El capitalismo como sistema hegemónico mundial (1830–1870) y su proyección sobre el Uruguay de la modernización y el militarismo
A partir de la década de 1830, el capitalismo deja de ser un fenómeno predominantemente europeo para consolidarse como sistema hegemónico mundial. Esta expansión no se explica únicamente por la industrialización, sino por la articulación de tres pilares estructurales:
- el libre comercio,
- la estandarización monetaria internacional (patrón oro), y
- la construcción de Estados nacionales capaces de garantizar orden, contratos y circulación de mercancías y capitales.
Este proceso tuvo como epicentro a Reino Unido, primera potencia industrial y financiera global, pero se proyectó con fuerza sobre regiones periféricas integradas como proveedoras de materias primas y receptoras de capitales, tecnología y población, entre ellas el Uruguay.
El libre comercio: doctrina, práctica y asimetrías
El libre comercio se impuso como doctrina dominante tras la crisis del mercantilismo clásico. Inspirado en la economía política liberal (Smith, Ricardo), postulaba que la eliminación de barreras aduaneras permitiría una asignación eficiente de recursos a escala internacional.
Sin embargo, su funcionamiento real fue asimétrico:
- Las potencias industriales exportaban manufacturas y capital financiero.
- Las economías periféricas exportaban productos primarios (carne, lana, cueros, cereales) e importaban bienes industriales.
En este marco, el libre comercio no significó igualdad entre naciones, sino integración jerárquica a un mercado mundial dominado por los centros industriales. Para países como Uruguay, el libre comercio fue condición de acceso al mercado mundial, pero también fuente de dependencia estructural.
El libre comercio no debe analizarse solo como ideología, sino como relación de poder entre economías con niveles muy distintos de desarrollo.
El patrón oro: estabilidad monetaria y disciplina internacional
El patrón oro fue el segundo gran pilar del capitalismo global del siglo XIX. Bajo este sistema, las monedas nacionales estaban respaldadas por reservas de oro, lo que permitía:
- Estabilidad cambiaria
- Previsibilidad en los pagos internacionales
- Confianza para la inversión extranjera
Pero esa estabilidad tenía un costo:
- Los Estados perdían margen de maniobra monetaria.
- Las crisis externas se transmitían rápidamente a las economías periféricas.
- La política económica quedaba subordinada a la necesidad de mantener la convertibilidad.
En América Latina, el patrón oro operó como un mecanismo de disciplinamiento financiero: solo los países capaces de garantizar orden fiscal, estabilidad política y respeto a los contratos podían integrarse plenamente.
Estado, orden y capitalismo: la dimensión política del sistema
El capitalismo global del siglo XIX necesitó Estados fuertes, no Estados mínimos. La paradoja del liberalismo histórico es que el libre mercado requirió:
- Fuerzas armadas profesionales
- Aparatos burocráticos centralizados
- Control territorial efectivo
- Legislación moderna sobre propiedad, trabajo y finanzas
En regiones con guerras civiles recurrentes, como el Río de la Plata, la consolidación del Estado fue condición previa para la integración capitalista.
Uruguay desde 1870: modernización y militarismo
A partir de 1870, Uruguay inicia un proceso de transformación profunda que la historiografía ha definido como modernización autoritaria o modernización bajo tutela militar.
Este período se caracteriza por:
- Fin relativo del ciclo de guerras civiles
- Centralización del poder político
- Profesionalización del Ejército
- Garantía del orden interno como base del crecimiento económico
El llamado militarismo no fue una anomalía, sino una respuesta funcional a las exigencias del capitalismo mundial:
- Asegurar la propiedad privada
- Garantizar la circulación de mercancías
- Crear condiciones de confianza para el capital extranjero
- Integrar el país al mercado mundial bajo reglas previsibles
Desde esta perspectiva, la modernización uruguaya no puede entenderse sin el contexto internacional: libre comercio, patrón oro, inversiones extranjeras, ferrocarriles, banca y exportaciones agropecuarias.
Conclusión:
- El Uruguay de 1870 no “elige” aisladamente un modelo, sino que se inserta en un sistema mundial ya estructurado.
- El militarismo no es solo un fenómeno político, sino una fase de adecuación institucional al capitalismo global.
- Las tensiones posteriores (crisis bancarias, problemas monetarios, dependencia externa) son contradicciones internas del propio modelo.

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