Unidad 5
Crisis del modelo batllista, transición económica e industrialización defensiva en el Uruguay (1910–1945)
El modelo de desarrollo impulsado por José Batlle y Ordóñez constituyó una de las experiencias reformistas más avanzadas de América Latina en las primeras décadas del siglo XX. Basado en la expansión del rol del Estado, la regulación del mercado, la estatización de servicios estratégicos y una ambiciosa política social, el batllismo buscó compatibilizar crecimiento económico con cohesión social. Sin embargo, este proyecto encontró límites estructurales, resistencias internas y, finalmente, un contexto internacional profundamente adverso que forzó su transformación.
Desde el punto de vista económico, una de las propuestas más controvertidas fue la idea de aplicar un impuesto progresivo a la productividad de la tierra, inspirada en el pensamiento de Henry George. Esta iniciativa apuntaba a captar socialmente la renta diferencial del suelo, cuestionando el poder del latifundio y la estructura agraria tradicional. Como señalan Barrán y Nahum, el planteo tocaba “intereses demasiado sólidos como para prosperar plenamente en una sociedad aún dominada por grandes propietarios rurales” (Barrán & Nahum, 1979). La resistencia de los sectores agrarios marcó uno de los primeros límites del consenso batllista.
A estas tensiones se sumaron las críticas al crecimiento del gasto público, particularmente en relación con la seguridad social, las jubilaciones y la legislación laboral. Para los opositores liberales y conservadores, el Estado batllista avanzaba hacia una estructura onerosa y poco sostenible; para el reformismo, en cambio, se trataba de una inversión estratégica destinada a construir ciudadanía económica y estabilidad social a largo plazo.
El problema de la vivienda popular expuso otro flanco débil del modelo. El acelerado crecimiento urbano, impulsado por la inmigración y la concentración de servicios en Montevideo, generó graves problemas habitacionales. Si bien el Estado abordó la cuestión desde una lógica higienista y gradual, los avances fueron insuficientes frente a la magnitud del fenómeno, lo que alimentó el discurso crítico sobre la distancia entre el proyecto reformista y la realidad social.
En el plano internacional, la crisis mundial de 1913 y, posteriormente, la Primera Guerra Mundial alteraron profundamente la economía uruguaya. Durante el conflicto, el país se benefició coyunturalmente de la demanda de alimentos por parte de los Aliados, consolidando su papel como proveedor confiable de carnes y lanas. Sin embargo, este vínculo generó una paradoja estructural: Uruguay exportaba bienes reales y acumulaba créditos comerciales difíciles de cobrar en divisas, ya que las economías europeas salían devastadas del conflicto. Como señala Finch, el país quedó atrapado en un sistema financiero internacional frágil, dependiente y asimétrico (Finch, 2005).
La década de 1920 mostró un crecimiento irregular y crecientemente dependiente del contexto externo. La crisis de 1929 marcó el quiebre definitivo del modelo agroexportador liberal: caída abrupta de los precios internacionales, contracción del comercio, disminución de ingresos fiscales y aumento del desempleo. El Estado batllista clásico, concebido para regular la abundancia, se encontró sin herramientas suficientes para administrar la escasez. Este escenario abrió paso a un nuevo tipo de intervención estatal, más directa, defensiva y centralizada.
En este marco, el Banco de la República Oriental del Uruguay adquirió un papel decisivo. Durante la década de 1930, el BROU dejó de actuar únicamente como banco comercial para convertirse en un instrumento central de la política económica. Reguló el crédito en un contexto de contracción financiera, administró deudas externas y comerciales —incluidas las contraídas por los países aliados durante la guerra— y facilitó mecanismos de compensación ante la escasez de divisas. Carlos Real de Azúa describió este proceso como una “bisagra histórica entre el viejo liberalismo económico y el nuevo intervencionismo estatal” (Real de Azúa, 1964).
La muerte de José Batlle y Ordóñez en 1929 tuvo un profundo impacto simbólico y político. Poco después, el ascenso de Gabriel Terra significó una ruptura con el equilibrio liberal-reformista. El terrismo se caracterizó por la centralización del poder, la restricción de libertades políticas y una intervención económica más autoritaria, justificada por la emergencia. La creación del Comité de Vigilancia Económica expresó la voluntad de controlar precios, comercio y abastecimiento en un contexto de crisis prolongada.
Este período consolidó el giro hacia la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). Lejos de ser un proyecto ideológico coherente desde el inicio, la ISI uruguaya fue una respuesta pragmática a la escasez de divisas, a las restricciones comerciales y al colapso del comercio mundial. El Estado asumió un rol activo como productor, financiador y planificador, promoviendo una industrialización selectiva y defensiva.
Dentro de este esquema, la creación de ANCAP en 1931 constituyó un hito estructural. ANCAP no fue solo una empresa pública, sino una herramienta de soberanía energética y un pilar del nuevo modelo económico. El control estatal de la importación, refinación y distribución de combustibles buscó reducir la dependencia externa y asegurar insumos estratégicos para la industria nacional.
Esta política generó un enfrentamiento directo con las grandes petroleras internacionales, conocidas como las Seven Sisters oil companies, que controlaban el mercado mundial del petróleo. Las presiones comerciales, diplomáticas y financieras pusieron a Uruguay en una posición singular: un país pequeño que desafiaba intereses transnacionales en nombre de la autonomía económica. Como subraya Nahum, el monopolio estatal de los combustibles anticipó debates latinoamericanos posteriores sobre recursos estratégicos y desarrollo nacional (Nahum, 1998).
El estallido de la Segunda Guerra Mundial reforzó la validez de estas políticas. Las dificultades de abastecimiento, el carácter estratégico de la energía y la inestabilidad del comercio internacional consolidaron la idea de un Estado fuerte, capaz de intervenir directamente para garantizar el funcionamiento de la economía. La ISI uruguaya no fue masiva, pero sí decisiva para sentar las bases del Estado desarrollista de la posguerra.
Comparación entre la economía batllista clásica y la economía terrista–ISI
Dimensión | Batllismo clásico (1903–1929) | Terrismo / ISI (1930–1945) |
Modelo económico | Agroexportador regulado | Industrialización defensiva |
Rol del Estado | Regulador y reformista | Productor, planificador y controlador |
Inserción internacional | Apertura comercial | Protección y control del comercio |
Política social | Expansiva | Contenida y subordinada a la estabilidad |
Instituciones clave | Empresas públicas, legislación social | BROU, ANCAP, Comité de Vigilancia |
Energía | Dependencia externa | Monopolio y soberanía estatal |
Relación con capital extranjero | Negociación | Conflicto y regulación |
En síntesis, el pasaje del batllismo clásico al modelo terrista–ISI no implicó una negación total del reformismo, sino su transformación bajo condiciones de crisis estructural. El Estado uruguayo dejó de ser únicamente garante de derechos para convertirse en escudo económico frente a la inestabilidad global, sentando las bases del Uruguay desarrollista de mediados del siglo XX.
Bibliografía
Barrán, J. P., & Nahum, B. (1979). Historia rural del Uruguay moderno. Tomo V: El Uruguay del Centenario. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Barrán, J. P., & Nahum, B. (1981). Batlle, los estancieros y el Imperio Británico. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Finch, H. (2005). Historia económica del Uruguay contemporáneo (1870–2000). Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Jacob, R. (1981). El Uruguay de Terra. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Nahum, B. (1998). Manual de historia del Uruguay. Tomo II: 1903–1930. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Real de Azúa, C. (1964). El impulso y su freno. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
Yergin, D. (1991). The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power. New York: Simon & Schuster.

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