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martes, 27 de enero de 2026

La economía clásica. Unidad 1 . Continuación.

La economía clásica: del mercantilismo al análisis del mercado y la distribución







La economía clásica surge en Europa entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX como respuesta intelectual a las limitaciones del mercantilismo y a las profundas transformaciones económicas asociadas a la Revolución Industrial. Mientras el mercantilismo concebía la riqueza como acumulación de metales preciosos y defendía la intervención activa del Estado, los economistas clásicos desplazaron el eje del análisis hacia el trabajo, la producción, el mercado y la distribución social del ingreso.

Este giro no fue meramente técnico, sino profundamente político e ideológico: implicó una nueva concepción de la sociedad, del Estado y de las relaciones económicas, cuyos efectos se extenderían a América Latina y al Uruguay en particular.

Adam Smith: trabajo, valor y orden social


Adam Smith (1723–1790) es reconocido como el fundador de la economía política moderna. Su obra principal, La riqueza de las naciones (1776), constituye una crítica directa al mercantilismo y una defensa del sistema de libertad natural. Para Smith, la riqueza de una nación no reside en el oro o la plata, sino en su capacidad de producir bienes y servicios mediante el trabajo.

Smith distingue entre valor de uso y valor de cambio, observando que bienes extremadamente útiles pueden carecer de alto valor de intercambio. Para explicar este fenómeno, sostiene que el trabajo es la medida real del valor de cambio en una sociedad primitiva, aunque reconoce que en sociedades capitalistas el precio incorpora salarios, beneficios y rentas.

La división del trabajo ocupa un lugar central en su análisis. Según Smith, esta división aumenta la productividad, fomenta la innovación y explica el crecimiento económico. El mercado aparece como un mecanismo de coordinación social que, mediante la competencia, tiende al equilibrio sin necesidad de una planificación centralizada. La célebre “mano invisible” expresa esta idea: los individuos, al perseguir su propio interés, contribuyen involuntariamente al bienestar general (Smith, 1776/2007).

David Ricardo: valor-trabajo y conflicto distributivo


David Ricardo (1772–1823) llevó la economía clásica a un nivel de abstracción y rigor sin precedentes. En Principios de economía política y tributación (1817), desarrolló de manera sistemática la teoría del valor-trabajo, afirmando que el valor relativo de las mercancías depende fundamentalmente de la cantidad de trabajo necesario para producirlas.

Ricardo centra su análisis en la distribución del ingreso entre clases sociales. Su teoría de la renta diferencial de la tierra explica cómo la renta surge de la escasez y de las diferencias de fertilidad, beneficiando a los terratenientes a medida que se incorporan tierras menos productivas. Este mecanismo, según Ricardo, tiende a reducir los beneficios del capital y a limitar el crecimiento económico.

En este sentido, la economía deja de ser una ciencia de la armonía y se transforma en un análisis del conflicto distributivo entre salarios, beneficios y renta, anticipando debates que marcarán el pensamiento económico posterior (Ricardo, 1817/2004).

Thomas Robert Malthus: población, demanda y límites


Thomas Robert Malthus (1766–1834) introdujo una dimensión demográfica y social al pensamiento clásico. En su Ensayo sobre el principio de la población (1798), sostuvo que la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos lo hacen en progresión aritmética, generando un desequilibrio estructural.

Malthus cuestionó la idea de un equilibrio automático del mercado y advirtió sobre la posibilidad de crisis de sobreproducción por insuficiencia de demanda efectiva. Esta postura lo enfrentó a Ricardo y lo convierte en un antecedente temprano de enfoques críticos del laissez-faire.

Su pensamiento influyó en debates sobre pobreza, políticas sociales y asistencia pública, mostrando los límites del optimismo clásico (Malthus, 1798/2008).

John Stuart Mill: liberalismo, mercado y justicia social


John Stuart Mill (1806–1873) representa la fase madura y reflexiva de la economía clásica. En Principios de economía política (1848), acepta la teoría del valor-trabajo, pero introduce una distinción clave entre leyes de la producción y leyes de la distribución.

Mill sostiene que mientras la producción obedece a leyes técnicas, la distribución depende de instituciones sociales y puede ser modificada mediante la acción política. Defendió impuestos progresivos, cooperativas y reformas laborales, manteniendo un compromiso con el liberalismo y la libertad individual.

Su obra actúa como puente entre la economía clásica y las corrientes reformistas y sociales del siglo XX (Mill, 1848/2006).

Línea de tiempo conceptual


Siglo XVII – Mercantilismo:
Riqueza asociada a metales preciosos. Estado interventor.

1776 – Adam Smith:
Trabajo como fuente de riqueza. Mercado autorregulado.

1798 – Thomas Malthus:
Población, límites y demanda efectiva.

1817 – David Ricardo:
Valor-trabajo y renta diferencial.

1848 – John Stuart Mill:
Distribución social y reformas.

Bibliografía


Smith, A. (2007). La riqueza de las naciones. Madrid: Alianza.
Ricardo, D. (2004). Principios de economía política y tributación. Buenos Aires: Claridad.
Malthus, T. R. (2008). Ensayo sobre el principio de la población. Madrid: Alianza.
Mill, J. S. (2006). Principios de economía política. México: FCE.
Heckscher, E. (1935). Mercantilism. London: Allen & Unwin.

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