir con los emprendimientos privados debe promoverlos pero manteniendo el lógico control de todas las ares de interés nacional. La riqueza no es solo del propietario del capital es también, en buena parte del trabajador porque con su trabajo la crea, por lo tanto se debe compartir. El Estado es el que debe nuclear la distribución justa de la riqueza para asegurar la paz social, porque si el reparto no es equitativa se convierte en arbitraria y pone el peligro el orden y la paz social. Por encima de las clases social el batllismo coloca al hombre sin ningún tipo de distinción ya sea raza, nacionalidad, clases o grupos sociales, creencias. Y desde el principio del batllismo la idea de que el conflicto de clases parte de la injusticia de clases por la tanto la seguridad social es básica para el batllismo. La conciliación de clases supone la paz social y por extensión se reduce al mínimo la posibilidad de la violencia. Es claro que el batllismo no defiende al rico como tal sino al pueblo todo mediante leyes sociales y políticas públicas generales.
Durante el segundo gobierno del Dr. Julio María Sanguinetti, la reforma educativa se desarrolló fundamentalmente en base a un modelo racionalista con el objetivo de ser la principal política publica social del gobierno. El propio Rama sostenía en una nota publicada en Búsqueda antes de asumir su cargo: “Lo que es importante primero que nada es que entre todos tengamos diagnósticos claros de nuestros problemas porque si no (…) se pueden inventar muchas micro experiencias que no se sabe a dónde van porque no hay un diagnóstico general del sistema” En el periodo 1995-2000 el país procesó, además de la reforma educativa otras dirigidas a la visión social del batllismo pero alejándose de la praxis: Reforma del Estado, reforma de la Seguridad Social, la apertura de la economía al mundo, La flexibilización del mercado laboral. Fue un marco de reformas, fieles al principio batllista de “vino nuevo en odres viejos”. En el caso de la reforma educativa se vio el mantenimiento de una fuerte presencia del Estado, ausencia absoluta de privatización con la búsqueda de equidad educativa y apostando a la educación como mecanismo de integración social en un momento que el entramado social comenzaba a fragmentarse. Durante el período del Dr. Sanguinetti, también se buscó reforma la salud, el proyecto del año 1995, buscaba reordenar el Ministerio de Salud Pública tanto desde el punto de vista presupuestal como programático. El objetivo era que el MSP se convirtiera en el organismo rector de las políticas de salud, identificando las prioridades, dictando planes y programas de salud a nivel nacional y controlar y fiscalizar el sistema.

También se desarrolló un programa de fortalecimiento de las políticas sociales que se había iniciado durante la administración Lacalle, este programa buscaba aumentar la eficiencia y equidad en las áreas de Educación, Salud, Justicia, Nutrición y trabajo. Todo orientado a transformar los mecanismos públicos de acceso de los grupos familiares para satisfacer sus necesidades más inmediatas. El batllismo un siglo después de sus primeros enfoque de justicia social seguía en el último gobierno del siglo XX marcando con claridad la importancia de la spolíticas sociales y la justa redistribución de la riqueza.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Batllismo y Liberalismo: aportes para el debate 3.



En el pensamiento de Luis Batlle el Estado debía contribuir activamente al mantenimiento de la paz social. Opuesto a la lucha de clases porque consideraba al hombre por encima de toda clase social el batllismo se sintetiza en su pensamiento en un discurso de 1947: “ Cuando se amasa la riqueza entre el capitalista y el trabajador, lo que se produce es de todos y tiene que repartirse con equidad para que no exista el que lo tiene todo y el que no tiene nada, porque eso no es ni la tranquilidad ni la paz, ni la justicia: eso es la arbitrariedad y con arbitrariedad no podemos asegurar la paz social” Luis Batlle mantuvo el Estado laico, militante en su laicismo, con una gran cuota de tolerancia en su estilo. La evolución de los Estados Unidos a partir de 1945 de la mano de su aparato productivo e industrial hiperdesarrollado inició una gran ofensiva para captar mercados. En nuestro país el Dr. Gervasio de Posadas que sería el futuro presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay en un discurso festejando el día de la industria en 1945 sostenía que se veían críticas a la política industrialista y por las ganancias que se habían generado con el  proteccionismo. Avisa que existen presiones diplomáticas para abatir las tasas arancelarias y ponía un llamado de atención sobre la postura norteamericana en restaurar el comercio multilateral y el libre comercio mundial. No sostenía nada novedoso al sostener que el estrecho mercado interno, la limitada capacidad de producción y la mano de obra semicalificada le impedirían al Uruguay competir en los nuevos escenarios de posguerra. En buen romance alertaba que se vendría inexorablemente la ruina de la industria nacional y con ella los salarios, la desocupación, la perdida de los capitales invertidos. Uno de los caminos propuestos por la Cámara era aumentar los salarios para mantener el flujo circular del mercado interno que era abastecido por la Industria Nacional. Los industriales favorecía el proteccionismo y que se produzca una suerte de  unión sagrada entre los trabajadores, empleadores y el Estado como garante del proceso. Sostenian que la producción agrícola no era suficiente para dar empleo a los habitantes del país. Entre el periodo coincidente con la escalada de la Guerra Fría y el Drama de Corea entre 1949 y 1953 la industria nacional tuvo un crecimiento acelerado poniendo énfasis en la sustitución de importaciones. Queda claro que luego de la Segunda Guerra Mundial los países industriales principales no estuvieron en condiciones de volcar su potencial de producción hacia los países ´periféricos. En los Estados Unidos el problema era la reconversión del aparato industrial y el salvataje del sistema capitalista ayudando al despegue de Europa y Japón. Los demás aliados capitalistas estaban tremendamente debilitados y con serios problemas para un despegue económico dentro del territorio metropolitano y en los Imperios en plena fase de descolonización. En nuestro país la industria se convirtió en el eje económico más importante dejando a un segundo plano a la producción agropecuaria que entra, como una luz amarilla, en fase de estancamiento. El desarrollo se consolidó en: papel, textiles, topos, derivados de petróleo y del carbón, laminados y fundición de metales. Otra luz amarilla se prende en las industrias de la alimentación, de vestimenta y en las mueblerías. Todo desarrollo en el área industrial era dependiente de la tecnología, d ela energía y de lso insumos industriales todos ellos importados. Acá el ahorro que realizó el país durante la Segunda Guerra Mundial permitió tener grandes cantidades de reservas en oro. Acá se desarrolla el dirigismo estatal. El Estado estimuló la producción manufacturera y en especial durante el gobierno de Luis Batlle Berres entre 1947 y 1951. Se favoreció el desarrollo de empresas privadas y el proteccionismo fue tal que en el mercado solo había productos de producción nacional y esto lo controlaba un sofisticado sistema de control del tipo de cambios o Sistema de Cambios Múltiples. La industria creció a una tasa elevada del 8,5% en tanto que el agro, si bien creció también, lo hizo a una tasa del 3,8%. El problema mayor era la contradicción de intentar fortalecer el mercado interno por medio de la expansión salarial por un lado y mantener los beneficios por medio de la limitación de los salarios. A este problema debemos agregarle el estancamiento del agro que en esencia era lo que determina la balanza comercial favorable. La Industria Nacional no podía ni por calidad ni por precio competir en los mercados internacionales y finalmente el Estado creció sin ser acompañado su crecimiento por la estructura económica del país. En 1948 se cre el Instituto Nacional de Colonización que por estatutos debía impulsar la colonización agrícola y ganadera mediante la expropiación de tierras. Se podrían expropiar  las propiedades de gran extensión y que su explotación fuese escasa o abandonada. Este proyecto fue neutralizado por los ganaderos y por las cámaras empresariales. Sin embargo en sus primeros años logró colonizar 150000 hectáreas.
El gobierno batllista para promover el desarrollo industrial adoptó varias medidas: el control del comercio exterior, política de cambios preferenciales a la actividad industrial, manejos de los tributos a la importación de maquinarias industriales o materias primas, prohibición o limitar el ingreso de productos extranjeros y los subsidios a los productos de consumo popular y fijación de precios por venta anticipada. Durante la época del primer batllismo se protegió para dar forma a la capacidad industrial del país en el neobatllismo se quería fortalecer la economía para que lograse competir en los mercados internacionales. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la apertura comercial impulsada desde Bretton Woods comezaron a reducir las reservas que el país acumuló durante el conflicto. El ministro de Hacienda Ledo Arroyo Torres explicaba en una entrevista de prensa: “(…) ante estos hechos el gobierno en nombre de la comunidad, tomó la responsabilidad de dirigir las compras que íbamos a realizar en el exterior”.

El Contador Luis A. Faroppa definió al periodo estudiado en profundidad pero cabe resaltar que en el periodo neobatllista se “ creó una estructura administrativa caracterizada por una gran cantidad de regímenes especiales de exportación e importación. Pretendió darle, también, una gran flexibilidad al sistema, pero ello redundó en una estructura administrativa muy compleja y pesada que, muchas veces trabó enormemente las operaciones del comercio exterior. Fracasó en su intento de equilibrar dinámicamente las estructuras de producción y las de consumo con adecuados incrementos en las exportaciones y reestructuraciones en las importaciones. Lo demuestra el hecho de que, al mismo tiempo que logró resultados favorables en lo relativo a producción y exportación de trigo y de industrialización y exportación de tops, soportó la caída de las exportaciones de carne y la escasa tasa de recuperación en la producción y exportación de lanas. Entre otras razones ello se debió a la inexistencia de programaciones en las actividades del Banco de la República y del Contralor de Exportaciones e Importaciones con todos los demás centros responsables de políticas especiales que debía coordinarse con aquellas instituciones” Como conclusión la visión conservadora sobre el batllismo, sobre todo del liberalismo absoluto, la podemos resumir con la visión del Embajador de Francia sobre Luis Batlle y el batllismo: “ Por la política demagógica que ha hecho durante su presidencia el Sr. Luis Batlle ha colocado a las finanzas públicas en una situación difícil, pero se ha ganado un sólido prestigio entre los obreros…”

domingo, 13 de noviembre de 2016

Liberalismo y Batllismo: aportes para un debate 2




Librecambistas y proteccionistas: el dirigismo estatal.
Desde mediados del siglo XIX se desarrolló un gran debate entre librecambistas y proteccionistas tanto a nivel político como económico en nuestro país. Existían grupos políticos y económicos que respondían a la concepción liberal que vinculaba el desarrollo económico con el desarrollo de las actividades agropecuarias, mercantiles e industriales asociadas al sector primario de la economía. Esta corriente tenía representantes en los sectores intelectuales en lo político y en el periodismo. El desarrollo de la producción artesanal y de las industrias no tradicionales, que solo podrían desarrollarse con la protección del Estado, no era considerado por este grupo. El otro sector de la opinión pensaba diferente en la forma de consolidar el desarrollo del Uruguay: ponían énfasis en el desarrollo del mercado interno y el desarrollo de actividades industriales vinculadas. Para ello era imprescindible el accionar del Estado creando los estímulos indispensables para  el desarrollo de las manufacturas y mediante su accionar distribuir la riqueza.  A partir de 1870 era una  urgencia derivada de la situación económica internacional con una baja en los precios de las materias primas. En 1892 Batlle y Ordóñez expresaba que el proteccionismo “ es uno de  los medios más poderosos que pueden ponerse en práctica para combatir radicalmente el mal económico de la República, el de combatir de una manera eficacísima, por medio de exenciones y recargos en los derechos de aduana a todas las industrias que con posibilidades de éxito puedan implantarse en la República. Se daría así a la población del país el trabajo que le falta para subsistir dignamente y mejorar de posición pecuniaria y se limitaría el consumo de artículos producidos o elaborados en el extranjero, que importan a veces fortísimas erogaciones anuales”.
En 1903 fue sancionada la ley de protección a los vinos nacionales, en 1904 Don Pepe decreta que la “Unión Industrial” sea asesora del gobierno en materia industrial. En 1906 se aprobó las primas al cultivo de remolacha azucarera por un periodo de 5 años, en 1908 se protegía la producción del lino, en 1909 se quitan los derechos d aduna por un periodo de 25 años a todos los insumos necesarios para el desarrollo de la industria de astilleros y 1911 fue aprobada la ley que disponía la ampliación de la Usina Eléctrica Calcagno. La Ley más importante del periodo se realiza el 20 de octubre de 1912 mediante la cual de facultaba al Poder Ejecutivo a conceder franquicias aduaneras a ciertos productos  específicos y variedades de materias primas. El batllismo no fue otra cosa que el continuador de una política fiscal con leyes que se pueden rastrear desde los años de 1875, 1886 y 1888. Sin embargo no se previó en ninguna de ellas el montar una industria nacional sustitutiva de importaciones. La filosofía del batllismo tenía como soporte una serie de principios que proclamaban la necesidad de que el Estado asuma a su cargo los servicios públicos, incluso con riesgo de pérdidas, con el objetivo de que la sociedad fuera satisfecha en sus necesidades. El Estado debía monopoliza los servicios públicos y para don Pepe estos sería parte de un proceso en el cual el Estado suprimiera todos los impuestos excepto los aduaneros y los aplicados a la herencia y los latifundios. En definitiva para el batllismo el Estado es el organismo representativo de la sociedad y que debía intervenir donde el capital privado fuera tímido por miedo a perder su capital. Es clara la ideología del batllismo en el mensaje de creación del Banco de Seguros que en su parte final sostenía: “ Las condiciones de existencia de la sociedad moderna han ampliado el número y el campo de acción de los servicios públicos y de los de utilidad general. El interés colectivo, cada día más variable, al mismo tiempo que más poderoso y dominador, ha impuesto al Estado la intervención directa sobre todos esos servicios, ejercida por medio de régimen del contralor o por el de monopolio. Los términos concurrencia y monopolio han perdido su significado antiguo. Ni la competencia es siempre benéfica ni los monopolios son siempre condenables. El Estado como organización económica que es, asume ahora sin vacilaciones, la producción de determinados servicios, buscando el desarrollo y una repartición más justa de la riqueza nacional”
Para el batllismo la función del Estado no solo es la de promover la riqueza, sino intervenir con el afán de justicia para una mejor distribución de la misma en la comunidad. El propio Don Pepe escribe en El Día en 1923: “ Las actividades del Estado no deben ser fuente de oro sino de abaratamiento, de bienestar. A aquellas actividades que tiendan a combatir causas de desmejoramiento humano como las que se desarrollan con el alcohol y el tabaco se le pueden pedir rendimientos monetarios más no así a los servicios públicos de créditos, previsión, consumo transporte, cuyo mayor rendimiento consiste en la bondad y en la baratura de los servicios que es un bien general. Encarézcase en buena hora el consumo de bebidas alcohólicas  y de tabaco que el encarecimiento significa reducción del consumo, y por tanto, mayo salud, pero procuremos abaratar y facilitar los otros servicios públicos en lugar de cercenar sus actividades restringiendo su acción. Los enemigos del industrialismo del Estado saben bien que esos recursos que pretenden de extraer de los Entes autónomos están destinados a la consolidación y al progreso, al rápido crecimiento de las instituciones que los poseen. La tendencia al desarrollo de las Empresas Industriales del Estado es una característica de la  época actual. Ello obedece fundamentalmente a tres causas. En primer término, una causa fiscal, que radica en la necesidad de hallar nuevos recursos para proveer a los gastos cada vez más crecientes que reclama el progreso de la nación. En segundo lugar una causa social que tiende a poner freno a las ganancias sin tasas del capitalismo cuyos dividendos y beneficios se obtiene a base del dinero del pueblo. Por último, una causa política que consiste en la necesidad ineludible en las organizaciones democráticas al vincular lo más estrechamente posible en todos los aspectos de la actividad social al Estado con la masa de la nación de que es aquél expresión jurídica”

El batllismo tiene aspectos medulares. Espero que el debate tenga en cuenta el punto de partida ideológico para honrar sus aspectos básicos.