La economía y la cultura.
Como ejemplo siguiendo a Laje, La batalla Cultural (2022), las demandas feministas que de la mano de su crecimiento y expansión con las cuotas de colectivos y participantes del movimiento que busca una ingeniería social de paridad sexual en posiciones laborales. Esto ocurre porque primero se logró una aceptación en el sector público estatal y luego se avanzó al área privada y empresarial. En España el gobierno socialista ha intentado cuotas de paridad en las empresas por leyes de urgencia. Paralelamente los empresarios españoles debieron reestructurar los organigramas para cumplir con las propuestas. En Italia en 2011 se manejó la llamada “cuota rosa” que impuso con amenazas de multas y cambios en la integración de los consejos de paridad de género en la empresas de Italia. En Alemania se realizó un índice público que fiscaliza el cumplimiento de las empresas de las cuotas de género.
Todo tiene un comienzo. Una breve introducción histórica del tema que vamos desarrollando.
La Interrelación Dialéctica entre Cultura y Economía:
Un Marco Teórico y Crítico
La relación entre cultura y economía ha sido un eje central en las ciencias sociales desde los clásicos, constituyendo un campo de estudio interdisciplinario donde se articulan la antropología, la sociología, la economía y los estudios culturales. Esta interrelación es bidireccional, compleja y a menudo contradictoria, y puede analizarse desde múltiples perspectivas teóricas:
La Cultura como Variable Dependiente: El Determinismo Económico y la Crítica.
La tradición marxista clásica postula que la base económica (las fuerzas y relaciones de producción) determina, en última instancia, la superestructura, donde se ubican las formas culturales, jurídicas, políticas e ideológicas (Marx, 1859/1977). Para Marx, "el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y intelectual en general" (p. 5). Esta visión fue desarrollada por la Escuela de Frankfurt, que analizó cómo la industria cultural capitalista mercantiliza y estandariza la expresión artística y simbólica, vaciándola de su potencial crítico y transformándola en un bien de consumo más (Horkheimer y Adorno, 1944/2002). La cultura, en este marco, es vista principalmente como un epifenómeno o un instrumento de reproducción de las relaciones de poder económicas.
Sin embargo, esta perspectiva ha sido ampliamente criticada por su determinismo. Weber (1905/2003), en su obra, invirtió la ecuación al argumentar que ciertos valores culturales, específicamente la "ética protestante" (ascetismo intramundano, vocación), fueron un factor causal fundamental en el surgimiento del espíritu del capitalismo moderno en Occidente. Para Weber, las ideas y los valores no son meros reflejos, sino fuerzas históricas autónomas con capacidad de configurar realidades económicas.
La Cultura como Variable Independiente: Capital Cultural y Social
Pierre Bourdieu (1979/1984) complejizó esta relación al introducir el concepto de capital cultural como un recurso convertible, bajo ciertas condiciones, en capital económico y en capital social. Su teoría demuestra cómo el sistema educativo y las instituciones culturales reproducen las desigualdades de clase al valorar y legitimar el capital cultural de los grupos dominantes. Así, las prácticas culturales (gusto, consumo de arte, modales) operan como marcadores de distinción social que refuerzan y naturalizan las jerarquías económicas.
En paralelo, Putnam (1993) destacó el papel del capital social (redes, normas de confianza y reciprocidad) como un "activo" cultural que afecta directamente el desempeño económico de las comunidades y las instituciones. Regiones con alto capital social tienden a generar mejores gobernanzas y desarrollo económico. Estos enfoques muestran cómo recursos inmateriales, arraigados en la cultura, tienen un impacto tangible en los resultados materiales.
La Economía Cultural y las Industrias Creativas
Desde finales del siglo XX, el vínculo se ha vuelto más orgánico con el auge de la economía cultural y las industrias creativas (UNCTAD, 2008). La cultura se transforma en un sector económico directo (música, cine, software, diseño, turismo cultural) que genera PIB, empleo y exportaciones. Según Throsby (2001), los bienes y servicios culturales poseen un **valor económico** (precio de mercado) y un valor cultural (significado, identidad, valor simbólico), que a menudo entran en tensión. Las políticas públicas buscan maximizar ambos, aunque la lógica mercantil puede subordinar el valor cultural al criterio de rentabilidad (Yúdice, 2002).
Globalización, Hibridación y Homogeneización
La globalización económica intensifica la circulación transnacional de productos culturales. Para algunos, esto conlleva una homogeneización o "macdonalización" (Ritzer, 1993) impuesta por corporaciones transnacionales, erosionando las diversidades locales. Para otros, el proceso es de hibridación (García Canclini, 1990) o glocalización (Robertson, 1995), donde lo global se reinterpreta y adapta creativamente en contextos locales, generando nuevas formas culturales y nichos de mercado. La economía global, por tanto, no solo difunde cultura, sino que también se alimenta y transforma por su encuentro con culturas locales.
Críticas Postcoloniales y de Economía Política Cultural
Los estudios postcoloniales señalan que la relación cultura-economía ha estado históricamente mediada por el colonialismo y el imperialismo. La cultura fue un instrumento de dominación y justificación de la explotación económica (Said, 1978). Hoy, las dinámicas de extracción de recursos, deslocalización productiva y turismo masivo suelen implicar formas de colonialismo cultural y mercantilización de tradiciones e identidades (Comaroff & Comaroff, 2009).
Desde la economía política cultural (Mosco, 2009), se analiza cómo las estructuras de propiedad y las políticas regulatorias de los medios y las industrias culturales condicionan la diversidad de contenidos y la participación democrática, afectando tanto la esfera simbólica como la material de la sociedad.
Hay ocasiones en que la esfera cultural no se apoya en la política para afectar la economía, sino que logra hacerlo por si misma. Un ejemplo claro es el conflicto racial en Estados Unidos que obtuvo el apoyo económico de la Ford Foundation claramente en el movimiento Black Lives Matter (2016). La sociedad se ve involucrada en el procesos de formación ideológica. La economía reacciona ante las presiones directas de la cultura, ya sea mediante actividad de los medios de comunicación, campañas de concientización e incluso de desprestigio de naturaleza muy variadas. Volviendo a Laje que sostiene que las batallas culturales condicionan aspectos propios de la esfera económica y no solo con la intermediación del Estado. Las empresas deben prestar atención a variables no solo económicas sino político-culturales, indirectamente fortalecen el discurso hegemónico.
Conclusión
La relación entre cultura y economía es dialéctica y co-constituyente. No existe una economía ajena a marcos culturales de valor, confianza o significación, ni una cultura completamente autónoma de las condiciones materiales y los circuitos de producción, distribución y consumo. Las afectaciones mutuas operan en un espectro que va desde la determinación hasta la autonomía relativa, mediadas por el poder, la historia y la agencia humana. Estudiar esta interrelación exige, por tanto, un enfoque holístico y crítico que evite reduccionismos, reconociendo la cultura como un campo de producción de valor (simbólico y económico) y la economía como un sistema culturalmente embedido (Polanyi, 1944).
Referencias Bibliográficas
Bourdieu, P. (1984). Distinction: A Social Critique of the Judgement of Taste. Harvard University Press. (Obra original publicada en 1979).
Comaroff, J., & Comaroff, J. L. (2009). Ethnicity, Inc.University of Chicago Press.
García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.
Horkheimer, M., & Adorno, T. W. (2002). Dialectic of Enlightenment. Stanford University Press. (Obra original publicada en 1944).
Marx, K. (1977). Contribución a la crítica de la economía política.
Editorial Progreso. (Prefacio original publicado en 1859).
Mosco, V. (2009). The Political Economy of Communication. SAGE.
Laje, A. La batalla Cultural. Hojas del Sur S.A. Buenos Aires.2022.
Polanyi, K. (1944). The Great Transformation Farrar & Rinehart.
Putnam, R. D. (1993). Making Democracy Work: Civic Traditions in Modern Italy. Princeton University Press.
Ritzer, G. (1993). The McDonaldization of Society. Pine Forge Press.
Robertson, R. (1995). Glocalization: Time-Space and Homogeneity-Heterogeneity. En M. Featherstone, S. Lash & R. Robertson (Eds.), Global Modernities (pp. 25-44). SAGE.
* Said, E. W. (1978). Orientalism. Pantheon Books.
* Throsby, D. (2001). Economics and Culture. Cambridge University Press.
* UNCTAD. (2008). Creative Economy Report 2008. Naciones Unidas.
* Weber, M. (2003). The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism. Dover Publications. (Obra original publicada en 1905).
Yúdice, G. (2002). *El recurso de la cultura: Usos de la cultura en la era global. Gedisa.

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