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martes, 27 de enero de 2026

Intentos de consolidación nacional 1852-1860

Intentos de consolidación nacional 1852-1860.



En noviembre de 1851 se realizaron las elecciones de representantes. Había un gran sentimiento nacionalista que se explica fácilmente por las grandes influencias extranjeras en los últimos años. Del mismo modo se produce un acercamiento entre los grandes partidos representados por grandes intelectuales y excluyendo a los caudillos. Hubo una lista de fusión que se formó de la mano de Manuel herrera y Obes, ministro de Gobierno de la Defensa, el general Garzón que había servido con Urquiza y Eduardo Acevedo, ex director de “El Defensor de la Independencia Americana” y miembro del grupo principista del Cerrito. El 15 de febrero de 1852 quedó instalada la Asamblea General. El Partido Colorado quedaba en minoría en esa

asamblea. Se va a elegir a Juan Francisco Giró. Quizás no fuera el hombre capaz de hacer frente al grave momento que atravesaba el país, pero tenía intenciones honestas. Los momentos eran difíciles. En lo económico la situación había sido totalmente anormal, falta de comunicación interna, especulación y agiotismo. La política de Giró se empeñó en una política de pacificación. Queda demostrado en la integración de los ministerios. César Díaz, colorado, fue ministro de Guerra, Florentino Castellanos, sin color político, ministro de gobierno, Venancio Flores, colorado jefe de Policía de Montevideo y además se mantuvieron a los jefes colorados en sus puestos. El problema candente era la ratificación de los Tratados de 1851. Se derivó el trámite a la ratificación legislativa. A principios de marzo de 1852, el ministro brasileño Carneiro Leao, envió una nota exigiendo el nombramiento de un comisario para delinear la frontera, juntamente con un comisario brasileño. La cancillería brasileña buscó el apoyo de Urquiza, quién manifestó una actitud vacilante. La cancillería de la Provincia de Buenos Aires se mostró dispuesta a apoyar los intereses de la República Oriental. En noviembre de 1852 se había constituido la “Sociedad de amigos del País” Pareció en sus comienzos – y así lo creyeron algunos de sus simpatizantes- una asociación nacional sin banderías políticas. La propuesta política expuesta en 1852 sostenía:

“En lo presente y para lo futuro, queremos a todo trance: el imperio de la ley; la realidad de la Constitución; el mantenimiento de la paz; la consolidación del orden; la obediencia a la autoridad; el sostén del gobierno constitucional de la República; la sucesión constitucional de los presidentes, la moralidad del gobierno, la pureza de la administración, el progreso de la República por todos los medios que conduzcan a mayor civilización y prosperidad”

El ambiente político se había complicado en 1853. Se temía una revolución el 18 de julio, se habían producido varias crisis ministeriales. Manuel Herrera y Obes acudió ante el ministro brasileño, Silva Paranhos, solicitando su mediación con el objetivo de que el presidente Giró integrase su gabinete con dos ministros colorados. Se reúne con los lideres colorados el 17 de julio no consiguiendo la aceptación de ninguno de ellos para integrar el gabinete. Se le pregunta a Melchor Pacheco y Obes, si eran exactos los rumores de revolución que se escuchaban. El general Pacheco aseguró que al día siguiente no tendría lugar ningún movimiento; pero ante su advertencia de que la Guardia Nacional iba a formar municionada el 18 de julio, se acordó en la reunión pedir la al presidente que impidiese la formación. Hubo un pequeño incidente entre la Guardia Nacional y el Segundo Batallón de línea formados en la calle Sarandí. Estaba al mando el coronel León Palleja, enseguida se recuperó el orden. Quedó demostrado que los partidos, más allá de la fusión, estaban vivos.

El 1 de marzo de 1856 Gabriel Antonio Pereira fue electo presidente de la República. Su triunfo fue el de la liga caudillista. En efecto la ascensión de Pereira fue fruto de la gestión de Manuel Oribe y Venancio Flores, firmantes del Pacto de la Unión. El programa de Pereira fue redactado por Magariños Cervantes una de sus frases fue la célebre: “Mande quién mande, la mitad del pueblo oriental no puede ni debe conservar en eterna tutela a la otra mitad” Uno de sus ministros el Dr. Joaquín Requena tuvo una destacada gestión: la ley de 15 de marzo de 1856, sobre recursos de apelación, segunda apelación, revisión y nulidad o injusticia notoria. Se prefiguró el Código de Procedimiento Civil con un conjunto de normas en 84 artículos en que se llenaban los grandes vacíos de legislación procesal heredadas del modelo hispano. En abril de 1856 los generales Oribe y Flores hicieron declaraciones públicas reivindicando el pacto de la Unión y el mecanismo que llevó a Pereira a la presidencia. La política de Pereira obligó a Flores a dejar el país, en tanto que a Oribe lo responsabilizó por los desórdenes que pudieran realizar sus partidarios.

En 1857 tuvo lugar la revolución de los conservadores que culmina con el episodio de Quinteros. El 1 de noviembre de 1857 debía realizarse una reunión en el Teatro San Felipe; el Presidente Pereira resolvió prohibir no solo esa reunión sino “ Toda otra en que se levantase la bandera de cualquiera de los antiguos partidos”

Fusilamiento en la Sierra de Quinteros, 28 de enero de 1858

El 28 de enero de 1858, en Quinteros, tuvo lugar un evento conocido históricamente como la Hecatombe o Fusilamiento de Quinteros. Este hecho ocurrió durante el segundo gobierno del presidente Gabriel Antonio Pereira (1856-1860), en un contexto de alta inestabilidad política y enfrentamientos entre los partidos tradicionales (Blanco y Colorado).

Contexto y Antecedentes:

En 1857, un grupo de militares y políticos colorados, descontentos con el gobierno de Pereira (quien, aunque colorado, ejercía un poder moderado y buscaba cierta conciliación con sectores del Partido Blanco), planificó una rebelión. Esta conspiración, conocida como la "Conspiración de la Candelaria", fue descubierta. Los implicados, entre los que se encontraban destacados jefes militares, fueron arrestados y luego desterrados a Argentina.

Desde allí, al mando del general César Díaz, organizaron una expedición militar para derrocar a Pereira. Cruzaron el Río Uruguay y se internaron en territorio nacional. Sin embargo, el movimiento no logró el apoyo masivo esperado y fueron rápidamente confrontados por las fuerzas leales al gobierno, comandadas por el general Anacleto Medina.

Desarrollo de los Hechos:

La expedición de César Díaz fue derrotada en el combate de Arazatí (27 de enero de 1858). Los rebeldes, reducidos y agotados, se rindieron tras recibir garantías de que sus vidas serían respetadas. Fueron desarmados y llevados como prisioneros a la Sierra de Quinteros.

A pesar de las promesas de clemencia, se dio la orden de ejecutar a los líderes de la rebelión. Esta decisión fue tomada por el gobierno de Pereira, influido por sectores duros que consideraban necesario un castigo ejemplar para disuadir futuras insurrecciones. El general Medina, como comandante en el terreno, recibió y ejecutó la orden.

Fusilados:

En la madrugada del 28 de enero de 1858, fueron fusilados en Quinteros los principales jefes de la rebelión. Entre ellos se encontraban:

  • General César Díaz (jefe de la expedición).
  • General Manuel Freire.
  • Coronel Francisco Tajes.
  • Coronel Eugenio Abellá.
  • Coronel Isidro Caballero.
  • Otros oficiales y civiles, con un número total de víctimas que, según la mayoría de las fuentes, ascendió a diecisiete personas. Algunas listas incluyen nombres como los del coronel Leandro Gómez (aunque este dato a veces se confunde con el héroe de la Defensa de Paysandú en 1864-65), capitán Juan B. Gutiérrez, tenientes Pedro Chico, Esteban Ravelo, Juan Gorgoño, y los civiles Pedro Ruiz Moreno y Andrés R. de León.

Consecuencias y Juicio Histórico:

El fusilamiento masivo de prisioneros que se habían rendido bajo promesa de respeto a sus vidas generó una profunda conmoción y fue ampliamente condenado, incluso por miembros del Partido Colorado. Se lo consideró un acto de severidad extrema y una mancha en la historia política del país, que en ese período buscaba estabilizarse después de décadas de guerras civiles.

  • Para el gobierno de Pereira: El acto, aunque pretendió ser una demostración de fuerza, dañó su autoridad moral y no logró pacificar el país. La inestabilidad continuó.
  • En la memoria histórica: Quedó registrado como un episodio trágico de venganza política y violación de las leyes de la guerra, donde se primó la razón de Estado sobre el derecho a la vida y el debido proceso. El término "hecatombe" (sacrificio o matanza de muchas personas) utilizado para denominarlo refleja la percepción de su magnitud y crueldad.
  • Legado: El fusilamiento de Quinteros es recordado como uno de los actos de violencia política más severos del Uruguay del siglo XIX, y sirvió de argumento para posteriores ciclos de represalias entre los bandos políticos, dificultando la reconciliación nacional.

Ver:
Pivel Devoto, J.E y otro. Historia de la Republica Oriental del Uruguay. Ed. Medina, Montevideo. 1966.

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