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sábado, 20 de octubre de 2012

La Guerra del Paraguay
Por Felipe Pigna
La del Paraguay, llamada por Alberdi de la “Triple Infamia”, fue la primera guerra del Estado nacional unificado tras la derrota del interior en Pavón y en ella se estrenó el ejército que había hecho sus primeras armas apuntado contra los propios argentinos que habían osado oponerse al modelo centralista del puerto de Buenos Aires. Las campañas represivas de los coroneles de Mitre contra los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela asolaron los llanos riojanos y catamarqueños, arrasando poblaciones enteras que intentaban una última defensa de sus artesanías y su forma de ganarse la vida ante la invasión de los productos importados.
La historia autodenominada “seria” nos enseñó que el Paraguay era la tierra del atraso gobernada por una monstruosa dinastía de dictadores. Para esa versión de los hechos, lo mejor que le podía pasar al Paraguay era la cruzada civilizadora de sus vecinos que le llevarían las ventajas del mundo moderno.
Uno de los “civilizadores”, el Brasil, era el último imperio esclavista de América, gobernado por una dinastía coronada. En él, la mayoría de la población no gozaba de los más elementales derechos humanos. En el Paraguay no había un solo esclavo, en Brasil había dos millones. 
El otro civilizador, la Argentina, estaba gobernado por un poder impuesto por el puerto al resto del país mediante la violencia. Nadie votaba libremente en la Argentina de los años sesenta del siglo XIX. La mayoría de la población no accedía a la educación elemental y estaba muy por debajo de los niveles básicos de subsistencia. 
El Paraguay, constituía entonces un modesto intento por conformar un capitalismo de Estado. Comparado con los de sus poderosos vecinos, los logros del Paraguay eran notables. 
Hasta 1865 el gobierno paraguayo, bajo Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa. 
No es cierto que los paraguayos eligieran vivir aislados. Sus proyectos de infraestructura se concretaron gracias a la importación de maquinaria y técnicos ingleses que hasta 1865 cubrían el 75% de las importaciones paraguayas. La diferencia estaba en la decisión del gobierno de utilizar la técnica importada para intentar un desarrollo nacional.
En Ibicuy se construyó una de las primeras acerías y fundiciones de América Latina bajo la dirección del ingeniero inglés John William Whitehead. Se tendieron líneas telegráficas entre Asunción y Paso de la Patria, dirigidas por el ingeniero alemán Roberto von Fisher Trevenfeldt, y se construyó el ferrocarril que unía la capital con Trinidad. 
Desde la época de Gaspar Rodríguez de Francia, el Paraguay no se cansaba de pedirles a los “liberales” de Buenos Aires “la libertad del Río de la Plata, el Paraná, el Uruguay y el Paraguay como vías internacionales” sin obtener ningún resultado.
Un año antes de comenzar la guerra, el propio presidente Mitre reconocía los logros del Paraguay y elogiaba a su colega Francisco Solano López, comparándolo con el rey Leopoldo I de Bélgica: “V.E. se halla bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras. A la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y llamando en este sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y estimado por todos los vecinos que cultivan con él relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, pues como lo ha dicho muy bien un periódico inglés de esta ciudad, V.E. es el Leopoldo de estas regiones, cuyos vapores suben y bajan los ríos interiores enarbolando la bandera pacífica del comercio.” 
Al Paraguay lo fueron encerrando y así se fue consolidando un modelo proteccionista y donde el Estado tomó un rol protagónico. Así se fue creando un modelo de propiedad muy particular basado en las “Estancias de la Patria”, de propiedad estatal, que explotaban monopólicamente los rubros más rentables de la exportación: la yerba y el tabaco. El modelo brasileño era muy diferente, casi antagónico, como señalaba Alberdi: “En vez de consagrar una parte al cultivo de cereales y animales para la subsistencia de la población, lo destinan todo a la producción de azúcar, de tabaco, de café, que los enriquece a ellos a expensas del pueblo trabajador, que muere de hambre. 
Nadie quería ir a pelear contra el Paraguay. Para los hombres del interior estaba claro que se trataba de una guerra fratricida. Ante la oposición generalizada, el gobierno de Mitre decidió lanzar una violenta represión y obligar a los díscolos a incorporarse al ejército como sea. León Pomer publica en su libro sobre la guerra un recibo extendido por un herrero catamarqueño cuyo texto es el que sigue: “Recibí del gobierno de la provincia de Catamarca, la suma de 40 pesos bolivianos por la construcción de 200 grillos para los voluntarios [sic] catamarqueños que marchan a la guerra contra el Paraguay”. 
Así marchaban los soldados argentinos al frente, esposados, encadenados, absolutamente contra su voluntad. 
Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en 3 meses en la Asunción”. Lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a los ejércitos aliados. El jefe de las tropas brasileñas decía: “Nuestros aliados no quieren acabar la guerra, porque con ella están lucrado y empobreciendo al Brasil. Desde que Mitre llegó ha procurado por todos los medios posibles demorar la marcha de las operaciones.” 
Al pueblo paraguayo le fue quedando claro que su supervivencia dependía del resultado de la guerra, que se prolongará hasta marzo de 1870 por su heroica resistencia. Francisco Solano López con lo que quedaba de su ejército, su inseparable compañera, Elisa Lynch, la “princesa de la selva”, sus cuatro hijos y sus últimos seguidores que se negaban a entregarse, llegó a Cerro Corá el 14 de febrero de 1870. 
Su ejército estaba compuesto mayoritariamente por niños y mujeres, y tenía el jefe de estado mayor más joven de la historia, su hijo Panchito, de sólo 14 años. 
Las campanas de las iglesias se habían transformado en cañones que, a falta de balas, disparaban piedras, huesos y arena. Al mediodía del 1º de marzo, las tropas brasileñas llegaron al lugar. La lucha era demasiado desigual y la batalla duró poco. 
López, al frente de lo que quedaba de su heroico pueblo, fue herido de un lanzazo. Le ordenó a Panchito proteger a su madre y sus hermanos. Varios soldados se abalanzaron sobre el hombre más buscado por la Triple Alianza. Nadie quería perderse las 100.000 libras que los “civilizadores” ofrecían por la cabeza del mariscal. 
El presidente paraguayo se defendió como un tigre acorralado y mató a varios de sus atacantes. El general Cámara, a cargo del pelotón atacante, lo intimó a que se rindiera y le garantizó su vida. Pero a López ya no le importaba sino su dignidad, siguió peleando, bañado en sangre, hasta que Cámara ordenó “maten a ese hombre”. Un certero disparo le atravesó el corazón. 
Los soldados atacaron los carruajes que trataban de huir. Panchito montó guardia frente al que ocupaban sus hermanos y su madre, Madame Lynch. Los brasileños le preguntaron si allí estaban la “querida” de López y sus bastardos. Panchito defendió el honor nacional y familiar y fue fusilado en el acto. 
A Elisa Lynch le tocó dar la última batalla de esta guerra miserable y despareja. Con toda su enorme dignidad, descendió de su carro, cargó el cadáver de su hijo y buscó el de su marido. Cavó con sus manos una fosa y enterró los dos cuerpos y parte de su vida. 
El Paraguay había quedado destrozado, diezmada su población, que pasó de unos 500.000 habitantes a 116.351, de los cuales sólo el 10% eran hombres en edad de trabajar y el resto, viejos, mujeres y niños. Su territorio fue arrasado. 
Alberdi hacía su propio balance de la guerra: “la destrucción de los telégrafos, de los vapores, de los ferrocarriles, del gobierno que dotó a Paraguay de esas cosas, de su población de más de un millón de habitantes, los mismos de que ha sido despoblado, libertándolo de López, que no le dejó deuda, para dejarlo en feudo o hipoteca del Brasil y del Stock Exchange, sus acreedores actuales por más millones de pesos fuertes que los que vale todo el Paraguay.” 
Un documento reservado dirigido por el marqués de Caxías al emperador del Brasil: nos informa que “El general Mitre está resignado de lleno y sin reserva a mis órdenes; él hace cuanto yo le indico, como ha estado muy de acuerdo conmigo, en todo aun en cuanto a que los cadáveres coléricos, se arrojen a las aguas del Paraná, ya de la escuadra como de Itapirú para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente a las de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe que le son opuestas […]. El general Mitre está también convencido que deben exterminarse los restos de las fuerzas argentinas que aún le quedan, pues de ellas no divisa sino peligros para su persona.” 
Al terminar la guerra, en un rapto de sinceridad, Mitre declaró: “Hijo de un pueblo que todo lo debe al comercio, y que funda en él la prosperidad del presente, es natural que mis simpatías le pertenezcan y que mi razón esté a su servicio. En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio. Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado.”

Virtual Archive : Telegram from Soviet Foreign Minister Gromyko to the CC CPSU

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jueves, 11 de octubre de 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

Paul Kennedy "Nunca vi tantas cosas tan mal al mismo tiempo"

Paul Kennedy: "Nunca vi tantas cosas tan mal al mismo tiempo"
de Juan Martín Sánchez, el El Sábado, 6 de octubre de 2012 a la(s) 12:19 ·
Para el autor de Auge y caída de las grandes potencias, hoy falta liderazgo para encarar las crisis mundiales
Por Ennio Caretto | Corriere della Sera

Hoy somos testigos de cambios desastrosos en el mundo árabe. Desde Túnez hasta Siria, se producen manifestaciones con las cuales los grupos extremistas esperan alzarse con el poder. Como historiador, nunca pensé que la «primavera árabe» conduciría inmediatamente a la democracia. Pero tampoco imaginamos una situación como ésta, que amenaza con salirse de control. Para colmo, no es el único grave problema que debemos afrontar, hay cinco o seis más, empezando por la crisis económica y financiera de Occidente. Nunca en mi vida vi tantas cosas andando tan mal al mismo tiempo."
Así lo afirma Paul Kennedy, autor de Auge y caída de las grandes potencias -un libro que marcó una época y que será reeditado en pocos meses-. "Hay una ausencia de liderazgo; los gobiernos no saben hacia dónde ir. Deberíamos conformarnos con que en los próximos 15 años logremos al menos estar menos mal", agrega el gran historiador inglés.
"Todos los pueblos quieren una vida normal. Pero pocos lo consiguen. He visto por televisión la visita del Papa al Líbano, su plegaria por la paz, sus gestos de reconciliación entre los credos y el apoyo que ha recibido de los musulmanes. Los libaneses y el resto de los árabes están hartos de la guerra, piden serenidad y estabilidad. Pero hay gente que rechaza la paz con las armas", afirma.
El prestigioso historiador de la Universidad de Yale -cuyo próximo libro, sobre la Segunda Guerra Mundial, se llama Los ingenieros de la victoria - teme que la situación en Medio Oriente empeore: "El otro peligro es Irán. Pero no sólo es peligroso el régimen iraní, sino que, para mí, también es peligroso Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel".
Volvamos a la "primavera árabe "...
-Las esperanzas que había despertado ya están muertas. No debemos distraernos con los eventos de Benghazi de la semana pasada: los países a los que no hay que sacarles los ojos de encima son Egipto, Siria e Irán. Es allí donde se decidirán los próximos acontecimientos del mundo árabe. No nos ilusionemos, repito, con la democratización del mundo islámico: en mi propia nación, Inglaterra, el Parlamento nació después de un siglo de guerra.
¿No hay manera de prevenir las provocaciones, como el video que profana a Mahoma?
Entre nosotros, hay una minoría que piensa que el islam es venenoso, así como en el mundo musulmán hay una minoría que piensa que el veneno viene de Occidente. Los nuevos dispositivos, como el iPod, los celulares, las videocámaras particulares que nos transmitieron las imágenes de la "primavera árabe" nos hicieron creer que la libertad de expresión absoluta no sólo podía derribar un dictadura, sino también conducir a la democracia. Ahora, los nuevos medios nos hacen temer que la absoluta libertad de expresión produce los efectos contrarios. Es un problema de fondo, difícil de resolver, sobre el cual tanto la política como el derecho deberían pronunciarse.
Según usted, ¿la decisión de YouTube de bloquear el acceso al video sobre Mahoma en algunos países musulmanes constituye un acto de censura ?
Las leyes de Occidente protegen la libertad de expresión, pero también le ponen límites. No se puede incitar al odio racial o religioso, por ejemplo. Naciones como Holanda o Alemania, que padecieron este tipo de incitaciones durante la Segunda Guerra Mundial, son más severas con quienes fomentan la violencia que Estados Unidos, donde la Primera Enmienda tiene un peso enorme. En esto también hace falta llegar a un equilibrio. Pero es justamente un bien escaso en estos tiempos.
¿Francia no podía prohibir la publicación de las caricaturas?
La libertad de expresión también es un enorme problema para los grandes medios. Están en dificultades. Sus decisiones dependen de cómo responder a ciertas demandas. ¿Cuándo es legítima esta libertad y cuándo no? ¿Qué consecuencias podría tener? El sistema perfecto no existe.
¿Por qué dice que nunca en su vida vio tantas cosas andando tan mal al mismo tiempo?
Porque no sólo atravesamos una angustiante "pos-primavera árabe", sino que Europa está en crisis por sus deudas; Estados Unidos está paralizado por el enfrentamiento entre Barack Obama y el Congreso, y empantanado en una campaña presidencial desesperante; China y su ambición crecen parejo y desordenadamente, y su líder desaparece durante un mes; la India no se recompone económicamente; Afganistán está cada vez más cerca del precipicio, y la lista sigue. Nadie parece saber qué hacer.
¿Por eso habla de ausencia de liderazgo?
Tomemos, por ejemplo, la crisis económica y financiera. Acá en Estados Unidos, la Reserva Federal gasta 40.000 millones de dólares al mes en comprar los securities de los fondos, dólares que terminarán una vez más en las arcas de los bancos, cuando deberían destinarse a obras públicas que generen puestos de trabajo. En Europa, Alemania boicotea al Banco Central Europeo, que quiere comprar deuda de Italia y España, lo que a su vez amenaza con ampliar otra vez la tasa diferencial de esos países. Y en Rusia lo mismo, ahora a Vladimir Putin lo cuestionan abiertamente. Hay mucha desorientación y contradicciones profundas en el liderazgo actual.
¿No cree que la situación pueda solucionarse rápidamente?
Me temo que no. Si Europa sigue por el camino de la austeridad, su crisis se agravará, un grave problema sobre todo para Italia y España, que tienen tasas de desocupación juvenil muy altas. Estados Unidos está dividido. Por una parte, tolera; por la otra, no tiene demasiadas ganas de ayudar, y no se sabe qué camino tomará. Pensar que la situación pueda mejorar en lo inmediato sería un insulto al intelecto. En cuanto a nuestros líderes, tal vez, se trate también de un tema generacional. Son personas que se hicieron adultas en la década del sesenta y setenta, con una visión del mundo distinta de nuestra generación que la precedió.


Paul Kennedy, historiador Británico.


La tensión entre la Libertad como poder de participación y la Libertad como protección de los derechos individuales.


Esta tensión floreció en el ambiente académico angloamericano. Si hablamos de lenguajes políticos distintos que se refieren a la misma problemática, uno de ellos es el que los académicos definieron como republicanismo y elogiaba la participacioón activa en la vida pública, elevando ese accionar a la esencia de la libertad. El republicanismo tiene raíces muy antiguas pero tomaremos los escritos y pensadores de la Antiguedad clásica y de la ciudad de Florencia durante el period renacentista. Para esto pensadores el republicanismo sostenía que, por su naturaleza como ser social el hombre lograba su realización cuando deja de lado su interés particualr para procuarar el bien común. La libertad republicana era democrática cuando se refería a los derechos compartidos por el conjunto de la comunidad. Pero tenía un aspecto excluyente, basada en la clase social, cuando daba por cierto que sólo los ciudadanos que eran dueños de propiedades poseían aquella cualidad definida como virtud cuando su moral permitía trasladar lo privado al bién común. Bejamin Franklin escribió en relación a esta interpretación " solo un pueblo virtuoso es capaz de ser libre"
Si la libertad republicana era una cualidad cívica y social, solo los ciudadanos de un Estado Libre con el consentimiento de sus sobordinados, la libertad en el Siglo XVIII era considerada esencialmente individual y privada. Si seguimos a John Locke, el gobierno se establece para asegurar la vida, las libertades y las propiedades que son en defintiva los derechos naturales de todos los hombres. Por lo tanto libertad no significaba participación cívica, sino autonomía personal sin estar sometido a la voluntad, incierta, desconocida y arbitraria de otro hombre. Para que esto sucediera debía darse protección a los espacios de vida privada e intereses de las personas, entre los cuales estaban los familiares, religiosos y los económicos, de los intereses del Estado.
Según Edmund Burke: "La libertad que me fascina no es la libertad solitaria, desconectada, individual y egoísta, como si todo hombre tuviera que regular el conjunto de su conducta en función de su propia voluntrad. La libertad a la que me refiero es la libertad social" Queda bastante claro que el liberalismo abría l apuerta a quienes no tenían derechos. Por esto mismo el liberalismo y el republicanismo acabarían siendo vistos como concepciones alternativas y contradictorias de la libertad. En el siglo XVIII el liberalismo y el republicanismo muestra a muchos héroes de la Independencia simultáneamente republicanos con un gran interés por el bien público y por las obligaciones de los ciudadanos con el sistema de gobierno y liberales por su preocupación por los derechos individuales. Ambas ifeologías inspiraban un compromiso con el gobierno constitucional, con la libertad de expresión y religiosa y con limitar el poder arbitrario. Ponían, además énfasis en la seguridad de la propiedad privada como fudamento de la libertad. A ambvos lados del Atlántico era una verdad absoluta pensar que las personas dependientes no tenían volutad propia y por lo tanto no podían participar de los asuntos públicos. Quienes no controlaban su propia vida no podían ni debían contar con voz  ni voto en el Gobierno del Estado. La libertad política exigía independencia económica. Thomas Jefferson sostenía que la dependencia "engendra sumisión y venalidad, ahoga el germen de la virtud y prepara instrumentos adecuados a los designios de la ambición"
Defender la libertad, entonces, en términos de independencia económica significaba establecer una marcada línea de separación etre las clases capaces de gozar plenamente de sus beneficios y las que no.

James Harrington, un autor inglés interesado en la idea del estado libre en su obraCommonwealth of Oceana, de 1656, señaló la existencia de dos períodos en lahistoria del pensamiento y la práctica de los gobiernos; el primero, iniciado por Dios mismo con la creación del Commonwealth de Israel, dio lugar a la era “en la que el concepto de autoridad política fue analizada en términos de libertad cívica e igualdad ”.Luego, siguió un período largo y una declinación melancólica en la era de la prudencia moderna, que, finalmente, llevó a una era inaugurada por Julio César cuando dejó del ado “la libertad de Roma” abriendo el camino a los bárbaros, que deformaron la faz del mundo con sus formas de gobierno. Comenzó entonces el esfuerzo por erradicar los restos de la antigua prudencia, sustituyéndolos por el pensamiento político moderno. El líder de este movimiento destructivo fue T.Hobbes.   Skinner se remite entonces a la obra de J.Rawls “A Theory of Justice”, en la que este autor asume la tesis de Hobbes referente al carácter egoísta de nuestros impulsos,que nos llevan al interés propio y al aumento de nuestra libertad personal -lo más posible- incluso en perjuicio de la de los demás. Esta teoría de la justicia está basadaen la idea de la limitación del altruismo.Para un teórico neo-romano, como Maquiavelo, el problema es más complicado. Para este autor, la mayoría del pueblo sólo quiere no ser dominado, por lo que su deseo principal es vivir libremente, persiguiendo sus propios fines lo más lejos posible, sin inseguridad o innecesaria interferencia. Quieren, en particular, ser capaces de disfrutar el beneficio común de una forma libre de vivir. Skinner cita   El Príncipe, para sostener cómo se vive como hombres libres y no como esclavos, según Maquiavelo. Aquellos quieren vivir sin temor, conduciendo a su familia sin ansiedadpor su honor o bienestar, estando en una posición libre de poseer su propiedad sin desconfianza. Estos son los beneficios que nos permiten reconocer y gozar el hecho de que hemos nacido en la libertad y no como esclavos. Sólo se puede ser libre,siguiendo este razonamiento, en una comunidad basada en instituciones libres, en las que todos, como ciudadanos, participen. Nadie, en esas circunstancias, estará sometido a la voluntad de ningún particular o grupo. “La exigencia básica de Maquiavelo es que si queremos prevenir que nuestro gobierno caiga en manos de individuos o grupos tiránicos,debemos organizarnos de modo que éste permanezca en manos de los ciudadanos como un todo.” En el pensamiento de Maquiavelo, la libertad es una forma de servicio,siendo la devoción al servicio público la condición necesaria para mantener la libertad personal. La libertad, tanto pública como privada, sólo puede ser mantenida si la ciudadanía en su conjunto dispone de la cualidad de la virtúd. Por el contrario, sucede que muchos de los ciudadanos son corruptos, colocando sus intereses privados por delante del bienestar público. El ocio y la ambición pueden pervertir las instituciones libres. El pueblo, confundido por una falsa imagen del bien, a menudo busca su propia ruina.
En la concepción republicana de la política resulta crucial el concepto de la virtud cívica. Esta noción, elaborada desde Tucídides, Aristóteles y Cicerón hasta Maquiavelo, persiste en el republicanismo moderno, desde Milton, Rousseau y los padres de la Constitución norteamericana hasta hoy. Sin hacerse ilusiones sobre la virtud del hombre, comprenden, aristotélicamente, que es menester confiar en el ciudadano medio, trabajador y honrado, que hace posible la ciudad y la práctica política.
La tradición republicana no es contradictoria con los principios liberales, sino que los complementa y potencia mediante una participación ciudadana efectiva. Para ello, es preciso reforzar ciertos elementos, todavía muy débiles, de las democracias representativas que predominan en la actualidad: fomentar una cultura cívica más robusta, alcanzar una mayor igualdad social y organizar unas instituciones políticas que aumenten la calidad de la participación, en especial mejorando los mecanismos de deliberación a efectos de adoptar las decisiones políticas más adecuadas a los intereses de todos

Ver: Foner, Eric. La Historia de la libertad. Península. Barcelona 2010. Capítulos I y II.                  http://www.fder.edu.uy/contenido/ideas/documentos_2011/garcia-bouzas/maquiavelo

martes, 2 de octubre de 2012

Batlle y el problema obrero según Efrain González Conzi y Roberto Giudici.


Batlle es el primero en el país que pide justicia para las clases obreras y es el primero también en comenzar a realizarla. No hay solución de continuidad entre la acción del recio periodista, erguido siempre contra toda clase de tiranías, y la del Presidente de la República que, desde los balcones de la casa de gobierno proclamaba su imparcialidad en las luchas entre el trabajo y el capital, exhorta a los obreros a mantener la solidaridad en la lucha. A pesar de su encumbramiento repite aquí palabras más pañabras menos, sus brillantes alocuciones de la Plaza Independencia en las que, con todo el calor de su juventud batalladora, alienta a los obreros en su protesta contra horarios monstruosos.
El proletariado comenzaba a organizarse en centros de resistencia a fin de luchar con mayor eficacia contra la opresión que los capitalistas ejercían y que la ley amparaba. En aquellos oscuros tiempos, la acción gremial del proletariado corría pareja con la acción pública  del ciudadano. Este no hacía política. Y en el gobierno era función trascendental a cargo de un círculos priviligiados blancos, colorados y constitucionalistas; y el obrero trabajaba mucho, dormía poco... y a veces comía.
La seguridad de que la democracia social-ideal último del batllismo- puede realizarse, surge de la comparación entre aquellos tiempos. Una huelga en 1895 era un acto contra la ley "era mirada como una sublevación por las autoridades policiales, y, en general por el poder público, enemigo por naturaleza de la sublevaciones" Sostenía Batlle:
Los hombres que viven del trabajo material, ejercitan un derecho y cumplen un deber al congregarse en asociaciones gremiales para prestarse recíprocos auxilios y mejorar las condiciones del trabajo: ejercitan un derecho decimos, porque la asociación con fines lícitos está permitida por la razón y por la ley a todos los habitantes de la República; cumplen un deber, porque es un deber ponerse en condiciones de prestar auxilios a sus semejantes en situaciones difíciles y de mejorar la propia situación, sin desconocer la equidad ni el derecho de los demás. Establecido esto, es evidente que la primera agresión en la lucha entre los empleados y a las empresas de tranvías, partió de estas últimas. Ellos agredieron en efecto injustamente, a sus empleados, cuando despidieron a tres de ellos por la única falta de haber iniciado la formación de la sociedad de socorros mutuos, en el  ejercicio de un derecho, en el cumplimiento de un deber los empleados no hicieron más que asumir una actitud digna y provocada por el desmán de las empresas, cuando exigieron que la injusticia fuera reparada...La bondad de la causa está, pues, de parte de los vencidos. Y ¿ no es entonces más irritante aun el abuso que se ha hecho de la victoria? El Día, 11 de Diciembre de 1895. Y agregaba Batlle: "Entre nosotros el movimiento obrero debe ser considerado como el advenimiento del pueblo trabajador a la vida pública, y asi visto ese movimiento adquiere una importancia nacional"

Ver: Batlle y el batllismo, Guidici y González Conzi, Ed.Medina 2da edición, abril de 1959. Página 305 y siguientes.

creartehistoria: El historiador Eric Hobsbawm muere a los 95 años

creartehistoria: El historiador Eric Hobsbawm muere a los 95 años: El historiador británico Eric Hobsbawm, uno de los más importantes del siglo XX, murió a los 95 años por causa de una neumonía. Hob...

sábado, 29 de septiembre de 2012

El Uruguay del 900. Reformismo Batllista www.santillana.com.uy/pdfs/libroPDF1371.pdf

www.santillana.com.uy/pdfs/libroPDF1371.pdf

Domingo Arena

de Miguel Lagrotta, el El Viernes, 28 de Septiembre de 2012 a la(s) 18:21 ·
Muere el equipo, muere el proyecto.
El batllismo fue producto de una época en crisis social, fue expresión decapas sociales desesperadas, ubicadas ya en un tiempo y espacio pasado de la economía y de la política; de la filosofía y de la teología;debatiéndose entre la antigua pugna de la razón utópica versus la razón instrumental. El equipo batllista con Domingo Arena a la cabeza concibieron la utopía como fuerza de la transformación de la realidad, aparece como auténtica voluntad innovadora y base de toda renovación social, representaron una corrección de una situación político-socialexistente con miras a un cambio estructural. Proyecto o ideal de unmundo justo a partir de la construcción de la realidad presente, con elestado redistributivo, y la justicia social, para alcanzar estos objetivos la utopía representa un modo específico de conocer la realidad mediante un modelo ideal de futuro, constituyéndose en el sueño de la verdadera justicia social.Siempre la humanidad se ha sentido impulsada por anhelos de progreso,mejoramiento y perfección, alcanzando tan ilimitado punto sus aspiraciones, que se han confundido con lo imposible, desconocido einsospechable.
La utopía: para el batllismo significó la construcción deun país modelo, con la justicia y la soberanía legitimada por el Estado,con la perspectiva de un proceso histórico renovador, dentro de una humanización capaz de darle cauce a un desarrollo sostenido a medida del hombre en cuanto proyecto factible de utopía concreta, donde teoría y praxis se apuntalen, unifiquen o confundan a partir del principio de esperanza. Con la muerte del equipo por causas naturales de tiempo ybiología, su memoria se mantuvo por años y se mantuvo viva también la utopía de un país mejor. Sin embargo, la muerte de la esperanza derroto la utopía.La patria distinta, soñada y articulada en el Uruguay batllista hizo menos increíble toda utopía, se convirtió en una realidad.
Don Domingo Arena, es recordado por una Escuela Técnica del CETPdonde fuera su casa-quinta, un camino que lleva su nombre, hoy dominado por malvivientes, y por la enseñanza que ha dejado a lasnuevas generaciones de un Partido Colorado deprimido. La cúpula debería recordar que sin la gente un Partido no tiene sentido. El sistema político uruguayo se sostuvo en el contacto directo entre los lideres y su pueblo. En el Siglo XXI se mantienen esas características que dieron al Uruguay las más altas calificaciones de civismo y democracia.
Ver: Lagrotta, MIguel J.Domingo Arena: realidades y utopías.Arca ensayos. Montevideo.2010. Página 147.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Fragmento del libro JULIO CÉSAR GRAUERT, discípulo de BATLLE de Kurken Didizian (1967) por Juan Fernández Carrasco



Justino Zavala Muniz fue un político batllista, integrante del grupo radical Avanzar, opositor al régimen de Terra, activo militante por la República española, periodista, historiador, novelista y dramaturgo. Deseaba acercar la cultura al pueblo. Con ese objetivo creó y defendió la Comedia Nacional en 1947. Más adelante fundó la Escuela Municipal de Arte Dramático, La Escuela Municipal de Música, el Museo y Biblioteca del Teatro Solís.
Nació en Melo en 1898, donde formó parte de grupo intelectual juvenil junto con Emilio Oribe, Juana de Ibarburou y Casiano Monegal. Fue diputado por tres períodos antes del golpe de estado de 1933, cuando fue desterrado a Brasil . Participó en la revolución de 1935 contra el régimen de Terra. En 1942 fue elegido senador. Fue Consejero Nacional de Gobierno en el segundo colegiado colorado a partir de 1955.  En noviembre de 1954 inaugura la Asamblea Mundial de la UNESCO en Montevideo, de la que es electo Presidente por el período 1954-1956.



                                                                                                                                                                                      Montevideo, Octubre de 1967

Estimado Kurken:

Espero sinceramente que estas líneas sirvan a los efectos de trazar, de una manera un poco limitada, el cuadro biográfico de Julio César Grauert que me solicitaste.
El líder de Avanzar ha tenido una multitud de panegiristas, pero resulta difícil obtener, a treinta y cuatro años de su muerte, datos, informes y relatos que permitan avalar con objetividad al conjunto de la personalidad de este hombre político.
Sin saber exactamente que podría lograr, sobre la base de propósitos que me señalaste, el viernes pasado visité, en su apartamento, al señor Justino Zavala Muniz, viejo amigo de mi familia. Zavala Muniz fue un compañero de Grauert en la lucha política, en la representación nacional y en la Agrupación Avanzar.
Tú dirás, Didizián, si el diálogo que con él mantuve aporta o no algo de importancia.
Zavala es un anciano ya.
Sentado ante el escritorio de su despacho se encorvaba apoyando las manos temblorosas en el cajón entreabierto de la mesa de trabajo. Sin embargo los ojos y la voz denunciaban al hombre intelectualmente lúcido y ágil.
-        Usted quiere conversar conmigo sobre Julio César Grauert
-        Sí señor.
-        Me indicaron que se trata de una biografía
-        Así es –le contesté- por lo menos en lo que a mi se refiere. Otro compañero está reuniendo el material que se encuentra en el diario ‘’Avanzar’’ para su publicación.
Zavala Muniz era también un hombre alerta.
-        ¿Con qué objeto?
-        He sentido con frecuencia esa pregunta en estos últimos días. Creo que para los jóvenes, para los militantes batllistas de mi generación, es necesario conocer a Julio César Grauert, saber quién fue y qué pensaba. Todos sabemos del hombre asesinado por la dictadura terrista, del fundador de la Agrupación Avanzar y del periódico del mismo nombre. Pero pocos son capaces de señalar con claridad los conceptos que Grauert manejaba en su actividad política. Por otra parte, en instancias como las que nos toca vivir, es esencial para nosotros buscar referencias exactas del batllismo doctrinario.
Zavala Muniz borra de sus ojos el brillo inquisitivo.
-        Muy bien – dice. Y enderezándose responde con voz firme
-        Grauert llevaba los principios de Batlle a sus últimas consecuencias. No son otras que las ideas de Batlle las que conducen a Grauert. Los ejemplos abundan: eliminación de la herencia, la iniciativa de que el latifundio pague los gravámenes con tierras, la larga lucha contra el imperialismo económico de los capitales extranjeros y tantos otros.
-        ¿Cómo conoció Ud. a Grauert?
-        En las asambleas estudiantiles que se realizaron en 1917 propugnando la Reforma Universitaria. Allí, junto a otros jóvenes batllistas se veía siempre a Grauert. Tiempo después fui electo para integrar la Asamblea Representativa del Departamento de Montevideo. Al terminar mi mandato el Sr. Batlle me llamó. Don Pepe me indicó que iba a ser postulado a la Cámara Baja y me invitó a confeccionar juntos la lista de candidatos a la Asamblea Representativa de la Capital, dejando a mi criterio el nombre de quien debía sustituirme en el organismo comunal.
Grauert había publicado, o estaba por publicar ‘’El Dogma, la Enseñanza y el Estado’’. Le hablé a Batlle del libro de Grauert y de Cerruti, coautor de la obra. Batlle conocía a Grauert y a su familia. Sabía que el padre, Julio Luis Grauert, había sido legislador y secretario del Comité Departamental del Partido Colorado en Montevideo. De esta manera, Grauert y Cerruti Crosa fueron electos.
Más tarde en las elecciones de la Cámara de Representantes y en la confección de la lista, el señor Batlle, que se encontraba enfermo, me pidió que lo representase ante la Comisión que determinaba la nómina de candidatos. Grauert y Cerruti integraron la lista y lograron la representación nacional. Yo los ponía en la lista el uno junto al otro. Grauert primero y Cerruti después, Cerruti nunca me gustó. Apenas comencé a conocerlo me pareció poco sincero. El tiempo me dio la razón. Cuando Cerruti no recuperó su banca hizo pública una carta en la que señalaba a Grauert que, debido a la imposibilidad de llevar a cabo una penetración eficaz del batllismo, objetivo que junto a Grauert había perseguido, se resolvía leal a sus ideas a ingresar al Partido Comunista.
-        Sr. Zavala. Tuve oportunidad de leer la nota que el periódico ‘’El Diario’’ publicó sobre el deceso de Grauert. Manifestaba, aproximadamente, que había desparecido el líder de una fracción de notorias tendencias comunistas. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación sobre el pensamiento de Grauert?
-        Grauert era batllista. El marxismo ilustraba su pensamiento en el sentido de que usaba esa teoría para explicar gran parte de los fenómenos sociales. Esta era la actitud que algunos hombres del Partido guardaban hacia las ideas marxistas. Grauert encontraba en las contradicciones del sistema capitalista, la causa del malestar social y señalaba las injusticias que la propiedad encerraba para quien se encontraba desposeído de ella en mayor o en menor grado, buscaba la socialización de los medios de producción. No caía, sin embargo, en el paralogismo suponiendo al factor económico como motivación única de las transformaciones sociales y de la evolución histórica. Esto es lo que ha pensado siempre el batllismo.
Grauert creía en la gente de recursos humildes y se sacrificaba por ello y en todo era consecuente con sus ideas. Tengo presente la manera como renunció a la herencia que le correspondía y los setenta pesos que cobró en los cuatro años que ejerció como abogado. No sé cuántos timbres, sellados y demás trámites habrá pagado de su bolsillo.
-        Sr. Zavala Muniz, al margen de las circunstancias políticas, ¿cuáles fueron las razones del golpe de Estadp del 33?
-        La política-económica del batllismo. Contra la línea que sustentábamos en la materia se unieron los grupos más reaccionarios del país, apoyados por los sectores de mayor potencial económico.
Contra aquellas fuerzas nada pudo, en esa instancia, la democracia. Terra poco antes de llegar a la Presidencia de la República, en el tenor de una carta dirigida a la Agrupación de Gobierno comenzó a quebrar la posibilidad de que el batllismo como organización extendiera su acción doctrinaria hasta el Poder Ejecutivo.
Recuerdo que en la ocasión, reunida la Agrupación de Gobierno del Partido Batllista, Ghigliani, después ministro del interior del gobierno de facto, y ya entonces amigo personal del Dr. Terra, defendió los términos de la comunicación a la que yo califiqué como un acto de traición.
Ghigliani, después, tratando de convencerme me dijo que el documento, motivo de nuestra discusión, lo había redactado él.
Le pregunté entonces si verdaderamente se consideraba amigo del Dr. Terra cuando con lo dicho me lo estaba entregando. Me respondió con una pregunta:
-        ‘’¿Cómo es que hace usted política?’’ – El sabía como me manejo en la militancia, pero exclamó:
-        ‘’Usted no sabe lo que es orientar a los hombre con el piolín’’
-        ‘’Hay un hombre que Ud. no podrá conducir nunca con un piolín.’’ – le contesté. Ghigliani río y, tratando de restar importancia a la incidencia, expresó:
-        ‘’Porque usted no es un político. Usted es un escritor’’
Por un  instante el silencio que hizo lo dominó, pero se repuso continuando.
-        Por fin llegó el enfrentamiento definitivo.
El jueves 30 de marzo tratamos de reunir a la Convención del Batllismo. El Dr. Tera prohibió el acto. Durante la noche se reunió la Asamblea General para tratar las medidas extraordinarias dispuestas por el Presidente de la República.
Al término de la sesión, ante su coche, el Dr. Gallinal me expresó que no podía creer que, luego del voto contrario de la Asamblea, el Presidente se siguiese mostrando en la misma tesitura liberticida.
El día viernes los militantes batllistas intentaban escapar a la persecución. Algunos trataron, desesperadamente, de encontrar una respuesta. Brum, tengo la convicción de ello, confiaba en algunos militares. Ante las fuerzas de la dictadura esperó una reacción que no se produjo. Luis Batlle creía también en las fuerzas armadas como sostén del sistema democrático. Discutimos su propósito de dirigirse a un regimiento con asiento cercano. Pretendía conminar a los jefes militares a que sacasen sus tropas a la calle para defender las instituciones.
Tras los primeros momentos los esbirros del régimen nos dejaron en una relativa libertad de acción. Nos trasladábamos de un lugar a otro con un pequeño destacamento detrás nuestro. Cuando Montevideo mostró al fin con absoluta claridad su pasividad frente al gobierno de facto, me retiré a mi Cerro Largo. Mi departamento no me habría de decepcionar. Fue entonces cuando ocurrió la tragedia. En varias oportunidades nos habían provocado. Inclusive tenían un plan para asesinarme.
Zavala se echa a reír diciendo:
-        Pero les fallo del todo.
Lo veo erguirse, mientras las arrugas de su rostro ríen también y, allí en su despacho, con el mismo coraje de siempre, desafío nuevamente a su asesino.
-        Pero les falló.
Reposa la mano y se retrae a 1933.
-        El 23 de octubre, Grauert, prosiguiendo su campaña contra la dictadura se une, en el Teatro de la ciudad de Minas, a Guichón y a Minelli, participando del acto, en el que el batllismo reclama el retorno de las libertades públicas. Después del acto la policía pidió a los tres que se constituyesen detenidos por violar las disposiciones sobre la libertad de expresión. Grauert, Guichón y Minelli se niegan a acatar la orden y vuelven a Montevideo el 24. Al llegar al Km. 35 de la carretera de Pando la policía les detuvo y luego disparó sobre ellos. Los tres fueron llevados al centro asistencial de Pando. Allí fue mi hermano Julián. La policía lo detuvo indicándole que toda vez que se presentase iría a parar al calabozo. Durante algunos minutos logró conversar con el médico que atendía a los tres hombres. Julián, que es médico, le rogó que tuviese presente el peligro de la infección gaseosa y el inconveniente de vendar a los heridos. Después de cuarenta horas, vendados y en grave estado, Grauert y Guichón, los dos heridos de bala, son trasladados al Hospital Militar en Montevideo, mientras que Minelli, intoxicado por los gases que les arrojaron dentro del coche, quedaba en Pando.
-        El 26 moría Julio rodeado de un reducido grupo de amigos y de su esposa Maruja. Grauert tenía 31 años.
Volviendo, pregunté:
-        Señor Zavala: la última vez que conversamos hace poco más de un año, discutimos sobre la Reforma Constitucional, que sostuve, como quincista que soy, y que usted rechazó, como defensor del ideal colegialista. Entonces me expresó sus simpatías por el sector que orientaba el, entonces, Consejero Vasconcellos. ¿Cuáles son las opiniones que le merece la actual situación del Partido?
-        Usted ya tendrá tiempo para cambiar de opinión en lo que se refiere a la nueva constitución. En cuanto a las simpatías de que habla debo decirle que cuando el señor Vasconcellos pasó al Ministerio de Hacienda conversé con él y le manifesté que debería no aceptar, como Ministro, una orientación económica que, a mi criterio, está reñida con la ortodoxia batllista en la materia.
(¿Recuerdas Kurken todas las oportunidades en que hablamos de estos temas? Establecimos que el Partido Colorado en el gobierno debía enfrentarse a una opción histórica: la de seguir la línea batllista tradicional y su modalidad socializante, introduciendo cambios profundos en la infraestructura neocapitalista que nos caracteriza o, buscando la expansión del sistema económica vigente, recargar sobre el consumo el peso de la crisis mientras se libera a los sectores de mayor poderío económico para fomentar su capacidad reproductiva.)
Zavala Muniz señala con claridad el camino que ha tomado el gobierno.
-        ¿Hacia donde va nuestro Partido?
-        El batllismo siempre ha encontrado los hombres adecuados para resolver los problemas que la hora señala. El nuestro es un partido con raíces profundas y ellas le permiten ser instrumento apto para los cambios que el futuro exige.
-        Sin embargo, Sr. Zala, la gente no cree más en que la necesidad de que quién se agita a su lado reciba un golpe. Cuando a su vez les golpean, entonces si perciben la injusticia.
-        Es la ley de la selva, ¿no?
Zavala Muniz me despidió por fin. Quería ver un programa en Canal 5. En el zaguán, mientras esperaba el ascensor, me pregunté hasta dónde es válida la afirmación de que éstos son tiempos de transición.
Somos, Didizián, una generación apurada.
La luz y el barniz de la puerta me trajeron la visión de una escena que estuvo ante mis ojos durante todo el transcurso de la entrevista.
El 24 de agosto de 1966, ya de noche, el Senador Furest ocupando la Presidencia de la Asamblea General, anunciaba el resultado de la votación que permitiría la plebiscitación del proyecto de Reforma Constitucional que habría de triunfar en noviembre de ese año.
El Senador Carlos Furest, sin expresión, en el pasillo de la sala, mira sin ver el estrado de la Presidencia de la Cámara Baja.
El Dr. Jorge Batlle, mientras tanto, sonríe con los ojos brillantes.
De pronto los legisladores reformistas prorrumpen en aplausos frente al triunfo de una gestión.
Me parece que en ese preciso momento muere un batllismo formal y subjetivo.
En ese momento se plantea la interrogante. ¿Y ahora qué? Hay que buscar las respuestas, Grauert a señalado una.
Saludos.

                                                                                                                                                                         Miguel Coll.

domingo, 23 de septiembre de 2012


La Sociedad Universitaria de Montevideo 1876-1886


La Historia de la Sociedad Universitaria está intimimamente ligada al progreso intelectual de la República y fue durante una década, desde 1876 a 1886, el centro de estudios más importante con que contó Montevideo. En sus clases tomó asiento toda una generación de estudiantes, y de sus clases se prepararon para ingresar en las Facultades superiores un núcleo selecto y numeroso de bachilleres que más tarde fueron figuras culminates en el foro, en la magistratura, en las ciencias, en la administración, en la política. Tal es el caso de Williman, Campisteguy en el plano político alcanzando la presidencia de la república; Ricaldoni, Mirelli, Lamas, Quintela, Pouey en Medicina; en Piaggio, Freitas, Mendoza y Durán, Solla, Juan Pedro Castro en Derecho. ¿Cómo nació y se desarrolló la Sociedad Universitaria? Por inicativa de Elias Regules, Benito del Campo, Luis G. Murguía y Osvaldo Acosta el 10 de agosto de 1875, fecha en que el Doctor Mainginou trató siempre de que sea recordada. Era inicialmente un grupo de estudios que decidieron ampliarlo y los primeros estudiantes fueron Scosería, Vidal, Figari, Piaggio. La casa de Regules fue la sede inicial y se empenzó a desarrolar diferentes materias que formaban el programa de bachillerato y a dictarse conferencias y disertaciones con los debates resultantes. Un decreto de l adictadura imperante en ese momento clausura en 1876 la sección de Estudios Pereparatorios de la entonces Universidad Mayor de la República. Esta medida dejó en la calle a gran cantidad de jovenes que necesitaba un desarrollo de conocimientos e intelectual. La Consecuencia fue en darle una organización permanente y una denominación más acorde a sus objetivos culturales y educativos. El nombre de Sociedad Universitaria fue aceptado en forma unánime por la Asamblea y se realiza el lanzamiento conjuntamente con una conferencia literaria. El proyecto de conferencia literaria fue aprobado y se realizó en el Teatro Solis la noche del 24 de octubre de 1881 con la inicativa de una gran procesión civica recordand  a José Pedro Varela con ofrenda floral incluida. Entonces corresponde decir que fue la primera Asociación en hacer justicia al patriotismo del Reformador de la Instrucción Pública. Este homenaje fue determinado por el Dr. Herrero y Espinoza. Con todas sus clases funcionando regularmente, sus estudiantes fueron recibidos en los estudios superiores con altas calificaciones y consideración. En el teatro Cibils se realizas las tareas extracurriculares y sociales, la másw importante fue la velada del 10 de agosto de 1884 con motivos de festejar el noveno aniversario. El 15 de mayo de 1884 sale el primer fasciculo de la Revista de la Sociedad Universitaria y que por espacio de dos años se publicara en forma quicenal, siendo la priemera publicación nacional en contar en sus páginas con ilustracioens y grabados. Es la época del Quebracho y de la Generación del Atreneo. Nadie sin embargo puede quitarle a esta asociación el privilegio de haber sido antecedente cultural y filosófico de toda una generación que posteriormente se nucleará en los salones del Ateneo de Montevideo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Artigas por Felipe Pigna.

El padre de los pobres y del federalismo
Por Felipe Pigna

A comienzos de la década de 1810, en la ribera oriental del Río de la Plata, soplaba un vendaval desatado por un hombre que había nacido en Montevideo un 19 de junio de 1764 y que desde muy chico, tras estudiar en el colegio franciscano de San Bernardino, se había dedicado a las tareas rurales en las estancias de su padre. Ya mayorcito comenzó a ganarse la vida comprando cueros en la campaña para venderlos a los exportadores de Montevideo. En 1797 ingresó como soldado de caballería en el regimiento de Blandengues y en 1806, durante las invasiones inglesas participó en la reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo a las órdenes de Liniers. 
Pero el oriental no había nacido para estar a las órdenes de nadie y al producirse la Revolución de Mayo, el entonces capitán Artigas desertó de la guarnición de Colonia y se puso a disposición del gobierno porteño para combatir al gobernador español Javier de Elío que se negaba a reconocer a Junta revolucionaria de Buenos Aires y que había sido nombrado Virrey del Río de la Plata. 
Artigas fue reclutando un verdadero ejército popular formado por los gauchos orientales, empobrecidos por la escandalosamente corrupta administración de Elío. Repartió entre sus paisanos las tierras y los ganados que les iban “recuperando” a los españoles. Con estas fuerzas, el 18 de mayo de 1811 derrotó a los realistas en el combate de Las Piedras y, puso sitio a Montevideo hasta que, sorpresivamente y sin consultarlo, el Primer Triunvirato firmó el 20 de octubre un armisticio con Elío por el cual se comprometía a retirar las tropas patriotas. 
Seguido por sus milicianos y la mayoría de la población oriental, Artigas se retiró hacia Entre Ríos para reorganizar la lucha. De todos lados llegaban familias huyendo de la persecución a colocarse bajo su protección y a ofrecerse para luchar contra los españoles y los portugueses, que habían comenzado a penetrar desde el norte de la Banda Oriental por pedido de Elío. Mil carretas y unas 16 mil personas, hombres, mujeres y niños, con sus pocos ganados y pertenencias, cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayui, cerca de la actual Concordia (Entre Ríos) preparados para continuar la lucha. Era el famoso éxodo del pueblo oriental. Pero el Primer Triunvirato era poco afecto a las epopeyas populares y decidió enviar a Manuel de Sarratea para reemplazar a Artigas en el mando de las tropas orientales. Sólo cuando a fines de 1812, tras la caída del Primer Triunvirato, Sarratea fue reemplazado por Rondeau, y se le devolvió su mando a Artigas, los orientales aceptaron unirse a las tropas porteñas para sitiar Montevideo.
Al inaugurarse la Asamblea del Año XIII, la Banda Oriental eligió sus representantes en un Congreso y, por inspiración de Artigas, les dio precisas instrucciones de contenido federalista y revolucionario: inmediata declaración de Independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos, gobierno central con respeto a las autonomías provinciales y el establecimiento de la capital fuera de Buenos Aires.
La Asamblea presidida por el centralista Carlos María de Alvear rechazó los diplomas de los diputados orientales, argumentando que no habían sido elegidos legalmente. Era una vil excusa ya que los únicos delegados elegidos por voto popular eran precisamente los orientales. 
La clase alta porteña temía que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del plata y poner en juego la base de su poder económico.
El Director Supremo Gervasio Posadas, tío de Alvear, lo declaró "traidor" y puso precio de 6.000 pesos a su cabeza. 
José Artigas fue el primero en plantear claramente en el Río de la Plata las ideas del federalismo entendiendo que el reparto equitativo de la riqueza por regiones era una condición imprescindible para su entera concreción. 
Del otro lado del Río y de la Historia José Gervasio Artigas ponía en práctica la ley agraria más avanzada que se conozca hasta estos momentos en estos lares del Río de la Plata. Fundó una colonia agrícola que combinaba las tradiciones comunitarias de los abipones y guaycurúes del Chaco, tan artiguistas como los charrúas, quienes ya tenían destinada en propiedad la zona de Arerunguá para su subsistencia. 
Para 1814, la popularidad de Artigas se había extendido a varias de las actuales provincias argentinas, afectadas, al igual que la Banda Oriental por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unen a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga, Artigas luchó junto con los jefes litoraleños contra el centralismo del Directorio. La liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores nacionales y se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros y las medicinas y derivaba el comercio del Litoral al puerto de Montevideo.
En 1815 Artigas recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas y convocó en Concepción del Uruguay el 29 de Junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres que se reunió en Concepción del Uruguay (Entre Ríos). Allí estaban los delegados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la Bandera tricolor –celesta y blanca y con una franja diagonal roja- y enviar una delegación a Buenos Aires para concretar la unidad. 
Mientras en Buenos Aires se sancionaba el “Reglamento del tránsito de Individuos” que decía: “Todo individuo que no tenga propiedad legítima será reputado en la calidad de sirviente y será obligatorio que se muna de una papeleta de su patrón visada por el juez. Los que no tenga estas papeletas serán reputados como vagos y detenidos o incorporados a la milicia”, Artigas proclamaba su “Reglamento Oriental para el fomento de la campaña” que establecía la expropiación de tierras a “emigrados, malos europeos y peores americanos” y su reparto entre los desposeídos del país para “fomentar con brazos útiles la población de la campaña”
Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, Artigas promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: “Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio.” 
En la sesión del 19 de Julio del Congreso de Tucumán, uno de los diputados por Buenos Aires, Pedro Medrano, previniendo la reacción furibunda de San Martín que estaba al tanto de las gestiones secretas en las que estaban involucraban a algunos congresales y al propio Director Supremo encaminadas a entregar estas provincias, independientes de España, al dominio de Portugal o Inglaterra, señaló que “antes de pasar al ejército el acta de independencia y la fórmula del juramento, se agregase, después de ‘sus sucesores y metrópoli’; esto más: ‘de toda dominación extranjera’, para sofocar el rumor de que existía la idea de entregar el país a los portugueses”. 
Medrano sabía que lo de “entregar el país a los portugueses” era mucho más que un rumor. El ministro argentino en Río de Janeiro, el inefable y omnipresente Manuel José García le había escrito al Director Supremo Pueyrredón: “Creo que en breve desaparecerá Artigas de esa provincia y quizás de toda la Banda Oriental. Vaya pensando en el hombre que ha de tratar con General Lecor”. 
Lecor era nada menos que el jefe del ejército invasor portugués a quien el Director Supremo de las Provincias Unidas llamaba “Jefe del Ejército de Pacificación” y le escribía en estos términos: “En interés recíproco de ambos gobiernos demanda imperiosamente que Artigas sea perseguido hasta el caso de quitarle toda esperanza de obrar mal a que lo inclina su carácter.” 
A fines de 1819 la Liga estaba entre dos fuegos, por un lado los directoriales y por el otro los portugueses. Artigas concibió un plan militar. Él atacaría el campamento portugués en Río Grande mientras que las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe atacarían Buenos Aires. Pero mientras el caudillo de Santa Fe, Estanislao López y su compañero de Entre Ríos, Francisco Ramírez, invadían exitosamente Buenos Aires y triunfaba en Cepeda, Artigas era derrotado por los portugueses en Tacuarembó.
Aprovechando esta situación de debilidad de su antiguo jefe, los caudillos firmaron a espaldas de Artigas el Tratado del Pilar, abandonando a su suerte al caudillo oriental. Artigas decidió unir sus escasas fuerzas con las de Corrientes y Misiones. Entró en Entre Ríos dispuesto a someter a Ramírez, pero fue derrotado definitivamente en Las Huachas y debió marchar hacia el exilio en el Paraguay.
Allí vivió humildemente, bajo la protección de los sucesivos gobernantes paraguayos, Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López. Habitó en una modesta chacra donde vivió en el ostracismo por 30 años. Murió el 23 de septiembre de 1850, rodeado de indios y campesinos que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú, ni más ni menos que el Padre de los pobres.

jueves, 20 de septiembre de 2012

www.um.edu.uy/_upload/_descarga/web_descarga_134_DIAZ_Losidealesrepublicanos.pdf

Los ideales republicanos en la Guerra Grande por Barbara Diaz.
www.um.edu.uy/_upload/_descarga/web_descarga_134_DIAZ_Losidealesrepublicanos.pdf

www.dfpd.edu.uy/departamentos/sociologia/adjuntos/ciencias_politicas/part_constitucional_fac_derecho.pdf

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El Partido Constitucional y la Facultad de Derecho
[Revista de la Facultad de Derecho Nº 24. 
Enero/Diciembre/2005. Universidad de la 
República. Fundación de Cultura Universitaria. 
Págs. 99-124.]
Dr. Luis Delio (Prof. Agregado y Coordinador de Ciencia Política; Prof. Adjunto de Historia de las Ideas. 
Facultad de Derecho. UDELAR.)