Enfoque crítico sobre el primer batllismo.
Tomado de
ENSAYOS DE HISTORIA ECONÓMICA: URUGUAY EN LA REGIÓN Y EL MUNDO
Luis Bértola
Fragmento.
“Podría decirse que la preocupación del Primer Batllismo por el tema social y las diferentes iniciativas legislativas al respecto, dejaron la imagen de que las condiciones de vida de las clases trabajadoras habrían sufrido un proceso de claro mejoramiento. Más allá de denuncias de necesidades básicas insatisfechas, de la existencia de trabajo infantil, de informes de oficinas de gobierno denunciando situaciones precarias, jornadas de trabajo muy extensas y niveles de ingreso muy bajos, globalmente ha predominado la idea de que el Primer Batllismo habría conformado uno de los primeros “Estados de Bienestar” del mundo. Aun reconociendo el rol de la organización sindical, los méritos principales aparecían en el accionar del Estado, en l
os componentes ideológicos de una doctrina de avanzada y en la capacidad de liderazgo de un hombre creador de su tiempo. La continuidad del flujo inmigratorio constituía una especie de aval internacional de tal situación beneficiosa para los trabajadores. Esta visión un tanto ideológica, personalista y aun pragmática del Primer Batllismo, pudo sustentarse en tanto las bases socio-económicas del período eran poco conocidas o estudiadas. Desde diversas tiendas esa visión fue poco a poco cuestionada. Desde el punto de vista clasista obrero, diversos estudios han relativizado los logros del Primer Batllismo y el rol paternalista del Estado, adjudicando al movimiento sindical los méritos de las conquistas y a su debilidad los motivos de las demandas insatisfechas. Por otra parte, los trabajos de Barrán y Nahum han ilustrado sobre las luces y sombras del Primer Batllismo, sobre sus limitaciones e inconsistencias. También contribuyeron a moldear la imagen del tiempo creador del hombre, es decir, de las condicionantes generales que hicieron posible la gestación y diseño del modelo y que, finalmente, también le impusieron limitaciones y determinaron su crisis. Entre el abanico de aportes de Barrán y Nahum cabe destacar un estudio de los salarios y el costo de vida de los trabajadores. La información reproducida sobre el salario real de obreros especializados, arroja el impactante resultado de una caída del 12% de los mismos ya entre 1907 y 1912 y otra caída del 23% de 1912 a 1916, totalizando una reducción del 32% entre 1907 y 1916.4 Sin duda, este resultado sacude una creencia muy difundida, desplazando el estudio de la crisis social a períodos anteriores al de la crisis económica que constatamos en 1912/1913. Extendiendo la construcción de dicha serie, se obtendría un punto de mínima en 1919, alcanzándose una caída global del 42% del salario real entre dicho año y el de 1907. Semejante caída resulta históricamente poco creíble y convoca a una rediscusión del tema. Los propios autores reproducen información sobre el salario nominal de peones y jornaleros, categorías numéricamente dominantes, que de ser expresados como salarios reales arrojarían resultados más compatibles con las creencias más difundidas y desplazan la discusión de la crisis justamente a un período más cercano a 1913. Podemos establecer la siguiente periodización:- Hasta 1909 el desarrollo predominante de los salarios reales privados se caracterizó por una tendencia creciente, en un contexto de estabilidad de precios. Algunos sectores artesanales tradicionales –como carpinteros, marmolistas, herreros, pintores y albañiles– enfrentaron ya a partir de 1908 un proceso de deterioro de los salarios nominales. •
- 1909-1911 - Se trata de un período de suma estabilidad de los salarios nominales y de los precios, característica que comparten todos los grupos de trabajadores considerados. •
- 1912-1917 - Se produce una fuerte y permanente caída del salario real, que llega a reducirse en un 31.5%. Ello resulta del desencadenamiento del proceso inflacionario y de una caída de más del 10% de los salarios nominales. • 1
- 1918-1923 - Constituye un período de recuperación. Se vuelve a los niveles de 1912, gracias principalmente a los ajustes de los salarios nominales hasta 1920 y a la caída de precios luego.
- 1924-1926 - Los salarios muestran estabilidad, al igual que los precios, en un nivel levemente superior al de 1912. El final de la década se caracteriza por el crecimiento de los salarios reales. Salarios nominales privados y públicos e IPC, 1907-1926 (1913=100) Fuente: Bértola, L., Calicchio, L. y Schonebohm, D.
EL MODELO DEL PRIMER BATLLISMO
El Primer Batllismo no altera el patrón de producción capitalista agrario consolidado en el último cuarto del siglo XIX. Éste se caracteriza por el predominio de la ganadería extensiva sometida a fuertes fluctuaciones estacionales, con baja absorción de mano de obra, carácter artesanal del proceso de trabajo y una dinámica tecnológica que todavía conseguía aumentos de la productividad fruto de mejoras en el manejo y el mestizaje de razas. En la segunda década del siglo emerge la industria frigorífica con fuerza, concentrando la demanda de ganado, estimulando la moderada transformación de la producción ganadera, introduciendo la producción industrial en gran escala y con gran concentración de mano de obra, anudando a los ganaderos a los procesos urbanos de transformación industrial, afirmando los vínculos con el mercado europeo. Como se ha señalado acertadamente, el frigorífico no conllevó una revolución de la producción agropecuaria sino más bien una adaptación de la estructura conservadora de la propiedad y producción ganadera a un mercado demandante de carnes de mayor calidad. Lo que resulta paradójico es el estancamiento del volumen total de las exportaciones a partir de 1912 –cuando los frigoríficos triunfan ante el saladero– lo que señala el hecho de que la transformación de dicha industria se produce al tiempo que el mercado internacional en la que se inserta comienza a mostrar síntomas de agotamiento.
La supuesta prosperidad de la guerra no parece ser más que reflejo del fuerte empuje inflacionario, especialmente hacia el final del conflicto. A pesar de sus fluctuaciones, el auge del proceso exportador y el crecimiento demográfico que constatamos desde el último tercio del siglo XIX, interactuaron para generar, junto a otros factores un muy rápido crecimiento del volumen de las importaciones a una tasa anual del 5,8% en 1900-1912, duplicando el ritmo de crecimiento de las exportaciones. Este más rápido crecimiento de las importaciones que de las exportaciones se debió en parte a la creciente capacidad de compra de las exportaciones por efecto del positivo desarrollo de los términos de intercambio que mejoraron entre un 34 y un 43% entre 1900 y 1913.
Sin embargo, el rápido crecimiento de las importaciones no era un factor independiente de este desarrollo. La recaudación aduanera generada mediante las tarifas a las importaciones era la principal fuente de financiación del Estado y contribuyó de manera decisiva al superávit de las finanzas públicas generado entre los años 1906 y 1912. En definitiva, el modelo consistía en cierta interacción virtuosa entre crecimiento exportador, crecimiento importador, formas de recaudación fiscal basadas en el comercio importador, balances fiscales positivos y capacidad de endeudamiento externo. En este contexto se profundiza el proceso de urbanización y junto con él se fortalece la red social vinculada a la economía urbana: el comercio interno y externo, los servicios públicos en manos estatales o privadas, la producción artesanal e industrial para el mercado interno, la industria de la construcción y conexas y el aparato del Estado, que irrumpe con fuerza en el área de la administración, del gasto social y, con más repercusión ideológica que económica, en el plano de la producción industrial. La economía agroexportadora ha dado lugar a una pujante economía urbana (de servicios, artesanal, manufacturera) que amenaza con alterar el balance de fuerzas socio-político sin romper la dependencia de aquélla. La diversificación productiva adquiere, sin embargo, una forma fuertemente desequilibrada. La economía doméstica muestra una estructura productiva dominada por el sector primario y el terciario y una fuerte sub-representación del sector industrial de insuficiente dinámica tecnológica y empresarial. Como veremos con más detalle, la industria juega un modesto rol en la economía, realiza una pequeña contribución a la demanda agregada y sufre un proceso de relativa desprotección.
En síntesis, el régimen de acumulación de las primeras décadas del siglo muestra continuidad con respecto al del último cuarto del siglo pasado, aunque con un creciente peso de la economía urbana, una estructura productiva y social más diversificada y con islas de taylorismo, un fortalecimiento relativo de la producción capitalista, un fuerte peso de sectores y formas de producción artesanales, bajo crecimiento de la productividad, un creciente peso de los servicios del Estado, una composición de la demanda en la que el consumo de los sectores populares juega un rol creciente, aunque aún débil, y la inversión productiva se muestra dinámica. La forma incambiada de inserción internacional mantuvo a la economía fuertemente ligada a las fluctuaciones de la economía internacional, sin que el aún débil sector doméstico pudiera constituirse en un potente amortiguador de dichas fluctuaciones. El andamiaje institucional de este régimen de acumulación tuvo las siguientes características principales. Desde el punto de vista monetario, se mantuvo la adhesión al patrón oro hasta 1914. A partir de entonces, si bien el patrón oro fue formalmente abandonado, el régimen de flotación sucia aplicado mantuvo la moneda nacional a la par del oro hasta principios de la década del treinta. Se estatiza el BROU y se monopoliza la emisión monetaria por parte del Estado. Es decir que la regulación monetaria sirvió al mismo objetivo que en el modelo anterior, aunque adaptándose a las cambiantes y críticas circunstancias del período bélico y de la crisis de posguerra. El endeudamiento externo se constituyó en una variable determinante para el mantenimiento del tipo de cambio y la política de financiación de los gastos del Estado puso esta variable en el primer orden. En definitiva, la base de inserción internacional fue respaldada por el Estado, quien apostó a mantener la plaza firme del comercio de tránsito y una política emisora conservadora, en un contexto internacional caracterizado por una amplia oferta de créditos. Desde el punto de vista de la regulación de la competencia intercapitalista, el período muestra momentos diferenciados. El intento batllista de promover la inversión nacional, tanto estatal como privada, en la industria y en contraposición al capital extranjero y a la propiedad rural, mostró algunos resultados, pero sobre todo, la incapacidad de transformar profundamente el régimen de acumulación. La política proteccionista fue moderada y se conjugó con las demandas del Estado de medios para la financiación de sus actividades. No tenemos aún una clara idea de los efectos de la Ley de Materias Primas de 1912. El proteccionismo combinó políticas tarifarias con diversos privilegios industriales y enfrentó, al igual que los ingresos del Estado, un deterioro progresivo en los períodos críticos de alza de precios a partir de 1913 y hasta mediados de los veinte, sin que surgieran los equilibrios políticos capaces de revertirlos. La política tributaria, más allá de los intentos del Batllismo en el período crítico que consideramos a partir de 1913, no experimentó grandes cambios con respecto a la de finales del siglo XIX. Al decir de Finch, “Batlle hizo poco más que aceptar un sistema fiscal preexistente, darle una racionalidad que no poseía originalmente y que tampoco marchó bien después de sus modificaciones”.Rilla lo considera como una compleja estructura delineada en el último cuarto del siglo XIX y que se mantuvo relativamente intocada a pesar de los sacudimientos que significaron las crisis de 1890 y 1913.10 El proceso de unificación del territorio nacional coincide con un proceso de democratización política. Al decir de Panizza, el Estado Batllista se enfrenta simultáneamente a la concreción de dos etapas: la de un relativamente tardío proceso de institucionalización y la de un relativamente temprano proceso de modernización o democratización del Estado.En tanto la concreción de la primera etapa acerca el período que tratamos al período anterior, la de la segunda contribuye de manera significativa a la diferenciación cualitativa de este segundo período. Elementos específicos del primer período son: la consolidación de los organismos estatales y la formalización de mecanismos institucionales mediados por el acrecido poder del Estado sobre todo el territorio nacional (garante del derecho a la propiedad, unificación del mercado interno, disciplinamiento de la fuerza de trabajo, establecimiento de sistemas de representación de las clases dominantes).
Podríamos desde esta perspectiva socio-política dividir el período 1903- 1933 en cuatro sub-períodos.
- El de 1903 a 1911, se caracterizaría por el esbozo del programa social pero por sobre todas las cosas por la consolidación del aparato administrativo del Estado y su autoridad nacional y por el control de las diferentes fuentes de inestabilidad social y política.
- - Entre 1911 y 1916 se produciría el verdadero intento de instaurar la república social, proceso que se radicaliza al tiempo que se profundizan la crisis y los síntomas de agotamiento de las condiciones de sustentación del régimen de acumulación hasta entonces vigente.
- - Entre 1916 y fines de los veinte se desarrolla la república conservadora.
- - Finalmente, con la crisis del modelo agroexportador conservador y urbanizado, y previamente al quiebre institucional de 1933, se produce un resurgimiento de la república social, ya en un contexto internacional muy diferente, en el que lo que en 1913 se insinuaba, ahora aparecía como elemento nítido: la crisis del orden internacional y el agotamiento del modo de desarrollo vigente de la economía uruguaya.
- Tal es el caso de Rilla, quien sostiene para 1903-1916: “...la estadística financiera no revela saltos demasiado drásticos ni –mucho menos– revolucionarias modificaciones en la estructura o composición de los ingresos fiscales. Pero ello refuerza aún más el carácter político del problema. Las reformas fiscales del Primer Batllismo no alcanzaron a afectar la arquitectura financiera, pero en cambio sí bastaron para remover las ideas admitidas, para contribuir al alineamiento de diversos sectores políticos, para replantear el tema del Estado y la legitimidad de su acción, para observar las limitaciones de la construcción política que el mismo batllismo pretendía ser”. La fuerte reducción tuvo que ver con los efectos de la crisis financiera y el shock comercial provocado por la guerra, aspectos que afectaron drásticamente las rentas aduaneras del Estado, principal fuente de financiación de sus erogaciones. Obviamente, los gastos del Estado no cayeron de la misma manera, la caída se dilató, pero no por ello terminó siendo menos profunda: siempre en términos reales, éstos cayeron permanentemente hasta 1920 cuando representaron solamente el 54% de los de 1913 en términos totales y 48% estimado por habitante.”
Ver:
www.trilce.com.uy/pdf/ensayos_historia_econ.pdf

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