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viernes, 29 de marzo de 2013

Henry George y la desigual distribución de la riqueza.



De los múltiples escritos de diferentes teóricos que propusieron soluciones para la injusta distribución de la riqueza encontramos  como más populares los titulados "Progreso y miseria de Henry George" 1879, el "El Año 2000: una visión retrospectiva de Edward Bellamy" 1888. Fueron los escritos más vendidos a fines del siglo XIX y por supuesto que el primero influyó claramente en la política económica del primer batllismo. El punto de partida del análisis de estos escritores fue, según George "una conciencia muy extendida de que algo está muy mal en la organización social actual" Ambos buscaban restablecer una época dorada imaginaria de libertad y armonía social. Sus ideas se dirigieron a destinos opuestos: Henry George se dirige a una sociedad en la que unos individuos manejarían su destino dentro de un mercado liberalizado; Edward Bellamy, se dirige hacia un futuro colectivista en el cual la autonomía personal queda subordinada a un bien común determinado socialmente. la idea de George era que un impuesto sobre la tierra alcanzaría para hacer realidad el futuro igualitario que aspiraba. En el centro del análisis de Henry George encontramos el concepto de libertad. La libertad política ,escribe George, no tenía sentido si no se acompañaba de la libertad económica. George rechazaba la equiparación tradicional entre libertad y propiedad de la tierra, en la practica el propone el impuesto único que convertiría la tierra en propiedad común de toda la sociedad. George creía fervientemente en la justicia del libre mercado, el problema era que el monopolio sobre la tierra posibilitó que los que no eran productores se enriquecieran a costa de los agricultores y los trabajadores industriales. Su posición era la de una intervención única pública en la economía, y considraba que el Estado era un poder represor cuyas funciones en el futuro debería ser cooperativas mejorando la calidad de vida, o sea construyendo museos, bibliotecas, plazas, Para George, entonces el impuesto sobre la propiedad de la tierra debería conducir a la eliminación de la injusticia social: "Libertad es sinónimo de igualdad". Por lo tanto su ideal de libertad se sostenía en el individuo soberano.
El Batllismo y la Propiedad de la Tierra.
"La propiedad territorial es una de las pocas bases del impuesto que el Comité Ejecutivo propone que sea aceptada por la Convención. La propiedad privada es una gran injusticia. El mundo puede decirse sin equivocarse, es de todos. El que viene al mundo viene con el derecho de poner los pies, por lo menos en él. Y, tal como está organizada la sociedad, hay muchos que nacen sin tener donde asentar sus pies. La propiedad, en realidad, no debe ser de nadie, o más bien dicho, debe ser de todos; y la entidad que representa a todos es la sociedad.(...)El propietario no es el único responsable del mal existente, lo somos todos. Y es por medio de las leyes que debe llegarse al resultado..."Algunas manifestaciones del Georgismo en José Batlle y Ordóñez, el 20 de junio de 1925 El Día publicaba su discurso en la Convención del Partido Colorado. En esa ocasión Batlle sostenía la necesidad de tomar como de tributación la propiedad territorial, que era para Batlle un hecho consumado. De modo que la propiedad aparece como el resultado de un consenso social que no debe ser vulnerado por el Estado, ahora siguiendo a Ahrens. Por lo tanto la única solución para el batllismo en su primera época era el impuesto progresivo para detener el interés de posesión de grandes extensiones, esto se complementaría con otras medidas proteccionistas."El impuesto progresivo sobre la tierra, es decir, un impuesto que va siendo cada vez mayor, a medida que el valor de la tierra aumenta, hace que el interés de tener grandes propiedades disminuya si no se las emplea en forma que produzcan utilidades extraordinarias(...)Si las grandes propiedades pagaran fuertes impuestos y las pequeñas no, estos agricultores no serian expulsados de las tierras que cultivan; habrían quedado en ellas con muy poco esfuerzo y sacarían de ellas todo el fruto de su trabajo" Batlle pensaba que la tierra no debía ser propiedad de nadie. La asemejaba al aire o al mar, algo sin dueño. Lo que sí aceptaba era la propiedad sobre el fruto del trabajo, es decir que no estaba en contra de la propiedad privada sino de la propiedad privada improductiva. Intentó aplicar impuestos al latifundio y aumentar el impuesto a la herencia, pensando que esto desanimaría a los propietarios de grandes extensiones improductivas. A la vez estimuló a los pequeños y medianos propietarios, y promovió planes de colonización.Estas medidas no tuvieron éxito; de hecho, los estancieros se opusieron fuertemente a su política.
Al hablar de libertad debemos de definir la cuestión de cuales son las variables necesarias para que florezca, George sostenía que un impuesto universal sobre la tierra lo permitiría, el batllismo con la justa redistribución de la riqueza a través del Estado. En definitiva la tensión permanente entre libertad e igualdad moviliza permanentemente la búsqueda de una sociedad mejor.

Ver: Eric Foner, La Historia de la Libertad, introducción Pág.12 a 34. Península, Barcelona, 2010
       Delio, Luis María. Nuevo enfoque sobre los orígenes intelectuales del batllismo. FCU, 2007, Pag.46 ySs.
       Lagrotta, Miguel. Domingo Arena, realidades y Utopías. Pág 13, 17-21. ARCA 2da.edición. Montevideo 2009.

jueves, 28 de marzo de 2013

Breve análisis del desarrollo de los Consejos de Salarios.


Consejos de Salarios.
Fueron tres las propuestas presentadas en Diputados sobre Consejos de Salarios en 1941. El socialista Emilio Frugoni (Maronna-Trochon,1986) propuso el 18 de marzo la creación de los Consejos de acuerdo a un proyecto por él presentado en 1912. Este mecanismo sostenía Emilio Frugoni, sirve para “que en cada industria los trabajadores vayan poniendo a tono de las exigencias y del crecimiento de los precios, sus propias remuneraciones y sirvan también como elementos de conciliación y arbitraje ”. Lo novedoso que introduce el segundo proyecto del presidente Alfredo Baldomir, era en extender la intervención del organismo conciliador a los servicios del Estado. El proyecto de la Comisión investigadora de la Cámara elaborado sobre la base de los dos mencionados anteriormente, preveía, además, regular la situación de los peones rurales, el servicio doméstico y las asignaciones familiares. El proyecto dormirá en el Senado por espacio de dos años. En 1943, con el agregado sobre el salario base propuesto en la  cámara de Diputados, el ministro de Industrias Javier Mendivil, que era a su vez asesor letrado de la Cámara de Industrias, sostenía:” los obreros y los empleados no han tenido necesidad para vivir que una ley fijara un salario tan rígido como base”. La realidad era que existía una gran interpenetración entre los elencos políticos y los sectores altos tan evidentes que hacían difícil al Estado actuar de un modo neutral como tercer miembro. El primer laudo de los Consejos de salarios se firma en 1944 con los trabajadores de la empresa CUTCSA. Los Consejos eran competentes en relación al trabajo, categorías laborales y conciliaciones, convirtiéndose en una pieza clave corporativa que sin embargo mantuvo la independencia sindical.
Ver: Ana Frega, Mónica Maronna, Yvette Trochon “Los Consejos de salarios como experiencia de concertación” Cuadernos del Claeh nro 33,Montevideo 1985.

Las Empresas públicas uruguayas. Origen y gestión. Por Benjamin Nahum

"En la historia de la sociedad uruguaya, el Estado ha jugado un papel peculiar antes de nuestra constitución como nación independiente. Hemos sostenido en "El problema nacional y el Estado, un marco histórico" que si en la Banda Oriental, si el ganado precedió al colono también lo hizo el Estado. Región desprovista de riquezas minerales, poblada por mucho ganado y escasísimos hombres, la incidencia del Estado colonizador español fue decisiva para otorgar tierra, defender la frontera, fundar pueblos, permitir o no el comercio, educar, crear las primeras formas de gestión administrativa de la sociedad, que fueran públicas y no privados como las colonias inglesas de América del Norte.
Las guerras revolucionarias que independizaron al país conmovieron sin duda la fortaleza del estado. Pero ante la fragilidad de una sociedad muy debilmente estructurada y que padeció de la violencia  crónica de las guerras de la independencia primero y de las partidistas después, el Estado siguió siendo un pequeño centro de poder, una voluntad de orden y autoridad que tenía más peso cunado el Presidente coincidía con el Caudillo(Rivera) y por lo tanto se superponía el país legal al país real. Cada tanto aparecía también el deseo de imponer una administración eficiente, un marco legal que contuviera y modelara a la sociedad inorgánica y en ebullición(Oribe, Berro)Cuando esa desorganización llegó a su colmo y el Estado se partió en dos(gobierno de la Defensa, gobierno del Cerrito) peligró la propia existencia del país independiente(Guerra Grande).
Una década y media después, la conjunción de crisis económica y política creó un vacío de poder que fue llenado por representantes del ejército. Ese primer militarismo(1876-1886) fue a su vez la primera de las tres etapas en que se desarrolló definitivamente el poder del Estado y se amplió su área de acción.
Ahora sí, el Estado pudo imponerle a la sociedad una serie de reglas y limites que la contuvieran y orientaran hacia un proceso de modernización global(económica, jurídica, educativa) que significó el ingreso del país al estadio de desarrollo económico capitalista. Basándose en un poder coactivo(fusil, ferrocarril, telégrafo) superior a su aparato jurídico la resistencia que podían oponerle la sociedad rural y los caudillos(caballo y lanza), modernizó su aparato jurídico y administrativo(códigos, jueces,, correo). Con ambos  instrumentos(poder militar y jurídico) implantó la paz interna y protegió el desarrollo de las fuerzas productivas del campo(difusión del ovino y el alambrado), así como apoyo a la burguesía comercial de la ciudad-puerto(paz, patrón oro, austeridad fiscal) y tranquilizó al inversor extranjero(reanudación del servicio de la deuda pública)El resultado fue un Estado fuerte y moderno que encarriló al país hacia el lugar que el mercado mundial le había asignado.
El periodo del civilismo 1886-1903 segunda etapa, marcó la recuperación de los civiles de la conducción del Estado. La década militarista en que estuvieron fuera del poder, les enseñó a muchos de esos civiles ilustrados(los doctores) que perder la palanca del Estado conducía a la anulación política y a la marginación económica. Su adhesión a los principios puros del liberalismo, que veía al Estado solo como "juez y Gendarme·, sufrió una transformación y, vueltos al poder, procuraron fortalecer al Estado, ampliar su esfera de acción para mantener fijo el rumbo hacia la modernización que implicaba la paz interna y su propia consolidación como élite profesional de gobierno. Algunos de los hombres que en 1873, con el principismo, quisieron limitar el Estado casi hasta la inacción, en 1884 y 1888 aprobaron leyes ferroviarias que le abrieron a este el más amplio intervencionismo: control de la empresa inglesa, derecho a vigilar la fijación de tarifas y hasta autorización para construir ferrocarriles propios. En 1901, impulsado por una burguesía mercantil urbana poco emprendedora, el Estado hizo construir el Puerto de Montevideo. Costeado por impuestos que pagó toda la Nación, su manejo por el Estado aumentó la fuerza de este y amplió su área de acción. Poco después se hizo cargo de la producción de energía eléctrica. Esta  estuvo primero en manos de una empresa privada 1887 a 1897, pasó luego a la administración provisoria del Estado, 1897 a 1906, a la directa y definitiva por el mismo Estado, 1906 a 1912 y a ser un monopolio estatal a partir de 1912.
El primer batllismo 1903-1916, constituye la tercera etapa en el desarrollo del poder del Estado. Con él culmina la tendencia a ampliar su esfera de acción, pero ahora de manera deliberada, buscando que su incidencia en la sociedad fuera portadora de la filosofía política del grupo gobernante. A la vez que crecía el poder estatal, se consolidaba también la élite de políticos profesionales que veía en el poder público su instrumento y su medio de vida.
Impulsado también por la falta de iniciativa y de fuerza del capital nacional, el Estado fue cada vez más empresario y árbitro social. Así, se estatizaron los Bancos República e Hipotecario, se nacionalizaron actividades en manos extranjera como los Seguros, se monopolizó la producción de energía eléctrica y los servicios portuarios y se legisló en favor del obrero con la ley de 8 horas, se legisló a favor de la mujer con el divorcio por su sola voluntad,  del anciano con pensiones a la vejez, del niño educación secundaria gratuita, del enfermo con los hospitales laicos, en un intento por inclinar el poder del Estado hacia los más débiles y a la vez buscar el apoyo electoral de quienes podían votar.
Tal potencia fue adquiriendo el Estado por esas ampliaciones sucesivas en los planos económicos de su actuación en los planos económicos, financiero, industrial, educacional, sanitario, de la vida nacional, que el diputado socialista Emilio Frugoni lo encontró dotado de una vida propia" convertido en una nueva potencia social, casi autónoma, que nos es ya(...)el mero receptáculo(...)de todos los intereses(...)de la clase capitalista(...)sino que se vive, se desarrolla y se agita al costado de esta clase"

Ver Benjamin Nahum, Empresas Públicas uruguayas, Orígen y gestión, Montevideo, EBO, 1994 Pág, 9.12

sábado, 23 de marzo de 2013

Blancos y Colorados por Gerardo Caetano y José Rilla.


Aunque hunden sus raíces en las tensiones de la última Colonia y de la Patria Vieja, es sabido que Colorados y Blancos comenzaron a definirse con imprecisión una vez concluida la primera fase de la crisis independentista (1820-1830) y finalizada también la estructuración del primera marco constitucional.
De acuerdo a las consideraciones de Romeo Pérez, el nacimiento de las divisas se inscribe dentro del primer conflicto articulador de la política uruguaya. Este proceso tuvo que ver con el antagonismo trabado entre el prospecto político negador de los partidos - cuyo programa apareció con claridad en la Constitución de 1830-  y la acción caudillesca portadora de una concepción distinta del "hacer política", en la que se legitimaba directa o indirectamente la participación ciudadana en clave colectiva. La inadecuación radical entre el país legal y el país que desembocó finalmente en una temprana  consolidación de formación protopartidistas.
Durante la etapa que Juan E. Pivel Devoto ha llamado la definición de los bandos(1828-1838), blancos y colorados alcanzaron una primera configuración muy imprecisa y errática. Por encima de las afinidades ideológicas, primó, entonces, la conjunción coyuntural de intereses y propuestas. La tramitación particularísima de los liderazgos caudillescos.
Sin embargo, fue solo a partir de la Guerra Grande y de su hondo impacto comarcal que se produjo definición del contenido de las divisas. Blancos y Colorados se dividieron, entonces, ante el desafío de algunos de los principales dilemas del conflicto regional: desde la definición de fronteras a la confrontación en torno a los modelos modernizadores más aptos para el primer desarrollo autónomo de estas regiones, pasando por la controversia armada en torno a la adscripción territorial de las hegemonías caudillescas y sus séquitos.
A partir de algunos estudios en la materia de Romeo Pérez y Francisco Panizza, podría señalarse que "lo colorado" comenzó desde entonces a ser sinónimo de una relación privilegiada con el poder institucionalizado como instancia de construcción sociopolítica, un estilo de "hacer política" más contractual: la defensa de un modelo modernizador básicamente imitativo en el que se partía del reconocimiento del "afuera" principalmente Europa como "imágen constitutiva" y "mirada constituyente", la adscripción por último de una identidad más ciudadana e inmigrante.
Por su parte en una perspectiva analítica similar, "lo blanco" podría identificarse con la desconfianza frente al poder institucionalizado y una mayor adhesión al"llano como ámbito desde donde hacer la política", un estilo político más agonal y romántico: la defensa de un modelo modernizador más selectivo y autorregulado proclive a la afirmación de fronteras  solidas entre el "adentro" y el "afuera", la asociación privilegiada con el mundo rural y sus símbolos de índole más localista que cosmopolita.

Ver: Historia Contemporánea del Uruguay: Gerado Caetano- José Rilla. Página 65.

miércoles, 27 de febrero de 2013

domingo, 24 de febrero de 2013

La vocación americana de España | APHU

La vocación americana de España | APHU


  • Don José, el padre del federalismo rioplatense
    Por Felipe Pigna

    A comienzos de la década de 1810, en la ribera oriental del Río de la Plata, soplaba un vendaval desatado por un hombre que había nacido en Montevideo un 19 de junio de 1764 y que desde muy chico, tras estudiar en el colegio franciscano de San Bernardino, se había dedicado a las tareas rurales en las estancias de su padre. Ya mayorcito comenzó a ganarse la vida comprando cueros en la campaña para venderlos a los exportadores de Montevideo. En 1797 ingresó como soldado de caballería en el regimiento de Blandengues y en 1806, durante las invasiones inglesas participó en la reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo a las órdenes de Liniers.
    Pero el oriental no había nacido para estar a las órdenes de nadie y al producirse la Revolución de Mayo, el entonces capitán Artigas desertó de la guarnición de Colonia y se puso a disposición del gobierno porteño para combatir al gobernador español Javier de Elío que se negaba a reconocer a Junta revolucionaria de Buenos Aires y que había sido nombrado Virrey del Río de la Plata.
    Artigas fue reclutando un verdadero ejército popular formado por los gauchos orientales, empobrecidos por la escandalosamente corrupta administración de Elío. Repartió entre sus paisanos las tierras y los ganados que les iban “recuperando” a los españoles. Con estas fuerzas, el 18 de mayo de 1811 derrotó a los realistas en el combate de Las Piedras y, puso sitio a Montevideo hasta que, sorpresivamente y sin consultarlo, el Primer Triunvirato firmó el 20 de octubre un armisticio con Elío por el cual se comprometía a retirar las tropas patriotas.
    Seguido por sus milicianos y la mayoría de la población oriental, Artigas se retiró hacia Entre Ríos para reorganizar la lucha. De todos lados llegaban familias huyendo de la persecución a colocarse bajo su protección y a ofrecerse para luchar contra los españoles y los portugueses, que habían comenzado a penetrar desde el norte de la Banda Oriental por pedido de Elío. Mil carretas y unas 16 mil personas, hombres, mujeres y niños, con sus pocos ganados y pertenencias, cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayui, cerca de la actual Concordia (Entre Ríos) preparados para continuar la lucha. Era el famoso éxodo del pueblo oriental. Pero el Primer Triunvirato era poco afecto a las epopeyas populares y decidió enviar a Manuel de Sarratea para reemplazar a Artigas en el mando de las tropas orientales. Sólo cuando a fines de 1812, tras la caída del Primer Triunvirato, Sarratea fue reemplazado por Rondeau, y se le devolvió su mando a Artigas, los orientales aceptaron unirse a las tropas porteñas para sitiar Montevideo.
    Al inaugurarse la Asamblea del Año XIII, la Banda Oriental eligió sus representantes en un Congreso y, por inspiración de Artigas, les dio precisas instrucciones de contenido federalista y revolucionario: inmediata declaración de Independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos, gobierno central con respeto a las autonomías provinciales y el establecimiento de la capital fuera de Buenos Aires.
    La Asamblea presidida por el centralista Carlos María de Alvear rechazó los diplomas de los diputados orientales, argumentando que no habían sido elegidos legalmente. Era una vil excusa ya que los únicos delegados elegidos por voto popular eran precisamente los orientales.
    La clase alta porteña temía que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del plata y poner en juego la base de su poder económico.
    El Director Supremo Gervasio Posadas, tío de Alvear, lo declaró "traidor" y puso precio de 6.000 pesos a su cabeza.
    José Artigas fue el primero en plantear claramente en el Río de la Plata las ideas del federalismo entendiendo que el reparto equitativo de la riqueza por regiones era una condición imprescindible para su entera concreción.
    Del otro lado del Río y de la Historia José Gervasio Artigas ponía en práctica la ley agraria más avanzada que se conozca hasta estos momentos en estos lares del Río de la Plata. Fundó una colonia agrícola que combinaba las tradiciones comunitarias de los abipones y guaycurúes del Chaco, tan artiguistas como los charrúas, quienes ya tenían destinada en propiedad la zona de Arerunguá para su subsistencia.
    Para 1814, la popularidad de Artigas se había extendido a varias de las actuales provincias argentinas, afectadas, al igual que la Banda Oriental por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unen a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga, Artigas luchó junto con los jefes litoraleños contra el centralismo del Directorio. La liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores nacionales y se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros y las medicinas y derivaba el comercio del Litoral al puerto de Montevideo.
    En 1815 Artigas recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas y convocó en Concepción del Uruguay el 29 de Junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres que se reunió en Concepción del Uruguay (Entre Ríos). Allí estaban los delegados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la Bandera tricolor –celesta y blanca y con una franja diagonal roja- y enviar una delegación a Buenos Aires para concretar la unidad.
    Mientras en Buenos Aires se sancionaba el “Reglamento del tránsito de Individuos” que decía: “Todo individuo que no tenga propiedad legítima será reputado en la calidad de sirviente y será obligatorio que se muna de una papeleta de su patrón visada por el juez. Los que no tenga estas papeletas serán reputados como vagos y detenidos o incorporados a la milicia”, Artigas proclamaba su “Reglamento Oriental para el fomento de la campaña” que establecía la expropiación de tierras a “emigrados, malos europeos y peores americanos” y su reparto entre los desposeídos del país para “fomentar con brazos útiles la población de la campaña”
    Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, Artigas promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: “Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio.”
    En la sesión del 19 de Julio del Congreso de Tucumán, uno de los diputados por Buenos Aires, Pedro Medrano, previniendo la reacción furibunda de San Martín que estaba al tanto de las gestiones secretas en las que estaban involucraban a algunos congresales y al propio Director Supremo encaminadas a entregar estas provincias, independientes de España, al dominio de Portugal o Inglaterra, señaló que “antes de pasar al ejército el acta de independencia y la fórmula del juramento, se agregase, después de ‘sus sucesores y metrópoli’; esto más: ‘de toda dominación extranjera’, para sofocar el rumor de que existía la idea de entregar el país a los portugueses”.
    Medrano sabía que lo de “entregar el país a los portugueses” era mucho más que un rumor. El ministro argentino en Río de Janeiro, el inefable y omnipresente Manuel José García le había escrito al Director Supremo Pueyrredón: “Creo que en breve desaparecerá Artigas de esa provincia y quizás de toda la Banda Oriental. Vaya pensando en el hombre que ha de tratar con General Lecor”.
    Lecor era nada menos que el jefe del ejército invasor portugués a quien el Director Supremo de las Provincias Unidas llamaba “Jefe del Ejército de Pacificación” y le escribía en estos términos: “En interés recíproco de ambos gobiernos demanda imperiosamente que Artigas sea perseguido hasta el caso de quitarle toda esperanza de obrar mal a que lo inclina su carácter.”
    A fines de 1819 la Liga estaba entre dos fuegos, por un lado los directoriales y por el otro los portugueses. Artigas concibió un plan militar. Él atacaría el campamento portugués en Río Grande mientras que las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe atacarían Buenos Aires. Pero mientras el caudillo de Santa Fe, Estanislao López y su compañero de Entre Ríos, Francisco Ramírez, invadían exitosamente Buenos Aires y triunfaba en Cepeda, Artigas era derrotado por los portugueses en Tacuarembó.
    Aprovechando esta situación de debilidad de su antiguo jefe, los caudillos firmaron a espaldas de Artigas el Tratado del Pilar, abandonando a su suerte al caudillo oriental. Artigas decidió unir sus escasas fuerzas con las de Corrientes y Misiones. Entró en Entre Ríos dispuesto a someter a Ramírez, pero fue derrotado definitivamente en Las Huachas y debió marchar hacia el exilio en el Paraguay.
    Allí vivió humildemente, bajo la protección de los sucesivos gobernantes paraguayos, Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López. Habitó en una modesta chacra donde vivió en el ostracismo por 30 años. Murió el 23 de septiembre de 1850, rodeado de indios y campesinos que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú, ni más ni menos que el Padre de los pobres.

martes, 19 de febrero de 2013

Las Instrucciones del Año XIII por Jorge Batlle.




  • LAS INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII

    En abril de 1813, hace casi ya 200 años, Artigas convocó al Congreso que debía designar los Diputados de la Banda Oriental ante la Asamblea convocada en Buenos Aires. El Congreso Oriental del año 13 fijó las pautas que serían hasta el día de hoy las bases de nuestro derecho patrio y que representan además en su texto, tanto como en su espíritu, la manera de ser, libre, republicana y democrática de todos los orientales.

    Las Instrucciones dicen muchas cosas sobre muchos temas, pero hoy comentaremos las referidas a los artículos 5to. y 6to.

    Artículo 5: “Así este como aquél (gobiernos Provisional l y Federal) se dividirán en Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial”.
    Artículo 6: “Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí y serán independientes en sus facultades”.

    El Frente Amplio ha resultado enmendar e ignorar a Artigas. Prefiere a Chávez, a Correa, a Evo Morales y a Cristina Fernández. Artigas es muy bueno cuando le sirve, cuando no le sirve mejor olvidarse de Artigas.

    Es bien claro lo que las Instrucciones 5 y 6 dicen. El día que los tres Poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial estén en manos de una sola persona o de un solo partido, se acabó la democracia.

    El Presidente de la República cuando afirma que le disgustó lo que sucedió en la Suprema Corte de Justicia en forma implícita está reconociendo el principio de la separación de Poderes, y le está diciendo a sus correligionarios no incurran en el más grave de todos los errores que han cometido, destruir en forma definitiva el régimen democrático pretendiendo sujetar a la Suprema Corte a la voluntad de una mayoría legislativa.

    Si la Suprema Corte tuviera que dar explicaciones de por qué cambió un Juez, por más importante que sea, es el día en que la Suprema Corte dejaría de existir. De ese día en adelante la Suprema Corte debería consultarle al Parlamento de la República el movimiento de cada Juez y en poco tiempo más el por qué de cada sentencia. La Justicia dejaría de existir.

    Más allá del hecho de la inconsistencia absoluta de lo planteado por el Frente Amplio en el Parlamento hay algo que si es bueno advertir y recordar con claridad: no es este el primer fallo de la Suprema Corte de Justicia que tiene que ver con cuestiones afines a los Derechos Humanos. Han habido otros. En esos casos anteriores el Frente quedó satisfecho con la resolución de la Suprema Corte y a nadie se le ocurrió decir que la Suprema Corte estaba equivocada o que había cometido un error, a nadie.

    Cuando la Suprema Corte dicta una resolución como el caso del impuesto a la tierra o en el traslado de una jueza que no le satisface al Frente, el Frente poco menos que la quiere destituir a la Corte. Para el Frente Amplio la Suprema Corte solo sirve cuando falla a favor de sus intereses.

    Un país sin justicia es un país sin libertad. Eso es lo que el Frente quiere, un país sin libertad.

    JORGE BATLLE

Henry Rousso: historia, memoria, presente « APHU

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