Miguel Lagrotta



“Por fortuna, cada vez más es Sancho quién toma las riendas del gobierno humano. E lreino del gran hidalgo ha terminado. Parece ya indudable que conviene a la especie humana proceder con un criterio más práctico y por medios experimentales, al ensanche paciente de sus conocimientos, de su recursos de acción” Pedro Figari, en Arte, Estética, Ideal [1]

La fama de pintor de Figari dejó de lado su multifacética capacidad en el campo de la filosofía y de la política. En 1912 publicó el libro “Arte, Estética, Ideal” y pasó casi sin atención por los círculos intelectuales del país. Era conocido como penalista y político Colorado, el propio Domingo Arena lo recuerda en  la redacción del diario El Día “Después llegó Figari, el glorioso pintor, de un tesón extraordinario; se convirtió en gran compañero nuestro. En forma comunicativa nos embarcó a todos en la defensa del caso Almeida”[2] (Lagrotta, Miguel, Domingo Arena realidades y Utopías, Arca, Montevideo 2010).

En la obra, que tiene éxito en Paris y que alcanzará su segunda edición en 1926 nos presenta con claridad un pensamiento panteísta y vitalista que lo convierte en el primer metafísico uruguayo (Claps, 1968). Defiende un materialismo estructuralista, donde aparecen claramente elementos y niveles de lo real. La teoría del conocimiento, la estética, la filosofía de la religión, la cultura y la antropología so los conceptos desarrollados en profundidad en su obra. Fue una época muy rica en planteos, José Enrique Rodó proyectó un modelo para América Latina, Vaz Ferreira un modo de pensar y Figari aplicó sus ideas a la práctica educativa. El concepto de individuo como realidad individualizada y la estructura como forma de explicarlas formas, esta concepción lo llevó a una visión democrática cada vez más profunda. Lo trascendente de su pensamiento pedagógico está representado en el proyecto que presentó al Consejo de la Escuela de Artes y Oficios en 1910: “Reorganización de la Escuela de Artes y Oficios. Proyecto de programa y reglamento superior para la transformación de la Escuela Nacional de Artes y Oficios en Escuela Pública d Arte Industrial, presentado al Consejo en la sesión del 23 de Julio de 1919 por el Doctor Pedro Figari” El propio Figari escribe en Cultura y Practica Industrial: “Es indispensable llenar la necesidad primordial de producir riqueza, que es angular e la sociedad. ¿Qué puede hacer el teórico, que no sea enrolarse en las filas del burócrata, o en la de intermediarios que viven sirviendo de algún modo, es verdad, pero siempre a expensas del productor (…)” Siguiendo el pensamiento del Dr. Sanguinetti en la obra citada. El comienzo del proceso reformista de la Escuela de Artes y Oficios, trabajos opero alentado por el Presidente Viera, muestran que las ideas del Dr. Figari nunca alcanzaron niveles de aceptación total, y tuvo discrepancias con José Batlle y Ordóñez, que establecía diferencias entre la educación liceal y la industrial o como sostenía la Prensa de la época: “El que económicamente puede al Liceo; y el que no, a la Escuela Industrial…[3]En definitiva Figari tuvo una trayectoria polifacética, de auténtica humanidad y de un desarrollo intelectual admirado por sus contemporáneos.

Algunos datos biográficos. Tomados del prólogo de Clásicos Uruguayos y escrito por Ardao:

Nació en Montevideo el 29 de junio de 1861, de padres italianos, realizando en esta ciudad todos sus estudios, que lo llevan a recibirse de abogado en 1886, siendo designado Defensor de Pobres en lo Civil y en lo Criminal. Año trascendente este de 1886, pues a los hechos antes señalados debemos agregar su casamiento con Maria de Castro Caravia y el comienzo de un prolongado viaje a Europa.  De este, recién regresa en1893, fundando el mismo año el diario “El Deber”, en Montevideo, del cual es codirector. A la vez, ejerce su profesión de abogado y tres años más tarde es electo diputado y reelecto por otro periodo de tres años; ingresa al Consejo de Estado en 18 98 y en 1903 figura como Promotor y Secretario de un Congreso de Notables para tratar la Reforma Constitucional. Electo Presidente del Ateneo de Montevideo en 1901, tiene en ese Instituto del libre pensamiento diversas responsabilidades, hasta que en 1913 viaja a Francia. En 1915 es designado Director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios y encargado de llevar a buen término la reforma por él propuesta en 1910.

En su plan general de organización de la Enseñanza Industrial Figari escribe: “Parte Primera.

Mediante una educación apropiada, este pueblo puede producir como cualquier otro de la tierra. Debemos tener gran confianza en las aptitudes de nuestra raza para trabajar(…) Ante todo hay que enseñar a trabajar. Todos los alumnos de todas las escuelas deben aprender a trabajar, trabajar prácticamente. Hay que acostumbrar a la mentalidad, desde la infancia, a asociar el ingenio a la acción y fundamentalmente al fin productor. (…) es cierto que en las escuelas, liceo y universidades se enseña matemáticas, física, química, botánica y otras ciencias naturales(…) pero es un espejismo del conocimiento que solo habilitan para perorar(…) se forma una clase proletaria infeliz y estéril a pesar de su brillo: el proletariado intelectual que pesa como una calamidad en ciertos países” [4] La cultura de la responsabilidad, la vinculación de nuestros alumnos al mundo y responsabilidad del trabajo, tan necesaria hoy, fue analizada por Figari más de 100 años.

Ver: Figari,Pedro. Educación y Arte. Serie edición homenaje, Volumen 12, CETP, 2010 Lagrotta,Miguel J. Domingo Arena, realidades y Utopías, Arca, 2010 Sanguinetti,Julio M. El Doctor Figari. Aguilar, Montevideo. 2002. [1]Sanguinetti, Julio  María. El Doctor Figari. Aguilar, Montevideo,2002. Página 155. [2]Es un largo proceso que tiene al Dr. Figari como abogado defensor del Alférez Almeida Acusado de matar a Tomás Butler tesorero de un Club del Partido Nacional. El proceso se inicia el 14 de octubre de 1895, el 12 de juniode 1899 se publica en El Día una crónica con retrato del Dr. Pedro Figari yEnrique Almeida. El proceso toma forma de folletín y recién va a culminar con el reconocimiento de la inocencia de Almeida, probada por Figari en 1899, en1925. [3]Sanguinetti, Obra citada, Página 138. [4] Figari, Pedro. Educación y Arte. Serie edición Homenaje página 113. CETP 2010.