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martes, 11 de enero de 2011

Cecilia Klein Leal(FHCE, UDELAR, Uruguay) La Crisis del 90 en las páginas de la prensa inglesa.

La crisis del 90' en las páginas
de la prensa inglesa
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Cecilia Klein Leal  


Al finalizar la década del 1880, varios periódicos de Montevideo enaltecían la situación favorable por la que atravesaba el Uruguay. Era posible distinguir los grandes cambios y el progreso -como lo señalaba el “South American Journal”, órgano oficial de los intereses británicos en América Latina- que había vivido tanto el país como la administración política durante ese período.

Para la década de 1880 el valor de la tierra podía ser considerado otro índice del progreso experimentado por el país, y a partir de 1886 se duplicaron y triplicaron los valores inmobiliarios tanto en Montevideo como en el interior.  El “South American Journal” mencionaba: “Hasta hace poco, el dueño de una gran propiedad era mirado como el más infortunado ciudadano. No podía venderla ni obtener el suficiente beneficio como para disfrutar una existencia decorosa. (...) ¡Cómo ha cambiado todo ahora! Ser dueño de tierras o propietario de alguna casa en Montevideo significa ser un hombre rico y próspero.” (“South  American Journal”, 1889: 1)[1]

Vale analizar los factores que produjeron este cambio según lo señalado por dicho periódico. En primer punto, resaltaba la importancia del alambrado, como freno para las revoluciones y los robos de ganado. En segundo lugar, concedía gran mérito a las vías férreas, con las cuales se había logrado penetrar en el interior, y a la electricidad, que había hecho posible que por medio del telégrafo se uniera toda la República, permitiendo la comunicación de los pequeños pueblos con las grandes ciudades y de éstas con la capital.

En tercer término, se destaca que la introducción de modernos instrumentos de guerra -como por ejemplo las armas “Remingtone”- habían provocado importantes beneficios en el país en cuanto a la autoridad y el orden. Por último, señalaba como principal factor del progreso en el Uruguay, el cambio en el sistema de gobierno. “Nuevos hombres, con nuevas ideas, han tomado posesión del poder. La Cámara de Representantes no está integrada por un partido, sino que todos están representados. (...) aprecian la ventaja de los negocios legítimos y se preocupan por el avance del país.” (“South  American Journal”, 1889: 1)[2]

Todo el progreso que había experimentado Uruguay en general y Montevideo en particular trajo aparejado lo que se llamó crisis de prosperidad. Debido al crecimiento demasiado rápido de Montevideo en relación con sus posibilidades, carecía de suficientes casas, carruajes, sirvientes, mano de obra industrial, comida, materiales de construcción, etc.  Al mismo tiempo, la falta de oferta provocaba inflación en los productos alimenticios, convirtiéndose las papas, la leche, la manteca y las aves en artículos de lujo.

El elevado costo de los alimentos ya era señalado por otro diario de habla inglesa, “The Express”,[3] más de un año antes. En un artículo titulado “Precios altos” resaltaba como sorprendía a los viajeros, ya fueran de Europa o de Estados Unidos, los altos precios fijados a casi todos los géneros y el alto costo de vida, tanto en la Argentina como en Uruguay, y principalmente en las capitales de estas dos naciones. La disconformidad del periódico aumentaba al observar que los altos precios no sólo eran aplicados a las mercaderías importados sino que “se extienden de igual manera, y con menor muestra de razón, a los productos del hogar, como carne, frutas, etc., que teniendo en cuenta su abundancia deberían ser mucho más baratos de lo que son.” (“The Express”, 1888: 1)[4]

Sin duda la inflación vivida en los últimos años de la década de 1880 era producto de la especulación reinante. En julio de 1888, “The Express” criticaba la exagerada atención que se otorgaba en las dos capitales del Río de la Plata a sus respectivas Bolsas o Stock Exchanges. En dicho mes, tanto en Buenos Aires como en Montevideo, la liquidación constituyó una de las más desastrosas conocidas por largo tiempo.

Como consecuencia de la caída de los valores del Banco Nacional en Montevideo y del Banco Constructor en Buenos Aires tuvo lugar un colapso general en el mercado, provocando inmensas perdidas y haciendo que gran número de especuladores no pudieran enfrentar sus compromisos. “The Express” hacía una clara diferenciación de los afectados por el colapso: “De estos desafortunados, algunos han tenido que sacrificar todas sus pertenencias en el honorable empeño para pagar sus deudas; otros, habiendo especulado más allá de sus recursos, tuvieron que declararse en bancarrota; (...) y otros, careciendo del coraje o los medios para afrontar las consecuencias de su malversada especulación han cortado el nudo gordiano a través del ignominio y deshonroso vuelo.” (“The Express”, 1888: 1)[5]

“The Express” consideraba que las fallas de la Bolsa radicaban en el natural pero deshonesto deseo de obtener dinero sin esfuerzo alguno, y describía a los especuladores diciendo que “producen nada, hacen nada, sirven ningún propósito útil... ellos responden exactamente a la descripción de “parásito”, y viven de las pérdidas o ganancias de otros; en una palabra son los vampiros de nuestro sistema social.” (“The Express”, 1888: 1)[6]

Para 1889 la especulación constituía un problema mayor, que permitía anunciar un final terrible para las finanzas del Uruguay y también de Argentina. Según “The Express”, para marzo de 1889 la quiebra era eminente, cuya devastación iba ser nacional;  y agregaba que: “…Negocios -el antiguo monótono método de hacer dinero como ha sido llamado- es una cosa del pasado. Nosotros jugamos con exceso, con trampas. /.../ Millones de pesetas vuelan al regazo de un promotor desconocido quien dice que va hacer fortuna por nosotros en Timbuctoo o en el Polo Norte.”(“The Express”, 1889: 1)[7]

Pocos números después, el mismo periódico hacía un claro llamado de atención a los residentes de habla inglesa en el Uruguay, teniendo en cuenta la riesgosa situación que se estaba viviendo y los efectos catastróficos que se profetizaban. “The Express” los incentivaba a “usar su influencia, que es mayor de lo que ellos piensan, para impedir cualquier catástrofe política, que pueda o no ser eminente, pero que si ocurre seguramente dañará las perspectivas presentes y futuras de sus inversiones o negocios...” (“The Express, 1889: 1)[8]

Una cuestión económica, que incluso dividía a la sociedad, era el enfrentamiento entre el oro y el papel moneda. Para fines de la década de 80’ se estaba produciendo en la Argentina un continuo crecimiento de la remuneración del oro y, simultáneamente la caída del valor del papel moneda, lo cual en términos económicos se conoce como devaluación. Al respecto, “The River Plate Times”,[9] un tercer periódico de habla inglesa, señalaba que, “En la República Argentina el oro parece destinado a llevar al papel al suelo y, esto ciertamente lo hará a menos que algunas medidas efectivas sean rápidamente tomadas para prevenir esto, a través del incremento del valor del papel...” (“The River Plate Times”, 1889: 1)[10]

Esta situación en la vecina orilla llamó la atención de todos aquellos ciudadanos involucrados en la economía uruguaya, aunque -según “The River Plate Times- esto no afectó en ningún momento el espíritu de empresa de Uruguay, producto -para este periódico- de la buena opinión pública de la que gozaba el nuevo gobierno. “El inmenso número de nuevos proyectos, nuevas compañías, nuevas asociaciones que han sido formadas, los estatutos que son publicados día tras día, claramente muestran, cualquiera sea el estado de entorpecimiento de la crisis monetaria que ha reducido a nuestro vecino de la República Argentina, que aquí en Uruguay, aquí en Montevideo, el gran espíritu de empresa que ha despertado con la entrada del presente gobierno en el poder, no está muerto, pero, por el contrario, está más activo que nunca..” (“The River Plate Times”, 1889: 1)[11]

Teniendo en cuenta la situación económica del Uruguay, “The River Plate Times” atacaba muy fuertemente a los llamados “alarmistas”, de gran número en Montevideo con la crisis que estaba viviendo Argentina, de la siguiente manera: “Estos terribles alarmistas han llevado sus advertencias a una tan absurda longitud, que bueno y malo se mezclan en una desesperanzadora confusión y el peligro cercano es visto en todo.” (“The River Plate Times”, 1889: 1)[12]

Dicho diario no consideraba válida la advertencia de los alarmistas, que basaban sus pronósticos en la crisis que estaba viviendo nuestro adelantado vecino -como irónicamente dice este periódico que los alarmistas llamaban a la Argentina-, olvidándose de las diferencias materiales que existían en el sistema político, económico, monetario, comercial e industrial de las dos naciones.

A pesar del optimismo descrito anteriormente por “The River Plate Times”, no podía negar la existencia de “oscuras manchas” en la economía. Estas oscuras manchas consistían en la especulación, señalada por “The Express” varios meses antes, y en la creencia excesiva en la suerte -y no en el trabajo- a la hora de querer triunfar, “dos enfermedades que desafortunadamente afectan a una gran proporción de la comunidad, cuyo patio de recreo es el clásico cercamiento de la Bolsa.” (“The River Plate Times”, 1889: 1)[13]

La Bolsa era considerado el lugar donde el esfuerzo y el trabajo de tantos años anteriores eran lanzados por la borda. En enero de 1890 se produjo una baja de los precios de las acciones de la Bolsa, consecuencia -para “The River Plate Times”-  de la crisis argentina, la cercanía de las elecciones presidenciales en Uruguay y la demora en el permiso del Estado de las garantías a las cédulas hipotecarias. Aunque, según dicho periódico, “la importancia de todas estas causas ha sido exagerada en la más inimaginable extensión” (“The River Plate Times”, 1890: 1),[14] lanzando nuevamente una acusación a los alarmistas que sólo intentaban inspirar miedo a través de la exageración.

Debe aclararse que a pesar de la insistencia de este periódico inglés de que la situación era favorable, para 1890 la mayoría de los entendidos de la economía no podían negar -como señalaba “The Express”- que “el mal estado de circulación de moneda en la República Argentina afecta mucho los intereses en la República del Uruguay.” (“The Express”, 1890: 1)[15]

El 5 de julio de 1890 se producía la suspensión de la conversión de los billetes a oro por el Banco Nacional, lo cual provocó gran alarma en el mercado, y la crisis económica se convirtió en una realidad latente. Sin embargo, “The River Plate Times” mantiene la calma, estado que modifica paulatinamente con el transcurrir de los hechos. En su opinión, “la situación es seria, lo cual sería en vano negarlo; por el momento ha despertado graves inconvenientes. Pero por otro lado no hay dificultad que no pueda ser solucionada con un poco de paciente buen sentido y fe en la decisión de los poderes.” (“The River Plate Times”, 1890: 1)[16] Como el editor aclaraba, ellos prefirieron tomar una esperanzadora visión en ese primer instante de la crisis, cuya base estaba en la confianza, en la sabiduría y la moderación del Presidente y sus Ministros. Esta opinión también cambió con el paso de los meses.

La inconvertibilidad de las notas del Banco Nacional afectó gravemente a gran parte de la población, como señalaba “The River Plate Times”: “el destino financiero, no vamos a decir de la República, pero ciertamente del público en general, está en gran medida dependiendo de este Banco.” (“The River Plate Times”, 1890: 1)[17] Esta situación afectó, sobre todo, a los círculos menores, como los pequeños comerciantes al por menor, pequeños propietarios de negocios en general, los trabajadores, etc. 

En noviembre de 1890, “The River Plate Times” daba la noticia de la suspensión de pago hecha por los agentes financieros Baring Brothers. Dicho periódico establecía como causa del hecho, el amplio vínculo existente entre Baring Brothers y las finanzas del Río de la Plata, cuyo estado de crisis y depresión general de sus valores, sin lugar a dudas, repercutió hondamente en los mencionados agentes financieros.

Desde hacía tiempo atrás, habían existido rumores acerca de la estabilidad de la Casa Baring, los cuales habían ganado gran fuerza en los primeros días de noviembre. Era claro que la suspensión de pagos por Baring Brothers iba a producir serias alteraciones en el estado de los negocios del Río de la Plata pero -según “The River Plate Times”- era “imposible profetizar cuán lejos esto afectará exactamente al Uruguay en el presente.” (“The River Plate Times”, 1890: 1)[18]

Hacia fines de noviembre de 1890, momento en que se produce el cambio de nombre del periódico inglés “The River Plate Times” a “The Montevideo Times”,[19] el optimismo, que hasta entonces había caracterizado a dicho diario, se estaba desmoronando. En el primer número con el nuevo nombre, se señalaba la dificultad para rescatar algún aspecto positivo de la situación por la que atravesaba la República, y agregaba: “La presencia de la crisis y la terrible condición depresiva de todas las finanzas y negocios son demasiado notorias como para requerir más ilustración y uno se cansa de enjaular eternamente observaciones pesimistas en su cabeza...”(“The Montevideo Times”, 1890: 1)[20]

“The Montevideo Times” consideró como factores de la crisis: la especulación, la inflación, el sistema de tasaciones e impuestos uruguayos, el cual era muy pesado, el alto costo del Estado, lo que provocaba déficit fiscal (para este punto, señalaba como solución la adquisición de un préstamo), y en último lugar, los efectos de la crisis argentina. Este medio de prensa se opuso a la opinión realizada por "varios órganos partidarios de influencia" de que esa crisis era principalmente debido al gobierno de turno. Indicaban que “aunque serios pueden ser los pecados de omisión y comisión cometidos por el Gobierno, nosotros haremos justicia absolviéndolo de tal cargo.” (“The Montevideo Times”, 1890: 1)[21] Agregaba que el origen de esta crisis era bastante anterior al ascenso de este gobierno, y ya era visible en 1889 cuando el llamado "boom" económico estaba en el punto más alto.

La crisis de 1890 puede ser dividida -según “The Montevideo Times”- en dos ramas: económica, aplicada al Gobierno, y financiera, aplicada al comercio y a los negocios en general. Así este periódico resolvía la interrogante de sí esta crisis fue económica o sólo financiera.

Desde enero de 1891, “The Montevideo Times” redactaba varios artículos donde defendía la posición del Banco Nacional, en contraste con la oposición que consideraba a este Banco como la causa de la crisis. Si bien la suspensión de pagos en el Banco Nacional fue el hecho que hizo a la crisis visible, para este diario ese suceso fue más un incidente que un factor, y agregaba que, “el Banco Nacional sólo no pudo haber producido esta crisis, e incluso si el Banco no hubiera existido (...), la crisis hubiera venido de igual manera.” (“The River Plate Times”, 1891: 1)[22]

Existía una clara oposición -en dicho periódico- a la liquidación del Banco Nacional que determinados políticos querían llevar a cabo. Pero, al mismo tiempo, recalcaba la absoluta necesidad de que se produjera una reorganización del banco sobre la base de la separación de la interferencia estatal. “Estamos comenzando a reconocer que queremos (...) un Banco Nacional, que sea meramente una institución bancaria genuinamente representativa, y no un arma política, o una tesorería general para llenar los bolsillos oficiales y asistir a aventureros políticos y financieros. Igualmente, estamos comenzando a reconocer que NO queremos un Banco estatal, continuamente sujeto a la interferencia gubernamental...” “The Montevideo Times, 1891; 1)[23]

El 1º de julio se recibió una noticia que despertó las esperanzas de la población uruguaya. El Banco Nacional reanudaba la conversión de sus notas, lo cual estaba suspendido desde julio de 1890. “Es un triunfo, podríamos decir casi el primer triunfo para el presente Gobierno...” (“The Montevideo Times”, 1891: 1),[24] señalaba “The Montevideo Times”. Este retorno a la conversión pudo lograrse enteramente por la adquisición de un préstamo brasileño.

Pero las buenas noticias no duraron mucho, ya que veinte días después, el mismo diario publicaba la noticia acerca de la suspensión de pagos por el Banco Inglés del Río de la Plata, lo cual llegó “como un fresco y formidable desastre para intensificar y prolongar la crisis que el Río de la Plata ha estado sufriendo por algún tiempo.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[25] Lo más preocupante, de esta suspensión, era el golpe que provocaría sobre el crédito general de los bancos ingleses en el Río de la Plata.

Si bien para agosto de 1891 no desapareció el apoyo del periódico inglés al gobierno, cuya oposición era cada vez más fuerte beneficiada por la crisis, le hacía un importante reclamo. “A nosotros nos parece que uno de sus peores defectos, y uno que de ningún modo es difícil de remediar, es la absoluta carencia de un programa definitivo.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[26]

“The Montevideo Times” proponía como medidas para superar la crisis de manera definitiva: recortar todo lo que fuera ornamental e innecesario en el presupuesto; insistir en la moralidad y honestidad en todos los departamentos; apelar al patriotismo de los senadores y diputados y reducir sus salarios en un 30 o 40% (para este periódico “todavía estarían bien pagos”);  mantener el crédito exterior, cubriendo las obligaciones como los servicios de deudas y las garantías de los ferrocarriles; tan pronto como fuera posible abolir los impuestos a las exportaciones; y reducir las tarifas más opresivas sobre la industria; otorgar a los residentes extranjeros en el país derecho político; colocar en las Cámaras hombres de negocios aptos para discutir cuestiones económicas, entre otras medidas.

Este diario realizaba una importante y fuerte crítica contra parte de los políticos uruguayos en cuanto a su posición frente a las obligaciones extranjeras como los servicios de deuda y las garantías de ferrocarriles. Mientras que en todo el mundo las obligaciones extranjeras eran consideradas sagradas, las cuales era deshonroso violar, “The Montevideo Times” daba cuenta de que existían en Uruguay no pocas personas, incluso de alta posición, que consideraban dichas obligaciones como algo tedioso que se podían cumplir o no, de acuerdo con la sinceridad y posición del deudor.  En este sentido, resaltaba como en las Cámaras se sostenía que “el interés de la Deuda debería ser reducido del monto originalmente prometido a otro monto menor, o incluso que los acreedores deberían ser hechos esperar o deberían renunciar enteramente a sus reclamos.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[27]

Según “The Montevideo Times”, estas irresponsables opiniones podían afectar gravemente futuras negociaciones financieras. Indicaba que “si el partido en  poder desea colocar a la República fuera de la esfera de las naciones honestas, pagando lo que ellos desean y cuando ellos desean, de acuerdo a su conveniencia, pero no de acuerdo a los derechos de sus acreedores, permitámosles decirlo abiertamente. Los acreedores por lo menos tendrán la ventaja de saber que esperar y con qué clase de persona deben lidiar.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[28] Se puede observar que la buena opinión de la que gozaba el gobierno por parte de este periódico ya había desaparecido.

En un artículo llamado “Una pertinente interrogante”, se puede observar como realmente se consideraba a las naciones del Río de la Plata parte del imperio informal británico. Este periódico mencionaba que si bien no querían que Inglaterra asumiera el control del país, pretendían que “algún poder superior interfiera para poner la dirección de estos países, que debería ser tan próspera, en manos más competentes y merecedoras, como aquellas de los residentes extranjeros.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[29]

“The Montevideo Times” consideraba que el gobierno de un país puede ser respetado siempre y cuando los intereses ajenos no fueran ofendidos. Señalaba que estos jóvenes países habían demostrado, debido a la corrupción, el desorden y la incompetencia, ser incapaces de autogobernarse. Entonces, este periódico se cuestionaba: “¿Qué tan lejos una nación puede abusar de la confianza de sus acreedores antes que la intervención extranjera pueda ser considerada como justificable?” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[30]

Al mismo tiempo que se producía el debate parlamentario acerca del plan de Conversión, con el cual se pretendía paliar la crisis, “The Montevideo Times”, encabezado por su fundador W. H. Denstone, comenzaba una intensa campaña de investigación y difusión sobre la misión Ellauri. Este periodista desconfiaba del Gobierno y de la escasa información que éste brindaba sobre las negociaciones de suma importancia que se desarrollaban en Londres. Sus contactos en la City así como el acceso a una amplia gama de periódicos de Inglaterra, incluyendo los especializados en el área rioplatense y en temas económicos-financieros, le proporcionaron una visión menos favorable pero más acertada de lo que estaba ocurriendo.

Este diario resaltaba que fue el único periódico local que había discutido el asunto desde el punto de vista de los tenedores de títulos y que había mantenido informada a la población, por lo menos a aquellos capaces de leer en inglés, del verdadero estado de las negociaciones en la capital inglesa, mientras el resto de los medios de prensa se habían dedicado a repetir las falsedades semi-oficialistas sobre el tema en cuestión. “Poco a poco, la historia secreta del actual plan de conversión se ha ido descubriendo, hasta aparecer ahora relativamente clara y abierta”, mencionaba “The Montevideo Times”. (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[31]

Para diciembre de 1891 se tenía conocimiento de que el plan de conversión no había sido propuesto por el Gobierno uruguayo -como oficialmente se había declarado en las Cámaras- ni tampoco por los tenedores de títulos en Europa, como aseguraba la oposición al mismo. Este plan de conversión fue -según decía “The Montevideo Times”- “pergeñado, apadrinado y empujado por algunos pocos financistas o especuladores principalmente interesados en el blanqueo del sospechoso asunto del Ferrocarril Oeste, y quizás también deseosos de ayudar a Baring a descargarse de sus últimos empréstitos especulativos que el público británico no fue tan tonto como para tragarse.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[32]

Más allá de las críticas al plan de conversión en general, era claro que los arreglos financieros estaban permitiendo -aunque levemente- una mejora en todo el mercado, tanto en los valores de la Bolsa como en los negocios, y proporcionó esperanzas serias de una reactivación general desde la terrible crisis. “La liquidación del Banco Nacional, el establecimiento de un Banco Hipotecario independiente y la fundación de un nuevo Banco Nacional con capital fresco y libre de la perniciosa influencia de la interferencia estatal son todas necesidades manifestadas y han sido reclamadas por tanto tiempo que su anuncio es seguro de ser bien recibido.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[33]

Mientras que antes consideraba la situación del Banco Nacional más un incidente de la crisis que una causa, el 19 de diciembre de 1891 indicaba que ese Banco había sido uno de los factores principales de la crisis, “el elemento disturbador en las circulaciones, uno de las principales causas de la carencia prevaleciente de confianza y el principal obstáculo para cualquier proyecto de regeneración. (...) su liquidación tendría que haber sido el primer paso en todos los casos.” (“The Montevideo Times”, 1891: 1)[34]

Para mayo de 1892, la gran resistencia que había existido hacia el Plan de Conversión había culminado. La confiscación había terminado, y “The Montevideo Times” señalaba que “el rencor que acompaño la pelea se ha convertido en doloroso pero duradero resentimiento.” (“The Montevideo Times”, 1892: 1)[35]

Las principales objeciones de “The Montevideo Times” hacia el arreglo financiero eran las siguientes: redujo los intereses permanentemente, siendo que debería solamente ser temporal; ignoró reclamos prioritarios y confiscó garantías solemnes sin ofrecer nada a cambio; y aumentó la ya muy pesada deuda por una "monstruosa" suma de medio millón en bonos como comisión para algún misterioso y desconocido partido en Londres. Resumiendo, agregaba, “ encontramos que el plan de Confiscación fue un negocio infeliz (...) que ha dañado materialmente el crédito de la República...” (“The Montevideo Times”, 1892: 1)[36]

En cuanto a los verdaderos objetivos perseguidos por el Plan de Confiscación, para “The Montevideo Times” fueron dos, expuestos a continuación: asegurar algún tipo de arreglo al "turbio" negocio del Ferrocarril Oeste, en el que ciertos prominentes miembros del Gobierno estaban amplia y personalmente interesados, y asegurar la fundación de un Banco en el que el Gobierno pudiera preservar “esa influencia impropia que benefició a sus amigos pero arruinó a los accionistas en el caso del antiguo Banco Nacional.” (“The Montevideo Times”,1892: 1)[37]

De todos modos, tras la aprobación del proyecto, la situación no había mejorado. En junio de 1892,  “The Montevideo Times” describía la situación del momento como anárquica, llena de contradicciones. “Todo es niebla y arena movediza, nada definitivo, nada confiable, nada sólido.” (“The Montevideo Times”, 1892: 1)[38] Esto se agravaba con un gobierno que continuamente aclamaba por confianza “sin incluso intentar (...) aclarar los escándalos en que fue asociado.” (“The Montevideo Times”, 1892: 1)[39]

La mejora parcial de la situación llegó tres años después con el aumento de los precios internacionales, permitiendo al Uruguay obtener condiciones más favorables en el mercado mundial. Sin embargo, los problemas estructurales no fueron atacados, viviendo el Uruguay diversas crisis a lo largo del siglo XX En cuanto a los intereses británicos, se inicia una nueva etapa del ciclo inversor en 1890, caracterizada por la retracción en un principio y de cautelosas inversiones en un segundo momento. Pero en el siglo XX los capitales ingleses debieron enfrentar algo más que una crisis, debilitándose su supremacía frente a la competencia estadounidense.

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Fuentes

“The Express”, Montevideo, de marzo de 1888 a marzo de 1890.

“The River Plate Times”, Montevideo, de enero de 1889 a noviembre de 1890.

“The Montevideo Times”, Montevideo, de noviembre de 1890 a julio de 1892.

“South American Journal”, Londres, julio de 1889.

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Notas

1. Progreso en el Uruguay en: “South American Journal”, Londres, 13 de julio de 1889, p. 1.

2. Progreso en el Uruguay en: “South American Journal”, Londres, 13 de julio de 1889, p. 1.

3. Aparecía el 7 de marzo de 1888, fundado por Melville Hora. Su director era Charles Gurney. Fue el primer periódico en lengua inglesa que se publicó diariamente en el Uruguay. Tuvo una vida de tres años, desapareciendo el 31 de marzo de 1890.

4. Precios altos en: “The Express”, Montevideo, 4 de abril de 1888, p. 1.

5. La Bolsa apostando en: “The Express”, Montevideo, 3 de julio de 1888, p. 1.

6. La Bolsa apostando en: “The Express”, Montevideo, 3 de julio de 1888, p. 1.

7. Especulación en: “The Express”, Montevideo, vol. III, Nº307, 23 de marzo de 1889, p. 1.

8. Crédito uruguayo en Londres en: “The Express”, Montevideo, vol. III, Nº327,17 de abril de 1889, p. 1.

9. El 1º de Marzo de 1886 empezó a publicarse “The River Plate Times”, fundado por Henry Castle Ayre. Se publicaba una vez por semana, ocupándose fundamentalmente de problemas comerciales y financieros. Su título se justificaba pues prestaba atención no sólo a los asuntos uruguayos sino también a los sucesos que ocurrían en la otra orilla del Río. El periódico apuntaba más a informar a los lectores europeos que a los locales. En 1889 comenzó a aparecer bisemanal. El 12 de julio de 1889 Eduardo Casey compró “The River Plate Times” fusionándolo con el “Montevideo Independent” en un gran diario que conservó el nombre del primero. Su director era Henry Castle Ayre y el subdirector Denstone. Además de su número diario,  “The River Plate Times” publicaba un suplemento semanal. Al desaparecer “The Express”, “The River Plate Times” pasó a ser el único periódico inglés de Uruguay.

10. Oro y papel en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. II, Nº23, 8 de agosto de 1889, p. 1.

11. El espíritu de empresa en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. II, Nº60, 21 de septiembre de 1889, p. 1.

12. Alarmistas en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. II, Nº71, 5 de octubre de 1889, p. 1.

13. Industria versus especulación en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. II, Nº97, 6 de noviembre de 1889, p. 1.

14. La pizarra de la Bolsa en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. III, Nº153, 15 de enero de 1890, p. 1.

15. Finanzas en: “The Express”, Montevideo, vol. V, Nº591, 23 de marzo de 1890, p. 1.

16. La situación en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. III, Nº293, 8 de julio de 1890, p. 1.

17. Un día crítico en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. III, Nº317, 6 de agosto de 1890, p. 1.

18. Las fallas de la Baring Brothers en: “The River Plate Times”, Montevideo, vol. III, Nº402, 18 de noviembre de 1890, p. 1.

19. Tras el abandono por parte de Eduardo Casey de “The River Plate Times”, Denstone adquirió todos los derechos el 1º de octubre de 1890. Poco después, al plantearse un pleito por el nombre del diario, Denstone le cambió el título. Desde el 25 de noviembre de 1890 comenzó a llamarse “The Montevideo Times”. Poco después dejó de publicarse su suplemento semanal.

20. Pasando notas en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. III, Nº412, 29 de noviembre de 1890, p. 1.

21. Factores de la crisis en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. IV, Nº450, 17 de enero de 1891, p. 1.

22. El Banco Nacional y la crisis en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. IV, Nº453, 21 de enero de 1891, p. 1.

23. El Banco Nacional en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. IV, Nº549, 23 de mayo de 1891, p. 1.

24. Conversión en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº580, 2 de julio de 1891, p. 1.

25. Más desastre en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº595, 22 de julio de 1891, p. 1.

26. Buscado! –Un programa en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº611, 19 de septiembre de 1891, p. 1.

27. Extrañas ideas en “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº647, 23 de septiembre de 1891, p. 1.

28. Más ideas extrañas en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V. Nº648, 25 de septiembre de 1891, p. 1.

29. Una pertinente interrogante en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº682, 4 de noviembre de 1891, p. 1.

30. Una pertinente interrogante en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº682, 4 de noviembre de 1891, p. 1.

31. El plan de conversión en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº715, 13 de diciembre de 1891, p. 1.

32. El plan de conversión en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº715, 13 de diciembre de 1891, p. 1.

33. Los arreglos financieros en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº718, 17 de diciembre de 1891, p. 1.

34. Los arreglos financieros en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. V, Nº720, 19 de diciembre de 1891, p. 1.

35. Después de la batalla: La última palabra sobre el plan de Confiscación en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. VI, Nº834, 10 de mayo de 1892, p. 1.

36. Después de la batalla: La última palabra sobre el plan de Confiscación en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. VI, Nº834, 10 de mayo de 1892, p. 1.

37. El embrollo en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. VI, Nº870, 23 de junio de 1892, p. 1.

38. Caos financiero en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. VI, Nº858, 9 de junio de 1892, p. 1.

39. Caos financiero en: “The Montevideo Times”, Montevideo, vol. VI, Nº858, 9 de junio de 1892, p. 1.


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Universidad de Montevideo



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     El bicentenario de los acontecimientos de 1808 permite reflexionar sobre aspectos esenciales de la configuración de los diversos relatos que contribuyeron a definir un imaginario colectivo de carácter nacionalista.

     La historiografía ha sido uno  de los discursos fundamentales para dotar a la República Oriental del Uruguay de una identidad. En esta ponencia pretendemos estudiar la forma en que Juan Pivel Devoto, uno de los máximos historiadores uruguayos, interpreta y expone esos hechos al servicio de su concepción general de la historia nacional. Centramos el análisis en uno de sus libros más significativos: Raíces coloniales de la Revolución Oriental de 1811.



I. EL "URUGUAY FELIZ" Y EL APOGEO DE LOS MITOS FUNDACIONALES

   
            En las décadas de 1940 y 1950 Uruguay vivió el punto más alto de la autocomplacencia de su excepcionalidad. La prosperidad de la segunda postguerra generó, por lo menos en los sectores urbanos, sentimientos de seguridad y optimismo. Los referentes imaginarios -"Suiza de América", "Atenas del Plata"- evocan con nostalgia esa época de bienestar. 

            Para consolidar una utopía posible los sectores dirigentes intentaron reforzar los lazos cohesionadores del pasado mediante una conciliación partidocrática pretérita, complemento y correlato de la jurídica (Constitución de 1952). Esta tarea la cumplió la historiografía tradicional a través de la “tesis independentista clásica”.

            El Estado creó y promovió desde fines del siglo XIX las condiciones para la construcción de un imaginario nacionalista. La "escuela" fundada por Francisco Bauzá, entre otros, se transformó en versión oficial de la historia nacional. Juan Pivel Devoto fue su máximo exponente, portavoz ideal del sociolecto encrático[1] para concretar una difusión masiva de sus pareceres a través de la apelación al pasado. Intentó reconciliar la historia uruguaya y tender puentes entre blancos y colorados. Actuó como historiador conciliador, obró de acuerdo a los requerimientos de una situación de coparticipación política civilizada. 




II. JUAN PIVEL DEVOTO


2.1. BIOGRAFIA


            Pivel nació en la ciudad de Paysandú en 1910 y murió en Montevideo en 1997. Fue uno de los historiadores más importantes del siglo XX.

            Toda su actividad se caracterizó por un "nacionalismo" militante; adhirió al Partido Blanco por considerar que esta colectividad históricamente defendió los principios nacionales. Tuvo buena relación con personalidades del Partido Nacional como Luis Alberto de Herrera y Wilson Ferreira Aldunate.  Herrera lo estimuló para que priorizara la historia en lugar de hacer una carrera política.
    
            En 1923 su familia se radicó en Montevideo y concurrió al Instituto Alfredo Vázquez Acevedo. Fue un alumno inconformista, por iniciativa propia estudió en las más importantes bibliotecas de la capital. Estas lecturas ampliaron su horizonte intelectual y definieron una clara vocación histórica.
       
            Comenzó a dictar clase a los 18 años en el Instituto Magisterial Gabriela Mistral. En 1936 fue designado Profesor Adjunto al Dr. Felipe Ferreiro y docente de la “Universidad de Mujeres”. Ese mismo año ganó por concurso un cargo de Profesor de Historia Nacional en la Escuela Militar. Entre 1937 y 1940 dio clases en el Liceo Francés. Su principal actividad docente la desarrolló en el Instituto de Profesores Artigas donde trabajó desde 1951 a 1982. En 1959 fue Profesor Visitante en la Universidad Nacional de La Plata y dictó un curso sobre Historia del Uruguay en los siglos XIX y XX.

            Integró varias instituciones vinculadas a la investigación.

            En 1940 falleció Daniel Martínez Vigil, Director de Museo Histórico Nacional. Un grupo de ciudadanos vinculados al mundo de la cultura, haciendo uso del derecho de petición, presentaron una nota al Presidente de la República solicitando que Pivel fuera designado para ocupar ese cargo. Los peticionantes enumeraron prolijamente sus antecedentes intelectuales y la lista de sus publicaciones.  Luis Alberto de Herrera apoyó la candidatura y el Presidente Alfredo Baldomir lo designó. Permaneció cuatro décadas en el cargo, fue su cuartel general y un verdadero centro de investigación histórica.

            Ocupó importantes cargos públicos: Consejero del Ministerio de Relaciones Exteriores (1938), miembro del Consejo Departamental de Montevideo (1955-59), Presidente del SODRE (1959-63), Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social (1963-67), delegado oficial de Uruguay ante la UNESCO (1960 y 1964), representante de Uruguay en reuniones de OEA (1963 y 1966).

            En la etapa final de la dictadura, como Presidente del Directorio del Partido Nacional,  participó en las negociaciones con los militares. Restablecida la legalidad democrática el Presidente Julio Ma. Sanguinetti, lo designó Presidente del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (1985-1989).

            Desarrolló una intensa actividad, pero nunca abandonó su tarea docente en el IPA. Solamente delegó la dirección del Museo por un corto tiempo mientras ocupó la cartera de Instrucción Pública  ya que la tarea le absorbía demasiado tiempo.  



2.2. UN HISTORIADOR COMPLEJO Y POLIFACETICO


            El Dr. Julio Lerena Joanicó ejerció una fuerte influencia sobre Pivel; lo vinculó con intelectuales y políticos de la talla de Pablo Blanco Acevedo, Felipe Ferreiro, Mario Falcao Espalter y  Luis Alberto de Herrera.
    
            Consideró a Francisco Bauzá como maestro.  Organizó un plan de lecturas a partir de la Reseña Preliminar de la Historia de la dominación española en el Uruguay.
 
            Su producción historiográfica fue abundante y está dispersa en libros, prólogos  y artículos. Especialmente se ocupó del artiguismo, los problemas limítrofes, la historia económica y política, el proceso emancipador, la consolidación del Estado y de la nacionalidad. Abarca un período cronológico muy extenso que va desde la época colonial hasta comienzos del siglo XX. Entre sus obras más destacadas pueden citarse: Historia de los partidos políticos en Uruguay, Historia de la República Oriental del Uruguay (en coautoría con su esposa, Alcira Ranieri), Raíces coloniales de la Revolución Oriental de 1811 y Contribución a la historia económica y financiera del Uruguay. Los bancos.

            Dedicó mucho tiempo y esfuerzo a la publicación de fuentes: el Archivo Artigas, la Colección de Clásicos Uruguayos, y la Revista Histórica. Su labor en este campo  no tiene parangón en Uruguay.












III. LA JUNTA DE 1808 EN EL CONTEXTO DE LAS Raíces coloniales de la Revolución Oriental de 1811


3.1. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA OBRA


            El análisis de Raíces... debe realizarse en el marco de una tradición historiográfica de cuño nacionalista: encrática, transpartidaria y cohesionadora del imaginario colectivo.

            Pivel pretende  demostrar que "la nacionalidad uruguaya está prefigurada desde los orígenes de nuestra formación social”[2]. La obra consta de 23 capítulos y un apéndice documental; conceptualmente está estructurado en tres partes: a) la campaña y sus problemas -caps. I al XIII-; b) Montevideo y sus tensiones con Buenos Aires -XIII a XVIII-; c) situación general de la Banda Oriental en la antesala de la Revolución -XIX a XXIII-.

            Explica prolijamente la situación económica del campo y la ciudad para luego referirse al universo social generado por ella. Realiza interesantes descripciones de los tipos humanos rurales y urbanos, y procura revelar las razones de su proceder corporativo. Dedica especial atención a comerciantes y hacendados, los artífices de la pujanza de la Banda Oriental y protagonistas de sus veleidades autonomistas. Raíces... describe el mundo tardocolonial en el cual Artigas creció y maduró. Aunque explícitamente se lo mencione poco, el libro comienza y termina refiriéndose a él, su figura trasunta toda la obra.

            Es un libro profusamente documentado con un sólido respaldo bibliográfico[3] y de  fuentes[4]. Sin el aparato erudito sería ininteligible pues la narración está entretejida de citas que cumplen funciones descriptivas y probatorias. Hay un total de 288 notas que por su densidad conceptual constituyen un texto paralelo al corpus del trabajo, lo respaldan e interactúan con él.
    
            Una de las normas del "método" de Pivel, reiteradamente utilizadas cuando los documentos disponibles lo permiten, consiste en desplegar un vasto abanico de fuentes para probar una afirmación, dirimir posiciones encontradas o ilustrar al lector. Ensambla los documentos, aprovecha la información que trasmiten e incluso sus silencios.

            Elaboró una interpretación del pasado colonial que tradujo en términos profanos lo que Bauzá había formulado en clave providencialista. Identificó una serie de factores que le dieron a la Banda Oriental características particulares en el seno del Virreinato, explican su tendencia autonomista y prefiguran el sentimiento nacional. Los factores mencionados se inscriben en una arquitectura argumental armónicamente presentada en el desarrollo de la obra:






            La ganadería cumplió un rol dinamizador y valorizó al territorio de la Banda Oriental tardíamente colonizado. La estancia "fue elemento nuclear en el orden social"[5] y similar a un señorío pues, como en la Edad Media, el propietario debía contribuir a poner orden en el medio rural y proteger a sus dependientes. Cada establecimiento era un centro autárquico, polo dinamizador de la riqueza de la Banda Oriental; la autoridad virreinal, representada por el Gobernador de Montevideo, no se ejercía con eficacia en la campaña; el estanciero llenaba ese vacío.

            Uno de los problemas más acuciantes era la fragmentación del territorio. El desarrollo de la Banda Oriental se veía perjudicado porque estaba dividida en tres jurisdicciones administrativas: la de Montevideo, Buenos Aires y Yapeyú-. Esto ocasionaba dificultades y conflictos, postergaba, entre otras cosas, el arreglo de los campos. La geografía y el tipo de explotación económica aglutinaban a la población y definían una identidad particular por encima de las delimitaciones artificiales.

            Montevideo, la ciudad-puerto, era un polo dinamizador de la economía y aspiraciones autonomistas (cap. XIII). Se oponía a Buenos Aires en una  dialéctica generadora de reivindicaciones de los sectores hegemónicos (caps. XIV-XVI).

            En el marco de una campaña y una ciudad con peculiaridades tan especiales, se produjeron a comienzos del siglo XIX una serie hechos que condicionaron el surgimiento de la Revolución (caps. XVII-XVIII)

            La trama de la obra se articula en torno a una línea argumental cuyo propósito es presentar a la Banda Oriental como realidad diferenciada dentro del virreinato del Río de la Plata, cuna de una nacionalidad definida. En esta estrategia discursiva, los acontecimientos de 1808 adquieren enorme importancia.



3.2. LOS ACONTECIMIENTOS DE 1808


            Los sucesos de 1808 son analizados profundamente en el capítulo XVII titulado "La definición autonomista de 1808". Su estudio evidencia una isotopía autonomista, reiteradamente se articulan interpretaciones, sólidamente documentadas, a efectos de justificar el macroparadigma proposicional: la nación estaba prefigurada desde la colonia y los acontecimientos de la primera década del siglo XIX aceleraron un proceso ineludible, casi providencial.

            Elío fue designado Gobernador de Montevideo y Comandante General de la Campaña. Pivel interpreta esto como un paso importante “en el proceso de unificación de nuestro territorio”[6]  (a pesar de subsistir la dependencia administrativa y militar  de las otras jurisdicciones de la Banda Oriental a la autoridad bonaerense).

            La Junta de Gobierno, creada el 21 de setiembre de 1808, surgió a consecuencia de:

·         la crisis monárquica española;  
·         los temores a una posible invasión lusitana;
·         la amenaza francesa;
·         el tradicional enfrentamiento y desconfianza entre Montevideo y Buenos Aires;  y
·         las tensiones entre Elío y Liniers.

            Durante la actuación de la Junta quedaron de manifiesto “los dos sentimientos primordiales que animaban entonces a los habitantes de Montevideo: la indeclinable lealtad a la Corona y el anhelo autonomista respecto de las autoridades residentes en la Capital del Virreinato”[7]. El sentimiento autonomista  adquirió entonces el nivel de  componente arquetípico del inconsciente colectivo montevideano.

            Cuando sobrevinieron las invasiones inglesas, los comerciantes y el pueblo de Montevideo prestaron su concurso humano y material para reconquistar Buenos Aires. El éxito de la empresa permitió a los sectores dirigentes de Montevideo, reiterar en sus informes a la Corona, la necesidad de crear un Consulado y la Intendencia. La ocupación británica de Montevideo provocó varios cambios, entre ellos la implantación del comercio libre. Los artículos introducidos por los ingleses ocasionaron disputas con Buenos Aires pues las autoridades pusieron trabas para su libre circulación. Los orientales tomaron conciencia de sus posibilidades en el plano militar, las ventajas del libre comercio y del desprecio de Buenos Aires por los méritos de la Reconquista.

            La Junta de 1808 se mantuvo fiel a la Corona, pero reivindicó con firmeza las aspiraciones de los vecinos de la ciudad. Elío actuó en consonancia con la Junta y jugó un importante rol. Con sus actitudes contribuyó a romper la unidad del Virreinato, especialmente al autorizar -amparándose en el carácter excepcional de las circunstancias- el comercio con ingleses. 

            Toda la argumentación piveliana para justificar el surgimiento de la Junta y su importancia en la evolución posterior de los acontecimiento, parte de la debilidad del Virreinato que fue incapaz de generar fuerzas cohesivas e integradoras. Además de los  argumentos probatorios propios, apela a la opinión de destacados historiadores, como  Emilio Ravignani, que lo confirman.

            Los cabildos, por su parte, cumplieron un rol dispersivo: expresaron y canalizaron tendencias particularistas, defendieron los intereses de las ciudades que representaban. Particularmente el de Montevideo actuó en contra de las medidas unitarias tomadas por el Virrey y la Audiencia. La Junta procedió de manera similar pero con mayor vigor pues la integró el propio Gobernador y protagonizó un enfrentamiento formal con las autoridades de la capital. Logró reunir en un sentimiento y en una lucha comunes a los sectores socialmente hegemónicos (hacendados y comerciantes).

            Para Pivel, la “lucha de puertos” se generó por los intereses y aspiraciones de hacendados[8] y comerciantes[9]. Estos grupos de presión habían sido favorecidos por  disposiciones reales[10] que estimularon el desarrollo del puerto, dinamizaron la vida económica de Montevideo y contribuyeron al afianzamiento de las tendencias localistas. Las reivindicaciones de estos sectores representan la autoafirmación local frente a una alteridad rechazada y la identificación con el "ser de una región", elementos configuradotes de identidad.

            La Banda Oriental estaba sometida a la capital por lazos artificiales de naturaleza administrativa; era un mero apéndice de la misma. Sus peculiaridades geográficas y su pujanza económica justificaban el reclamo de un trato distinto. En Montevideo el espíritu de puerto fue el "germen de más amplias aspiraciones políticas"[11].

            Elío desempeñó un rol protagónico, “al canalizar en una tan radical decisión los sentimientos de Montevideo, se convirtió en 1808 en el caudillo que interpretaba la voluntad popular”[12]. Pivel sugiere una fuerte simbiosis entre el Gobernador y la ciudad hacia la que mantuvo siempre un especial cariño. Sin pretender analizar el sentido dado por Pivel a la expresión “caudillo” -o a la pertinencia de su aplicación a Elío en el contexto de 1808-, resulta evidente que ve en el personalismo un factor para explicar el  devenir de los acontecimientos. Recordemos que el autor considera fundamental la acción  de los  caudillos durante la Revolución y la posterior etapa independiente. La Junta fue posible porque contó con un dirigente decidido y poderoso que la respaldó y guió.

            Elío consideró legítimos los anhelos de comerciantes y hacendados y éstos lo respaldaron:

            “Con el carácter de disposición transitoria, impuesta por las exigencias que resultaron de su ruptura con la Capital, Elío autorizó el comercio con los ingleses por el puerto de Montevideo como medio de fomentar los ingresos fiscales de su Aduana, con cuya providencia contribuyó, desde luego que sin proponérselo, a debilitar aun más la estructura del régimen monopolista. Mariano Moreno en su `Representación` de los hacendados del Río de la Plata, habría de recordar poco después en defensa de su tesis, la trascendencia de esta medida”[13].

            El capítulo XIX titulado “El comercio con los extranjeros y la crisis del sistema económico tradicional” profundiza el estudio de las medidas liberalizadoras, su influencia y alcance: “Al comentar los efectos de esta medida en 1810, D. José de Salazar, jefe del Apostadero de Montevideo, la consideraría como `el más decidido paso hacia la pérdida de estas provincias`”[14].

            Un estudio desde el punto de vista del análisis del discurso contribuye a clarificar las estrategias narrativas del autor en orden a la justificación de sus proposiciones.

            En Raíces… el discurso informa el relato[15] y predomina sobre éste. Es un discurso que utiliza en  ocasiones claves el pronombre personal "nosotros" y el pronombre posesivo "nuestro" como marcadores retóricos para definir la pertenencia del autor y del lector a una comunidad autocontinentada: Uruguay o la nación oriental. La trama se expone en forma de enunciación narrativa. A través de frecuentes conmutaciones  de tiempos narrativos en discursivos y viceversa aparece el discurso del autor  para justificar y probar sus tesis.

            Cuando Pivel estudia la Junta de Gobierno y su significación predominan los tiempos del relato: expone hechos objetivos, que tienen realidad histórica autónoma y son independientes de la voluntad del narrador. Esta linealidad pretérita se rompe cuando debe explicitar su opinión, y lo hace especialmente en una ocasión para especular sobre la debilidad del Virreinato:

                 /(a)/ "Los virreinatos del siglo XVI surgieron en medios más plásticos, en pleno desarrollo de la colonización; los virreyes representaban entonces a la monarquía en un período de prestigio; el del Río de la Plata se formó  cuando declinaba ya el esplendor de la realeza, cuya autoridad prolongaban aquellos magistrados.

                 /(b)/ "Las instituciones gravitan en la formación de un pueblo por el poder de la autoridad que representan y por su fuerza social. Durante la época colonial, en la Banda Oriental podrá haber  ejercido el Virrey su autoridad política y militar (…) pero es evidente que no se percibe su influencia social.  /(c)/ En más alto grado, por la índole de sus funciones, como señala Matienzo, habría podido ejercer esa influencia social la Real Audiencia, pero establecida en 1783 no tuvo tiempo para ello. Por otra parte, la influencia cohesiva de la Audiencia fue anulada por las fuerzas dispersivas de carácter económico congregadas en torno al puerto de Montevideo situado en la margen opuesta del gran río" [16].

            Puede observarse que las conmutaciones de /(a)/ a /(b)/, y de /(b)/ a /(c)/ son radicales y ágiles. En el primer caso no existe ninguna transición del relato al discurso: la utilización en /(a)/ del indefinido -"surgieron", "formó"- e imperfecto -"representaban", "prolongaban"- da cuenta de los distintos momentos de creación de los virreinatos americanos y en especial la fundación a destiempo del Virreinato del Río de la Plata. En /(b)/ el autor irrumpe en la narración opinando sobre la importancia de las instituciones en la "formación" de un pueblo y esboza, en base a la regularidad invocada, una especie de ley histórica -marcada por los presentes "gravitan" y "representan"-. Su no aplicabilidad al caso rioplatense explicaría la dispersividad oriental. Pivel convalida su opinión refiriendo los hechos como un narrador contemporáneo -"(...) es /presente/ evidente que no se percibe /reflexivo presente/ su influencia social"-. Procura relativizar las fronteras cronológicas haciendo contemporáneo lo expuesto. La intervención subjetiva del autor se apoya en los hechos objetivos sobre los que está escribiendo. 

            La segunda conmutación no implica un rompimiento temporal pues utiliza como tránsito el presente -"señala"- y el potencial -"habría podido"- para poner el ejemplo de otra institución muy fuerte como la Real Audiencia que al igual que el virreinato fue instaurada tarde. En /(c)/  Pivel avala su "ley" apoyándose en Matienzo, culmina volviendo al pasado -pretérito indefinido: "tuvo", "fue"- para avalar que la débil implantación del virreinato fue erosionada por el sentimiento autonomista montevideano.

            El discurso del autor cita implícitamente en este fragmento una cantidad de factores ya estudiados en el libro y que configuran la originalidad oriental. Bajo el elemento institucional aparecen los económicos, sociales y geográficos que en su conjunto operaban de forma dispersiva. Puede leerse entre líneas que el Virreinato fue una ficción jurídico-política, una entidad "contra natura" y creada a destiempo para solucionar los problemas orientales y rioplatenses.

            Factores de orden geográfico, político, económico, social  y cultural de carácter estructural -que pautaban la originalidad de la Banda Oriental dentro del Virreinato  y que paulatinamente se hicieron sentir con mayor fuerza a medida que se eclipsaba el poderío español- hicieron eclosión en 1808. El sentimiento autonomista montevideano, que representaba el sentir de toda la Banda Oriental, encontró expresión jurídica en la Junta de Gobierno.

            Con el nombramiento de Baltasar Hidalgo de Cisneros como nuevo Virrey del Río de la Plata la Junta consideró que había llegado el momento de su disolución (30 de julio de 1809); sus anhelos autonomistas fueron contemplados en los años posteriores[17].

CONCLUSIÓN


            En Raíces... Pivel proyectó el origen de la nacionalidad a la época colonial y reconoció a Artigas como héroe fundacional. Todos los caminos confluían inexorablemente hacia el año 1811. La Revolución se nutrió del sentimiento libertario de la campaña y la tendencia autonomista montevideana. Con este libro contribuyó a imaginar una comunidad nacional y definir sus referentes identitarios.

            Para Pivel, los acontecimientos de 1808 y en particular la acción de la Junta de Gobierno, fueron fundamentales para romper la endeble unidad de Virreinato del Río de la Plata. Su influjo contribuyó a darle visos de institucionalidad al sentimiento autonomista de la Banda Oriental. Todo estaba preparado para el paso siguiente e inevitable: la Revolución.

El discurso de Pivel presenta una fuerte isotopía[18] que deja pocos intersticios para la crítica. La reiteración de ideas, el aprovechamiento de distintos contextos para reforzar argumentos ya planteados, y el uso de las estrategias narrativas, fueron los recursos utilizados para sustentar sus proposiciones. Recurrió a la competencia intertextual de sus lectores. Reiteradamente el yo narrador irrumpe en el texto mostrándose portavoz de sus contemporáneos en cuanto co-propietarios de un pasado colonial común y fundante.






 
Bibliografia y fuentes


Fuentes


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Raíces coloniales de la Revolución Oriental de 1811. Montevideo. Editorial Medina, 1957


Fuentes


PIVEL DEVOTO, Juan, Francisco Bauzá. Historiador y adalid de la nacionalidad uruguaya. Luchador político y social, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1968, 2 volúmenes.



Bibliografía

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