Profundizaciones en la economía clásica
El desarrollo de la economía clásica no solo implicó una ruptura con el mercantilismo, sino también una profundización analítica en los mecanismos internos del capitalismo emergente. Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill aportaron conceptos clave que aún hoy estructuran el debate económico: la competencia, el valor, la renta, los salarios y el rol del Estado. A continuación se presentan tres profundizaciones conceptuales pensadas para el estudio avanzado de estos autores.
I. Adam Smith: mercado, trabajo y orden social
La obra de Adam Smith constituye el punto de partida de la economía política moderna. Su defensa de la libre competencia no se basa en una confianza ciega en el egoísmo individual, sino en la idea de que la competencia limita abusos, reduce precios y mejora la asignación de recursos. Para Smith, los monopolios —frecuentemente protegidos por el Estado mercantilista— distorsionan el mercado y perjudican al consumidor (Smith, 1776/2007).
La división del trabajo es el motor central del aumento de la productividad. Smith ilustra este principio con el célebre ejemplo de la fábrica de alfileres, donde la especialización multiplica la producción. Esta división, sin embargo, tiene consecuencias sociales: genera eficiencia, pero también puede embrutecer al trabajador si no es compensada con educación, lo que abre un espacio de intervención estatal.
Smith identifica tres grandes clases sociales según su fuente de ingreso: trabajadores (salarios), capitalistas (beneficios) y terratenientes (renta). Esta clasificación inaugura el análisis estructural de la sociedad capitalista.
En cuanto a la teoría del valor, Smith distingue entre valor de uso y valor de cambio. El trabajo aparece como medida real del valor, aunque en sociedades desarrolladas el precio incluye salarios, beneficios y renta. De allí surge la diferencia entre precio natural —determinado por los costos de producción— y precio de mercado, influido por la oferta y la demanda. Cuando la oferta supera la demanda, los precios caen; cuando la demanda excede la oferta, los precios aumentan, tendiendo en el largo plazo hacia el precio natural.
Finalmente, Smith diferencia entre trabajo productivo, que genera bienes vendibles y acumulación de capital, y trabajo improductivo, como ciertos servicios personales. Esta distinción refleja su preocupación por el crecimiento económico y la acumulación de riqueza social.
II. David Ricardo: renta, productividad y salarios
David Ricardo profundiza y sistematiza la economía clásica con un enfoque abstracto y deductivo. Su teoría de la renta de la tierra explica que la renta no es resultado del esfuerzo productivo, sino de la escasez y de las diferencias de fertilidad entre tierras. A medida que la población crece y se incorporan tierras menos productivas, aumenta la renta de las mejores tierras, beneficiando a los terratenientes (Ricardo, 1817/2004).
Este proceso tiene consecuencias directas sobre la productividad y el crecimiento económico. Para Ricardo, el aumento de la renta tiende a reducir los beneficios del capital, desincentivando la inversión y llevando a la economía hacia un estado estacionario.
En el análisis de los salarios, Ricardo retoma la idea de un salario natural vinculado a la subsistencia del trabajador. Aunque la llamada “ley de bronce de los salarios” fue formulada posteriormente por Lassalle, su fundamento se encuentra en Ricardo: cualquier aumento salarial por encima del nivel de subsistencia tiende a generar crecimiento poblacional, lo que presiona nuevamente los salarios a la baja. Este enfoque refuerza la visión pesimista sobre la distribución del ingreso en el capitalismo temprano.
III. John Stuart Mill: economía política y rol del Estado
John Stuart Mill representa una inflexión dentro de la economía clásica. Si bien acepta muchos de los postulados de Smith y Ricardo, introduce una reflexión ética y social más profunda. Para Mill, la economía política estudia las leyes de la producción y la distribución de la riqueza, pero estas últimas no son naturales ni inmutables.
Su distinción entre leyes de la producción —regidas por la técnica y la naturaleza— y leyes de la distribución —determinadas por instituciones sociales— habilita un rol activo del Estado. Mill defiende impuestos progresivos, regulación laboral, educación pública y el fomento de cooperativas, sin abandonar el principio de libertad individual (Mill, 1848/2006).
De este modo, Mill actúa como puente entre el liberalismo clásico y las corrientes reformistas posteriores, anticipando el Estado social del siglo XX y debates que tendrán fuerte impacto en América Latina y el Uruguay.
Bibliografía
Smith, A. (2007). La riqueza de las naciones. Madrid: Alianza.
Ricardo, D. (2004). Principios de economía política y tributación. Buenos Aires: Claridad.
Mill, J. S. (2006). Principios de economía política. México: FCE.

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