El Uruguay de la primera modernización.
El Uruguay de la primera modernización.
La Revolución del lanar como disparador: años clave entre 1860-1868
Apuntes de clase. Prof. Miguel J. Lagrotta.
La producción ganadera y el comercio fueron durante el siglo XIX las principales actividades económicas de nuestro país. Los productos eran el cuero y la lana, y el tasajo y también los principales rubros exportables. La ganadería tuvo dos grandes momentos que se definen por la especialización en la producción: la estancia cimarrona y la estancia-empresa cuyos modelos convivieron durante mucho tiempo.
La estancia cimarrona se desarrolló en el periodo durante el cual la explotación del ganado se hacía con el objetivo de extraer el cuero que era el producto que Europa necesitaba en pleno desarrollo de la Revolución Industrial. Los ingleses compraban los cueros para las correas utilizadas en las maquinarias industriales y todos los insumos de los ejércitos. Queda claro que la carne se consumía en el momento de la faena como alimento de los faeneros. La mayor parte del animal no se utilizaba. También se proveía de ganado a los saladeros para la producción de tasajo, primera forma industrial que tuvo la industria de la carne. Poco desarrollo tecnológico se necesitaba para este tipo de emprendimiento.
La estancia empresa se caracterizó por introducir tecnología en la producción. El alambramiento de los campos a partir de 1870 va a permitir manejar el rodeo permitiendo controlar la reproducción del ganado y mejorar la utilización del ganado. Con esta nueva tecnología el estanciero necesita importar de Inglaterra, razas finas de vacunos y alambres e instrumentos.
La introducción del ganado ovino permitió:
1) La primera oportunidad para los productores de la apertura del mercado mundial de lanas.
2) La oveja ideal para la producción era el Merino el cual se adaptaba muy bien al clima de la región.
3) Las razas ovinas de carne no se van a desarrollar hasta 1890 debido a necesidades regionales de consumir este producto( Argentina)
4) Producción: 1866 Malman y Cía. De Soriano: 60000 ovejas produciendo 62100 kilos de lana, Wendelstadt y Cía de Paysandú: 54100 ovejas produciendo 88500 kilos de lana, Drabble Hnos. de Colonia, 53800 ovejas con 94000 kilos de lana.
5) La explotación se concentraba en los departamentos de: San José, Colonia, Soriano, Paysandú y Florida alcanzando en la suma de todos ellos el 80% del total del país en esos años.
6) La explotación, entonces, se concentraba en el litoral y en el centro-sur del país donde predominaban inmigrantes extranjeros con un gran equilibrio en materia de tenencia de tierras.
7) 1852 795000 ovinos, 1860 creció a 2.594.000 un porcentaje muy alto para un periodo tan corto.
8) Ovino fuera el primer elemento que modifica la estructura de producción tradicional del medio rural.
9) En la década de 1860 cambia de mentalidad el empresariado nacional dirigiéndose hacia el capitalismo moderno.
El final de la Guerra Grande y las incertidumbres políticas produjo una crisis en la producción económica. Esta crisis afectó más al pequeño y mediano productor por la carencia de recursos para hacer frente a esta situación. La producción por legua cuadrada permite que 2000 vacunos originen 150 novillos. En tanto 15000 ovejas producen en lana 4 veces más de dinero.
Al requerir menor extensión de campo para su explotación y que su producción principal principal, la lana era un producto cotizado internacionalmente se asegura la demanda. Habitante sin capital podían hacerse de ovejas fácilmente iniciando la producción como agregados en los lindes de las estancias. Cuidaba la majada del patrón y se quedaba con algunas crias. El papel de los extranjeros fue fundamental, ingleses y franceses fue fundamental porque:
1) Eran los exclusivos importadores de vientres.
2) Muchos vinieron al país a desarrollar las ovejas.
3) La oveja necesitaba cuidados para manejarlas, para su crianza, para su cruza, generando un elemento cultural que los distinguía de los estancieros y del peón rural.
4) Conocían además la importancia de la industria textil y de la demanda de ese producto en los mercados europeos.
5) Los elementos que asentaron la explotación ovina en nuestro país fueron: a) La crisis del bovino, b)deseo de desarrollo de la clase media rural debilitada, c) facilidad para procurarse ovinos y d) el desarrollo de la industria textil.
La demanda europea
En Europa se cambia la producción lanar por cárnica en los ovinos. La oveja brinda 20 kg de carne o 2 kg de lana. La población industrial inglesa había aumentado considerablemente y por esa causa se necesitaban grandes cantidades de alimentos. Tres zonas mundiales llaman la atención para la producción lanar: El Cabo, Río de la Plata y Australia. En 1878 Inglaterra importó 181 millones de kg de lana bruta, reexportó 93 millones quedando en el país el 48,5%. La industria utilizó el resto para sus manufacturas. Los ingleses que vinieron al país compran campos, trajeron carneros y vientres finos y criaron ovinos.
La opinión de un prestigioso integrante del sistema productivo en 1878 sostenía:
“La campaña ha entrado en caja, y solo por tener nublada la vista y tupida la inteligencia es que puede negarse esta palpable verdad. La campaña ha entrado en caja y para conocer como se reconoce el principio de autoridad, basta visitar un galpón de esquila; en él se observa un comedimiento, una puntualidad, un deseo de agradar y de cumplir cada uno con su deber, que nos eran desconocidos en otros tiempos, en que tales trabajos infundían temor y hasta dudas de tranquila y sosegada conclusión” Domingo Ordoñana, noviembre de 1878.
La Industria de la carne.
Después de la Guerra Grande la industria saladeril tuvo un fuerte impulso. Generalmente estos establecimientos, los saladeros, se ubicaron cerca de los ríos para bajar los costos de transporte y comunicaciones, además proveer el agua para otros usos de la producción de carne salada(tasajo). El saladero más importante era el de Samuel Lafone, llamado “La Teja” que llegó a procesar 1200 animales diarios. En 1870 en Montevideo había nueve saladeros que daban trabajo a 2500 personas. En tanto que en el resto del país se llega a la suma 20 establecimientos con 6600 personas trabajando. Los principales mercados eran Cuba y Brasil y el producto se utilizaba para alimentar a los esclavos. A partir de 1861 se comienza a producir carne cocida y enlatada siendo el principal emprendimiento la Liebig´s Extract of Meat Company en Fray Bentos y en Trinidad la Extractum Carnis de la Trinidad. Sus principales destinos eran los ejércitos europeos que llevaban adelante el imperialismo en Africa y en Asia.
Adjunto una ampliación de la industria del saladero realizada por Rodrigo Morales Bartaburo en 2010: rodrigomoralesbartaburu.blogspot.com.
Del saladero nacional al frigorífico extranjero
Salar carne vacuna para su conservación era una práctica extendida en la región del Río de la Plata. Sin embargo el uso estaba casi restringido al ámbito privado y a pequeñas cantidades, dada la profusión de ganado que presentaban estas tierras y por lo tanto a la facilidad de acceder a la carne en estado fresco.
Cuatro hechos contribuyeron para que a partir del último cuarto del siglo XVIII el tasajo se convirtiera en un producto de exportación intensivo, creándose una industria a partir de su elaboración.
1) El reglamento de libre comercio y aranceles dictado en 1778 por Carlos III autorizando el comercio intercolonial.
2) La existencia de colonias españolas con economías basadas en explotaciones agrícola-industriales demandantes de importante cantidad de mano de obra esclava, caso de la caña de azúcar en las Antillas Mayores, Cuba y en menor medida Puerto Rico, y en la isla La Española (hoy República Dominicana y Haití).
3) El crecimiento de la producción cafetera y azucarera en el noreste de Brasil con un sistema de explotación similar al cubano.
4) Una Banda Oriental con hacienda vacuna abundante y barata, clima templado que favorecía el proceso de conservación de la carne y amplia disponibilidad de puertos naturales apropiados para el embarque del tasajo.
Estas razones motivaron la instalación de los primeros saladeros en suelo oriental, pero como veremos enseguida, aún faltará mucho para denominarla industria.
Ver:
https://profelagrotta.blogspot.com/2011/05/el-uruguay-de-la-primera-modernizacion.html
LAS PRIMERAS SALAZONES
En los comienzos no existían establecimientos saladeriles propiamente dichos pues no había corrales para el encierro de los animales, playa de matanza para el sacrificio de los mismos, ni galpones cubiertos para manipular la carne y estacionar el tasajo. Todo se hacía a campo abierto, de manera rudimentaria y primitiva, en lugares donde la abundancia de hacienda y vías de transporte facilitaban la obtención de la materia prima y el traslado de los productos emanados de la faena. No se llevaba el vacuno al lugar físico donde funcionaba el saladero sino que, por el contrario, éste se transportaba e iba en busca de la hacienda, adecuando su accionar a la geografía del lugar.
Virtualmente el ganado se cazaba. Para lograrlo se empleaba el sistema llamado “manguera”, consistente en perseguirlo hasta encajonarlo en la horqueta formada por la desembocadura de dos ríos o arroyos. Allí intervenían los desjarretadores, jinetes hábiles que pasando a galope junto a la res, con un instrumento cortante en forma de media luna que pendía de un lanza de aproximadamente 2 metros de largo -por lo general una caña de tacuara-, cortaban el garrón de la pata más distante volteando el animal hacia el otro lado. Detrás venían los matadores, que desnucaban al animal caído con un pequeño cuchillo, y de inmediato los desolladores, que extraían el cuero y las carnes más aptas para la salazón, mantas y postas, mientras otros separaban el sebo y la grasa. Luego todo era trasladado al campamento, lugar en el cual los cueros eran estaqueados, la grasa derretida en grandes ollas y la carne salada en improvisadas tinas de salmuera. En el campo quedaban huesos con partes de carne, entrañas, cabeza y el resto del animal. Era el “desperdicio”, del que se alimentaban las fieras y las cada vez más numerosas jaurías de perros cimarrones.
Este sistema de trabajo ha hecho que en muchas partes del país perduren en los nombres de arroyos como Pando, Pavón, Garzón, Rocha, Cufré y tantos otros más, el recuerdo de los dueños de faenas importantes de la época.
Así fue desarrollándose ese eufemismo denominado industria saladeril, en realidad una vaquería que aprovechaba parte de la carne, salándola.
LOS SALADEROS FORMALES (1781-1840)
Aunque por el año 1755 se formalizaron algunas de las explotaciones existentes, preludio de una nueva etapa en la vida de esta actividad, el primer saladero propiamente dicho que se estableció en el país con el fin de procesar carnes para la exportación fue fundado recién en 1781 por el porteño Francisco Medina en su estancia del arroyo Colla, situada en la cercanía de la actual ciudad de Rosario, departamento de Colonia. Le siguió en 1783 el de Francisco Maciel, ubicado en Montevideo, junto al arroyo Miguelete.
El primer embarque experimental de tasajo con destino a La Habana (Cuba), consistente en 4.870 quilos de producto, fue realizado en 1784 desde Montevideo por el comerciante catalán Juan Ros en el velero español Los Tres Reyes. La experiencia resultó positiva y en un segundo viaje se despacharon 147.000 quilos.
Para el período 1785-1793, se mencionan como cargados desde la Banda Oriental para la isla de Cuba un total de 6.379.000 quilos de tasajo en 46 buques diferentes.(4)
Lo inservible, modo como se denominaba hasta entonces en las vaquerías a la carne, comenzó a tomar valor.
A partir de la invasión inglesa (1807), los sucesivos acarreos y consumos realizados por los revolucionarios de la lucha por la independencia y las sustracciones practicadas por los diversos ejércitos de ocupación afectaron el stock ganadero oriental, haciendo mermar -casi hasta desaparecer- la actividad tasajera por carencia de materia prima y puertos de exportación. Lograda la “independencia” en 1828, la inestabilidad política y los conatos de guerra civil no generaron el clima propicio para nuevos emprendimientos saladeriles, los que recién comenzarán a concretarse hacia 1840.
LA INESTABILIDAD (1840-1852)
Varios de los establecimientos creados a partir de 1840 presentan marcadas diferencias de infraestructura, funcionamiento y condiciones de higiene respecto a los del período anterior.
En la medida en que la tarea del saladero comenzó a perder algo de ese aire a yerra y estancia que hasta entonces había predominado en su interior, la fisonomía de los nuevos establecimientos se asemejó al de una industria. Aunque no todos, algunos ahora contaban con corrales para la recepción de la hacienda, playa de faena con piso impermeable, torno para el arrastre del animal faenado y galpones para la salazón de los cueros, el estacionamiento de los productos elaborados y los restante servicios anexos, tales como carpintería y herrería.
El primer saladero de esta segunda etapa fue el de Juan Hall, fundado en 1841 en la zona de Tres Cruces (Montevideo). Le siguieron, entre otros, el de Hipólito Doinnel en el Cerro, que contaba además con jabonería, fábrica de ácido sulfúrico, velas y horno de cal, y el de Juan Illa Viamonte en Pocitos. En 1842 Samuel Lafone construyó un establecimiento saladeril en lo que hoy es el barrio de La Teja, un punto estratégico de la bahía de Montevideo que por su ubicación venía a resolver uno de los aspectos económicos que aquejaba el negocio: el de aminorar gastos en la movilización y embarque de los productos. En ese mismo año la industria saladeril incorpora un adelanto significativo al instalarse en el establecimiento de Martínez Nieto máquinas de vapor para la extracción de gorduras, logrando con ese método un mejor aprovechamiento de los subproductos.
Un elemento exógeno, la guerra civil en Río Grande del Sur, contribuyó en una parte de este período a que la industria saladeril adquiriera un impulso inusitado a consecuencia del traslado a Montevideo de varios empresarios brasileros con establecimientos radicados en la zona de Bagé y Pelotas, próximos a la frontera uruguaya. Así se instaló a orillas del arroyo Pantanoso el saladero de Machado y Viñas, sobre la bahía el de Chaves y en el Cerro el de Maracao.
Este resurgimiento de la industria saladeril no se extendió en el tiempo y hacia mediados de 1843, con el inicio del sitio de Montevideo por las fuerzas de Manuel Oribe, puede considerárselo terminado.
La Guerra Grande (1843-1852) provocó una significativa destrucción de la riqueza pecuaria que virtualmente paralizó la industria de los saladeros. De todas maneras, pese al conflicto, algunos continuaron en actividad, principalmente los ubicados en la costa del río Uruguay y otros del Buceo y Paso Molino (Montevideo), zonas bajo control del gobierno del Cerrito.
PAZ Y SUPERPRODUCCIÓN (1853-1865)
Desde un abordaje socioeconómico, político e incluso demográfico, la conclusión de la Guerra Grande representó una suerte de línea divisoria en la historia del espacio geográfico del Río de la Plata, un antes y un después en la vida de la región y el Uruguay. Significó, entre otras cosas, nuestro ingreso al sistema capitalista moderno.
Al tiempo que se unifica la totalidad del territorio nacional bajo un mismo gobierno, comienza el retorno de la población que había emigrado buscando escapar al conflicto fraticida y se intensifican los movimientos migratorios desde Europa hacia América. En 1852, el mismo año del fin de la guerra, se realiza un censo nacional que determina una población de 131.000 habitantes para todo el territorio, de los cuales 31.000 se radicaban en Montevideo. Y se calcula la riqueza pecuaria: 1.900.000 vacunos y 660.000 ovinos. Las cifras confirman la sospecha de muchos: el país tenía menos habitantes y menos ganado. En los años siguientes todo crecerá en forma significativa; en 1871 los ovinos llegarán a 13.000.000 de cabezas y los vacunos a 7.000.000; en 1875 la población uruguaya se estimará en 450.000 personas.
A comienzos de la segunda mitad del siglo XIX las economías capitalistas de Estados Unidos y Europa occidental -con Gran Bretaña como motor- continuaban su ciclo expansivo patentizado en grandes inversiones en ferrocarriles, transporte marítimo y monumentales obras de infraestructura. Al mismo tiempo, en esos países comenzaron a generarse importantes remanentes monetarios que buscando utilidades más elevadas que las que se lograban en su lugar de origen empezaron a invertirse en los nuevos mercados emergentes. La favorable situación de la economía internacional y la paz política interna coadyuvaron para hacer del Río de la Plata un espacio atractivo en el cual colocar los cada vez más abundantes productos manufacturados que generaba la rápida industrialización europea, y también un sitio propicio para invertir en el sector de los servicios públicos, área hasta entonces casi inexistente en la región. Bajo estas circunstancias el Río de la Plata comienza a ser receptor de importantes flujos de inversión extranjera, principalmente británica, con la implantación de los adelantos tecnológicos de la época.
Desde 1852 los barcos a vapor de la inglesa Royal Mail Line unen con regularidad en un viaje que insume poco más de un mes, a Montevideo con las principales capitales de Europa. Aparece el alumbrado público a gas, el agua corriente y por supuesto el telégrafo, que permite un rápido tráfico de la información al conectarnos primero con la Argentina y poco tiempo después con Brasil y el resto del mundo. Entretanto, el ferrocarril acorta las distancias disminuyendo el tiempo y los costos del transporte de las mercaderías.
La frágil paz política, el restablecimiento paulatino de la vida económica y el clima de relativa seguridad jurídica-administrativa produjo una rápida recomposición del stock ganadero y, por derivación, también una mayor actividad de la industria tasajera.
Lamentablemente la carne salada tenía mercados externos acotados. Era un alimento consumido por poblaciones de magros o nulos ingresos, caso de los esclavos de los cafetales brasileros y cañaverales cubanos, economías ambas con definidos caracteres monoproductores y mercado-dependientes. En consecuencia, su suerte quedaba íntimamente ligada a los precios que lograran dichos productos en sus respectivos mercados externos y a los avatares político-económicos de los consumidores de café y azúcar. Un claro ejemplo de esta ligazón ocurrió entre los años 1857 y 1865 cuando los precios del azúcar y el café se derrumbaron por la Guerra de Secesión de los Estados Unidos (1861-1865), ya por entonces primer receptor del café de Brasil y de buena parte del azúcar de Cuba. El conflicto civil norteamericano que opuso a unionistas y sureños significó en esos años menores compras de café y azúcar por parte de EEUU, provocando una importante caída en las cotizaciones de esos productos y dificultades para colocar los saldos en otros mercados, lo que redundó en menores volúmenes exportados por parte de Cuba y Brasil.
Las derivaciones llegaron hasta el Uruguay, hundiendo las ventas de tasajo a Cuba y Brasil. Como no podía ser de otra manera el cimbronazo repercutió en toda la cadena productiva, resintiendo dramáticamente el valor de la materia prima que se utilizaba para preparar el tasajo: en el quinquenio 1857-1862 el precio de la hacienda vacuna descendió más del 50%.
La paz política, un concepto que para muchos coetáneos no representaba más que un circunloquio, era un bien añorado e invalorable para los detentores de la riqueza vacuna. Quizás de manera algo ingenua suponían que significaba la solución a todos los males que aquejaban a la República, generando una falaz simbiosis entre los intereses generales del país y los suyos particulares. Es cierto que la distensión del clima político acarreaba la rápida recuperación ganadera, pero si ésta se prolongaba en el tiempo, la superproducción que traía aparejada y nuestra dependencia en materia de mercados consumidores de tasajo nos arrastraban a la crisis retrotrayéndonos a la “edad del cuero”, a las corambres, a la época “bárbara” en la que la carne se tiraba.
Duro llamado de atención: nuestras dificultades no se limitaban ni se resolvían únicamente a partir de la existencia de un clima de paz política. La estabilidad y el consiguiente aumento de la producción agropecuaria no aseguraban, por sí solas, la solución de los problemas del Uruguay.
CONSOLIDACIÓN Y APOGEO (1866-1899)
Como tantas veces en la historia del Uruguay la salida de la crisis interna provino del exterior. Tan pronto finalizó la Guerra de Secesión, la economía de EEUU ingresó en una fase dinámica de extraordinario crecimiento. El efecto cascada contagió los mercados del azúcar y el café, que pronto recuperaron los precios y volúmenes de antes de la crisis. Entonces sí el tasajo volvió a ser un producto de fácil colocación en Brasil y Cuba.
En este período la industria de los saladeros se afianzará adquiriendo las facetas básicas que expondrá en los años subsiguientes y hasta su definitiva desaparición.
Tradicionalmente la mayoría de los saladeros uruguayos se emplazaron en Montevideo y el Litoral oeste, en lugares próximos a vías de agua importantes que posibilitaran por un lado el fácil desecho de los subproductos por entonces no industrializables, y por el otro el embarque de los productos resultantes de la faena, tasajo, cuero, grasa y sebo, a los mercados de consumo.
Esta disposición geográfica arrastrada desde la misma aparición de la industria terminó consolidándose en este período. Hacia fines del siglo XIX la totalidad de los 12 saladeros instalados en Montevideo que poseían actividad continua se ubicaban en las adyacencias de la bahía, la mayoría en la novel Villa del Cerro, y los más importantes del Litoral en las riberas de los ríos Uruguay y Cuareim.

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