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domingo, 18 de febrero de 2024

Después del Muro de Berlín. La reconstrucción del mundo luego de 1989. La reunificación de Alemania.

 

 


 


 


Después del muro de Kristina Spohr es un libro que narra cómo se reconstruyó el mundo tras el fin de la Guerra Fría en 1989, con la caída del Muro de Berlín y la represión de las protestas en la plaza de Tiananmén. Se basa en fuentes inéditas y ofrece una perspectiva global y comparativa de los acontecimientos que transformaron el orden mundial y dieron lugar al mundo actual. Analiza el papel de los líderes internacionales que colaboraron para reinventar las instituciones y configurar el nuevo

equilibrio de poder, así como las consecuencias de sus decisiones para el futuro de la democracia, los derechos humanos y el medio ambiente

El libro utiliza fuentes inéditas procedentes de numerosos países, como archivos personales, memorias, diarios, cartas, entrevistas y documentos oficiales. Los archivos personales de George H. W. Bush, Mijaíl Gorbachov, Margaret Thatcher, Helmut Kohl, François Mitterrand y Deng Xiaoping. Además:

  • Las memorias de Brent Snowcroft, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, y de Hans-Dietrich Genscher, ministro de Asuntos Exteriores de Alemania.
  • Los diarios de John Major, primer ministro británico, y de Anatoli Cherniayev, asesor de Gorbachov.
  • Las cartas entre Bush y Gorbachov, y entre Kohl y Thatcher.
  • Las entrevistas con testigos directos de los acontecimientos, como James Baker, secretario de Estado de Estados Unidos, y Eduard Shevardnadze, ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética.
  • Los documentos oficiales desclasificados de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Rusia y China.

Estas fuentes permiten a la autora reconstruir con detalle y profundidad las negociaciones, las conversaciones y las decisiones que marcaron el final de la Guerra Fría y el inicio de una nueva era.

La tesis principal del libro Después del muro de Kristina Spohr es que el final de la Guerra Fría no fue solo el resultado de la caída del Muro de Berlín y la represión de Tiananmén, sino también de un proceso de reconstrucción del orden mundial liderado por un grupo de líderes internacionales que cooperaron para crear un nuevo equilibrio de poder y unas nuevas instituciones globales. La autora sostiene que este proceso fue pacífico, creativo y visionario, pero también tuvo consecuencias imprevistas y problemáticas para el futuro de la democracia, los derechos humanos y el medio ambiente. El libro pretende ofrecer una visión global y comparativa de los acontecimientos que transformaron el mundo entre 1989 y 1992, y que siguen influyendo en el presente.

La tesis del libro, también, se relaciona con el mundo actual de varias maneras. Por un lado, el libro muestra cómo las decisiones tomadas por los líderes internacionales entre 1989 y 1992 tuvieron un impacto duradero en la configuración del orden mundial, las instituciones globales, las relaciones entre las potencias y los conflictos regionales. Por otro lado, el libro también revela las consecuencias no deseadas o problemáticas de esas decisiones, como el surgimiento de nuevos desafíos para la democracia, los derechos humanos y el medio ambiente, así como la persistencia de tensiones y rivalidades entre las antiguas y las nuevas potencias.

El proceso de reunificación de Alemania fue un acontecimiento histórico que se inició con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y culminó con la adhesión de la República Democrática Alemana (RDA) a la República Federal de Alemania (RFA) el 3 de octubre de 1990. Este proceso implicó complejas negociaciones internacionales, en las que tuvieron un papel clave los líderes políticos de la época, especialmente el canciller alemán Helmut Kohl, el presidente soviético Mijaíl Gorbachov y los presidentes de Estados Unidos George H. W. Bush y Ronald Reagan.  Helmut Kohl fue el principal impulsor de la reunificación alemana, aprovechando la oportunidad histórica que se abrió con el colapso del régimen comunista de la RDA y el fin de la Guerra Fría. Kohl presentó un plan de diez puntos para facilitar la transición política y económica del Este al Oeste, y logró el apoyo de la población alemana mediante un referéndum. Kohl también se esforzó por convencer a los aliados occidentales y a la Unión Soviética de que la reunificación alemana no suponía una amenaza para la paz y la estabilidad de Europa, sino una oportunidad para fortalecer la integración europea y la cooperación internacional.

Mijaíl Gorbachov fue el líder que permitió la reunificación alemana, al renunciar a intervenir militarmente en la crisis de la RDA y aceptar la soberanía y la autodeterminación del pueblo alemán. Gorbachov también accedió a la retirada de las tropas soviéticas de Alemania y a la incorporación de la Alemania reunificada a la OTAN, a cambio de garantías de seguridad y ayuda económica por parte de Occidente.

Los presidentes de Estados Unidos George H. W. Bush y Ronald Reagan fueron los principales aliados de Kohl en el proceso de reunificación alemana, al brindarle su respaldo político y diplomático. Reagan fue el que pronunció la famosa frase “Señor Gorbachov, derribe este muro” en 1987, anticipando el deseo de libertad de los alemanes del Este. Bush fue el que negoció directamente con Gorbachov los términos de la reunificación alemana, asegurando que Alemania permaneciera en la OTAN y que la Unión Soviética recibiera compensaciones económicas y garantías de seguridad. Bush y Gorbachov también acordaron reducir sus arsenales nucleares y cooperar en la resolución de otros conflictos regionales.

Los demás países europeos tuvieron reacciones diversas ante el proceso de reunificación alemana, que en algunos casos despertó recelos y temores por el resurgimiento de un poderoso vecino. Francia, bajo el liderazgo de François Mitterrand, apoyó la reunificación alemana, pero a condición de que Alemania se comprometiera con el proyecto europeo y la moneda única. Reino Unido, con Margaret Thatcher al frente, se mostró más escéptico y receloso, y trató de frenar o retrasar el proceso, temiendo que Alemania se convirtiera en la potencia hegemónica de Europa.

Alemania enfrentó varios desafíos durante el proceso de reunificación, tanto a nivel político, económico, social y cultural. Algunos de estos desafíos fueron los siguientes:

  • Políticos: Alemania tuvo que negociar con las cuatro potencias ocupantes (EEUU, URSS, Francia y Reino Unido) y con los países vecinos (especialmente Polonia) las condiciones de la reunificación, que implicaban el reconocimiento de las fronteras, la retirada de las tropas extranjeras, la pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea, y el desarme nuclear.
  • Económicos: Alemania tuvo que afrontar el costo de la integración de la economía planificada de la RDA a la economía de mercado de la RFA, que supuso la introducción de la moneda única, la privatización de las empresas estatales, la modernización de las infraestructuras, la reestructuración del sistema fiscal y social, y el aumento del desempleo, la deuda y la inflación.
  • Sociales: Alemania tuvo que enfrentar las diferencias sociales entre el Este y el Oeste, que se manifestaron en la brecha salarial, la movilidad laboral, la calidad de vida, la educación, la salud, la seguridad y la participación política. También hubo problemas de integración, discriminación, xenofobia y violencia contra los inmigrantes y las minorías.
  • Culturales: Alemania tuvo que superar las diferencias culturales entre el Este y el Oeste, que se reflejaron en la identidad, los valores, las actitudes, las creencias, las tradiciones, el idioma, el arte y la literatura. También hubo dificultades para preservar la memoria histórica, la reconciliación y el perdón entre las víctimas y los responsables de las violaciones de los derechos humanos cometidas por el régimen de la RDA.

 

Margaret Thatcher no estaba de acuerdo con la reunificación de Alemania. Al contrario, Thatcher y François Mitterrand juntaron esfuerzos para impedir, y luego al menos ralentizar y condicionar, el proceso abierto con la caída del Muro de Berlín. Ambos acudieron a Moscú para intentar parar el curso de la historia, Thatcher asegurando que la OTAN no quería una Alemania unida, y Mitterrand ofreciendo una «integración militar» franco-soviética. Thatcher le dijo al líder soviético Mijaíl Gorbachov: «A Gran Bretaña y a Europa Occidental no les interesa la unificación de Alemania. Lo que dice el comunicado de la OTAN puede parecer distinto, pero no lo tenga en cuenta». Su actitud fue criticada por algunos historiadores como un ejemplo de deslealtad a un histórico y fiel aliado en la OTAN.

Thatcher se oponía a la reunificación de Alemania por varias razones, entre las que se pueden mencionar las siguientes:

  • Thatcher temía que una Alemania unida se convirtiera en la locomotora de Europa y amenazara la paz y la estabilidad del continente, recordando los traumas de las dos guerras mundiales.
  • Thatcher desconfiaba de la capacidad de Alemania de asumir su responsabilidad histórica y moral por los crímenes del nazismo, y de respetar los derechos humanos y las libertades democráticas.
  • Thatcher se sentía más cercana a Estados Unidos que a Europa, y prefería mantener una alianza transatlántica fuerte frente a una integración europea profunda, en la que Alemania tendría un papel preponderante.
  • Thatcher defendía el liberalismo económico y el libre mercado, y se oponía al modelo socialdemócrata y al Estado de bienestar que predominaban en Alemania y en otros países europeos.

La posición de Thatcher afectó al proceso de reunificación de Alemania de forma negativa, ya que generó tensiones y desconfianza entre los aliados occidentales y dificultó el consenso y la cooperación necesarios para garantizar una transición pacífica y ordenada. Thatcher trató de impedir, retrasar o condicionar la reunificación alemana, apelando a los temores históricos y a los intereses nacionales, y buscando el apoyo de Gorbachov para frenar el proceso. Su actitud fue vista como una deslealtad y una injerencia por parte de Alemania y de Estados Unidos, que lideraron el proceso de reunificación con una visión más pragmática y constructiva. Thatcher se quedó aislada y marginada en el escenario internacional, y perdió influencia y prestigio como líder política. Su oposición a la reunificación alemana fue uno de los factores que contribuyeron a su caída como primera ministra en 1990.

Las diferencias entre los líderes políticos en el proceso de reunificación de Alemania se resolvieron mediante negociaciones diplomáticas, acuerdos bilaterales y multilaterales, y concesiones mutuas:

  • El 28 de noviembre de 1989, el canciller alemán Helmut Kohl presentó un plan de diez puntos para la reunificación alemana, que incluía la celebración de elecciones libres en la RDA, la creación de una unión monetaria y económica, y la adhesión de la RDA a la OTAN y a la Comunidad Económica Europea.
  • El 12 de septiembre de 1990, se firmó el Tratado Dos más Cuatro entre las dos Alemanias y las cuatro potencias ocupantes (EEUU, URSS, Francia y Reino Unido), que establecía las condiciones de la reunificación, como el reconocimiento de las fronteras actuales, la retirada de las tropas extranjeras, la renuncia a las armas nucleares y la pertenencia a la OTAN.
  • El 14 de octubre de 1990, se firmó el Tratado de Unión entre la RFA y la RDA, que regulaba los aspectos internos de la reunificación, como la integración política, económica, social y jurídica, la adopción de la moneda única, la reforma del sistema fiscal y social, y la protección de los derechos humanos y las libertades democráticas.
  • El 3 de octubre de 1990, se hizo efectiva la reunificación de Alemania, con la adhesión de los cinco estados federados de la RDA a la RFA, y la celebración de una ceremonia oficial en Berlín, con la presencia de los líderes políticos de ambos países y de las potencias aliadas.

La Unión Soviética jugó un papel decisivo en el proceso de reunificación de Alemania, al aceptar la soberanía y la autodeterminación del pueblo alemán, la retirada de las tropas soviéticas de Alemania, la incorporación de la Alemania reunificada a la OTAN y la reducción de los arsenales nucleares. Estas concesiones fueron posibles gracias a la política de reformas y apertura impulsada por el presidente soviético Mijaíl Gorbachov, que buscaba mejorar las relaciones con Occidente y superar la crisis económica y social de la URSS. Sin embargo, la Unión Soviética también tuvo que enfrentarse a las presiones internas y externas de algunos sectores que se oponían a la reunificación alemana, temiendo que esta supusiera una pérdida de influencia y seguridad para la URSS. Por eso, la Unión Soviética exigió algunas garantías y compensaciones por parte de Alemania y de las demás potencias aliadas, como el reconocimiento de las fronteras actuales, la ayuda económica y la cooperación en otros conflictos regionales.

La reunificación alemana afectó a Europa y al mundo de varias formas: La reunificación alemana fortaleció la integración europea, al impulsar la creación de la Unión Europea y la moneda única, el euro. También favoreció la ampliación de la UE hacia el este, al incorporar a los países que habían formado parte del bloque comunista. La reunificación alemana contribuyó a la paz y la seguridad en Europa, al eliminar la división entre el Este y el Oeste, y al fomentar la cooperación entre las antiguas potencias rivales. También ayudó a resolver algunos conflictos regionales, como el de Irlanda del Norte o el de los Balcanes. La reunificación alemana generó desequilibrios y tensiones en Europa, al aumentar el poder y la influencia de Alemania, que se convirtió en la principal economía y líder político del continente. La reunificación alemana aceleró el fin de la Unión Soviética, al debilitar el régimen comunista y al estimular los movimientos nacionalistas y democráticos en las repúblicas soviéticas. Esto supuso el fin de la Guerra Fría y el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales. La reunificación alemana planteó nuevos desafíos y problemas para el mundo, como el resurgimiento del nacionalismo, el extremismo y el terrorismo, la proliferación de las armas de destrucción masiva, la crisis ambiental y el cambio climático, y la globalización económica y cultural. El costo económico de la reunificación para Alemania fue muy elevado, ya que implicó la integración de la economía planificada de la RDA a la economía de mercado de la RFA, con enormes inversiones en infraestructuras, privatizaciones, subsidios, pensiones y transferencias fiscales. Según algunos expertos, el costo total de la reunificación ha sido de unos 2 billones de euros desde 1990 hasta la actualidad. Un 65% del dinero transferido se destinó al ámbito social, especialmente a la seguridad social y las pensiones de los antiguos ciudadanos de la RDA. La reunificación también tuvo un impacto negativo en el crecimiento económico, el empleo, la deuda y la inflación de Alemania, que se agravó con la crisis financiera global de 2008. Sin embargo, la reunificación también ha tenido beneficios económicos a largo plazo, como el aumento de la productividad, la competitividad, el comercio exterior y la innovación de Alemania, que se ha consolidado como la principal economía y líder político de Europa.

Ver:

Lagrotta, M. Apuntes de clase.

Spohr, K. Después del muro. La reconstrucción del mundo tras 1989, Taurus 2019. Pp.19.220.

 


 

 

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