El período de crecimiento hacia adentro: 1931-1973
El período de entreguerras prolongó un modelo liberal pero con inicios de un intervencionismo limitado debido a la estilización de servicios muy importantes para la época: UTE, ANCAP y el Frigorífico Nacional. Por otro lado un manejo austero y mesurado en materia fiscal desarrollado por los técnicos de la época en los que podemos destacar a Martín. C. Martínez, Pedro Cossio y José Espalter. Luego de la crisis de 1929 nuestro país no pudo continuar con este modelo económico. En loa años 30 Inglaterra para mantener su estabilidad económica tuvo que abandonar la convertibilidad al oro en 1931. Al año siguiente promulgan la Wheat Act con el objetivo de regular las importaciones agrícolas y proteger su producción nacional. Ese mismo se impone mediante la gestión del canciller Neville Chamberlain una tarifa aduanera proteccionista del 10%. Este era insólito en una economía que hasta este momento histórico era la pionera y primera defensora del modelo liberal librecambista.. Para i configurando el nuevo orden mundial económico se produce la conferencia de Ottawa que impone una “preferencia tarifaria imperial” a todos los integrantes del Commonwealth o sea del Imperio británico.
Sin embargo el comercio británico era en este momento histórico un 75% del volumen que manejaba antes de iniciarse la Primera Guerra Mundial. Lentamente comienza. Perder peso frente al crecimiento de los Estados Unidos. No olvidemos que en 1936 John M, Keynes publica su teoría general.
En Francia las cosas se complican también luego del crac de Wall Street. Su índice industrial baja entre 1928 y 1932 un 25%. En 1936 se produce la devaluación del Franco un 33%. El salario real se deteriora. Luego de duros debates políticos se produce los denominados acuerdos de Matignon mediante los cuales se aumentan los salarios un 7% y se reduce el horario laboral de 10 a 8 horas. Ese mismo año se nacionalizó en Banco de Francia, en forma paralela la exportaciones caen 35% y la participación de Francia en el comercio mundial pasó del 6% al 4%.
En Estados Unidos se produce el New Deal que supuso un cambio igualmente significativo en la política económica y social del país. El objetivo era doble, por un lado recuperar el equilibrio en los mercados y por otro alcanzar el pleno empleo aumentando el poder adquisitivo de la sociedad. Estamos frente al indio de lo que posteriormente se va a denominar la sociedad de consumo. El Estado pasa a contribuir por medio de inversiones públicas la actividad de los sectores productivos privados. En enero de 1934 Estados Unidos deroga la convertibilidad del oro. Se devalúa el dólar al 59%. Tambien cesa el encaje en oro, y para evitar la fuga del mismo, se aseguran sus reservas.. Inmediatamente a estas políticas se paso a una política de dinero barato con el objetivo de estimular las inversiones. La ayuda estatal a los bancos convirtió a la Reserva Federal , la FED, en propietaria del 25% del capital de esos bancos.
En Alemania, una huelga generalizada de 6 millones de trabajadores lleva en 1933 a la opción nacionalista extrema de Hitler al poder, dando inicio a un modelo autárquico en lo económico, corporativista y dirigido a una economía industrial de guerra. Y en 1936 para cerramiento el foco mundial se inicia la Guerra Civil Española.
Antecedentes de la crisis de 1929
Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos se consolida como la principal potencia económica mundial mientras que los países europeos, sobre todo Gran Bretaña, pierden su rol protagónico en el contexto internacional. En este marco la economía norteamericana, si bien sufrió una breve recesión entre los años 1920 y 1921, comenzó una década de fuerte crecimiento económico basada en un importante aumento del consumo interno y de la industria de la construcción. Como reflejo de esto, observamos que el PIB per cápita estadounidense aumentó un 2,19%1 interanual entre los años 1920 y 1929. Por su parte para Europa la década del ’20 significó un período de reconstrucción luego de la guerra, signada principalmente por la gran deuda que varios países europeos contrajeron para hacer frente a los gastos bélicos. Gran Bretaña comenzó, a partir de 1921, un lento proceso de expansión de su economía. Dicha recuperación sufrió un serio revés en el año 1926 luego de que el gobierno de Winston Churchill decidiera reinstaurar el patrón oro en su economía, fijando el tipo de cambio de la libra al mismo nivel de la pre-guerra. Esta convertibilidad significaba una gran sobrevaloración de la libra, en un contexto en el que la economía inglesa ya no poseía la fortaleza de los años previos al conflicto. La consecuencia inmediata de esta medida fue el encarecimiento de la producción inglesa con respecto al resto del mundo y la consecuente caída de las exportaciones británicas. A su vez Alemania, considerado el gran responsable de la Primera Guerra Mundial, fue obligado a realizar onerosos pagos a los países Aliados como lo estipulaba el Tratado de Versalles. Las sumas obligadas a pagar superaban de tal forma la capacidad de pago de la economía alemana que en el año posterior a la finalización de la guerra el PIB per cápita alemán cayó un 13%2 . Durante la década de 1920 Alemania, al no poder hacer frente a las reparaciones establecidas, debió recurrir a imprimir moneda, generando uno de los procesos hiperinflacionarios más drásticos de la historia. En el año más crítico de este período el PIB per cápita alemán llegó a caer un 17% (1923). A pesar de estos años críticos, la tendencia muestra una cierta recuperación de la economía alemana en estos años. Mientras tanto Francia fue tal vez el país con mejor desempeño económico de la región. Se caracterizó por un bajo nivel de desempleo, un presupuesto del Gobierno equilibrado y buenos niveles de producción industrial, basados principalmente en la industria del acero. Todo esto, sumado a la confianza que tenía la gente en la moneda local, llevó a que la economía francesa tuviera un crecimiento de su PIB per cápita del 3,85%3 interanual entre 1920 y 1929. Inicio de la Gran Depresión La crisis de 1929 tiene como punto de partida el jueves 24 de octubre de ese año, cuando la bolsa de valores de Wall Street sufre una caída del índice Dow Jones del 9%, a raíz de que una importante proporción del mercado intentó deshacerse de sus posiciones. Este desplome pudo haber sido aún mayor de no haber sido por la intervención en el mercado de los principales bancos, que inyectaron cerca de 20 millones de dólares en un intento de frenar el derrumbe en el valor de los activos. La semana culminó con una jornada de leve recuperación en el mercado. Sin embargo, el lunes siguiente el mercado sufrió nuevamente una caída del 13% debido a que el pánico de los inversores los llevó a intentar desprenderse de sus activos. El martes 29 la tendencia bajista se agudizó. Varios banqueros y productores industriales intentaron repetir la estrategia de intervención, utilizada el jueves 24, sin éxito. En ese sólo día se intercambiaron un total de 16 millones de acciones, récord que no se superaría en los 40 años siguientes. Al final de la jornada el Índice Dow Jones culminó con una caída del 12% de su valor. Desarrollo de la crisis de 1929 Si bien se considera al año 1929 como el comienzo de una de las crisis más importantes que sufriera el mundo occidental, debemos destacar que en ese año la economía norteamericana tuvo un crecimiento del PIB per cápita del 5%, siguiendo la tendencia de los demás países industrializados. Fue durante 1930 cuando se comenzaron a vislumbrar los primeros coletazos del crash de octubre del ’29. Sin lugar a dudas, la característica más destacable del período será el alto y sostenido nivel de desempleo que sufrirán las principales potencias económicas.
Estados Unidos probablemente fue el país más afectado, registrando niveles superiores al 20% de desempleo durante el cuatrienio 1932-1935. Es necesario resaltar el enorme impacto social que dichos guarismos tuvieron sobre la población afectada. Los altos y sostenidos niveles de desocupación acarrearon otra consecuencia; por primera vez los responsables de la política económica de los distintos países industrializados apreciaron la incapacidad del sistema para recuperarse por si mismo ante tal shock negativo. Surgen en este momento las primeras voces promoviendo cambios estructurales en el sistema para evitar el colapso del mismo. Uno de sus principales exponentes fue John M. Keynes. La consecuencia inmediata fue una crisis que se expandió hacia todo el sistema financiero. Aunque el sistema bancario norteamericano, acostumbrado a una regulación más bien escasa, era golpeado de forma regular por corridas bancarias nada hacía esperar la sucesión de quiebras que se vivirían a partir de mediados de 1930. Según datos de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), durante el período 1930-1933, un promedio de 2300 bancos por año suspendieron sus actividades. Otra consecuencia directa de la crisis fue la disminución del gasto en consumo. Esta baja puede deberse a las expectativas negativas por parte de los individuos luego del crash del mercado de valores. Afirma que tanto los consumidores como los inversores, al enfrentarse a una situación de incertidumbre, son propensos a disminuir su gasto en bienes durables. Esta caída se vio exacerbada en un cambio en los patrones de consumo. De esta forma este nuevo escenario traería como resultado una disminución más marcada en el consumo ante shocks negativos en el nivel de actividad. Estos efectos sobre el consumo y la inversión, sumados a la creciente ola proteccionista imperante en la época, llevaron a una disminución del 65%7 del comercio internacional entre 1929 y 1932.
En buena medida se ingresó en un período donde los países desecharon toda la estructura comercial y monetaria que había permitido la expansión del comercio mundial desde mediados del Siglo XIX. Abandonado el patrón oro, las naciones incurrieron en fuertes devaluaciones unilaterales de sus monedas buscando que la producción local fuera más competitiva. Estas medidas, sumadas a las trabas comerciales a la importación llevadas a cabo por los países, terminaron destruyendo el flujo internacional de comercio. Sería necesaria la instauración de un nuevo orden económico, a través de los acuerdos de Bretton Woods, para que el comercio internacional recuperara los niveles anteriores a 1930.
Causas de la Gran Depresión
El patrón oro:
Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial las principales potencias económicas habían decidido readoptar este sistema cambiario. La añoranza de la estabilidad financiera que caracterizó a los años previos a la guerra, que permitieron el desarrollo de los negocios y del comercio internacional, eran los principales argumentos esgrimidos por las naciones para retomar este sistema. Para entender la importancia que tuvo el régimen de patrón oro debemos situarnos en los problemas que aquejaban a Francia a finales de la década del ’20. En esos años el país galo era afectado por una alta inflación, consecuencia de un excesivo y persistente déficit fiscal. En 1926 asume Raymond Poincaré como Primer Ministro francés e inmediatamente se embarca en una severa política de equilibrio fiscal. La estabilización de las cuentas públicas puso fin a la necesidad de emisión como fuente de financiamiento, y por lo tanto las expectativas futuras con respecto a la inflación se redujeron. Esto sumado a las políticas de liberalización del mercado de capitales, generaron un clima favorable para el aumento en la demanda de francos. Dado que Francia había retornado al patrón oro en 1922, este exceso de demanda de su moneda se tradujo en un masivo ingreso de oro desde el resto del mundo, aumentando las reservas de oro del Banco de Francia en un 76% entre diciembre de 1926 y diciembre de 1928.
Por su parte en Estados Unidos, la Reserva Federal decidió subir la tasa de interés con el objetivo fundamental de frenar la salida de oro hacia Francia. Por esta razón, en 1932, Francia y Estados Unidos acaparaban más del 70% de las reservas mundiales de oro. Como respuesta a esto, los demás países que pretendían mantener el valor de sus monedas debieron recurrir a la venta de activos nacionales, lo cual derivó en una enorme contracción monetaria. Una de las falencias más grandes del patrón oro, que dejó en evidencia la crisis, fue su incapacidad de poder llevar adelante una política monetaria activa. Esta incapacidad privó al sistema bancario de recibir, en los momentos de crisis, la liquidez necesaria para continuar con su operativa y exacerbó la caída de instituciones financieras.
La hipótesis monetarista
Milton Friedman y Anna Schwartz, dos de los principales exponentes de la escuela monetarista, plantean que el principal responsable de la profundización de la crisis fueron las malas políticas llevadas a cabo por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Como fue mencionado anteriormente a comienzos de 1928 la FED, preocupada por la creciente salida de oro hacia Francia, se embarcó en una política de aumento de la tasa de interés tendiente a desestimular dicho comportamiento. A partir de enero de 1928 la autoridad monetaria inicia una política altamente contractiva. Entre diciembre de 1927 y julio de 1928 la FED vendió bonos por un total de 393 millones de dólares Durante 1929 el flujo de oro se había revertido, pese a lo cuál las tasas de la FED se mantuvieron altas. El consenso general es que durante este año la preocupación de la FED había virado hacia la burbuja especulativa generada en el mercado de valores. Sin embargo estas medidas no tuvieron el efecto deseado, ya que octubre de ese año culminó con el colapso de Wall Street. Finalmente podemos concluir que si bien la FED no fue directo responsable del crash de 1929, tuvo directa incidencia en el agravamiento y transmisión de la crisis hacia otros sectores de la economía.
La hipótesis keynesiana
La teoría neoclásica, el modelo imperante, afirmaba que ante una caída en la actividad, la economía se ajustaría por si misma, vía una reducción general en el nivel de precios. Sin embargo a medida que los hechos se desarrollaban, si bien la deflación ocurrió, los países en general no lograban reactivar sus economías y el alto desempleo se mantenía. En este contexto Keynes publica en 1936 su “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”, donde expone su visión sobre las falencias del análisis económico imperante, así como el planteamiento de un nuevo enfoque que daría lugar al nacimiento de una nueva rama en la ciencia económica; la macroeconomía. Podemos inferir que Keynes detectaba tres grandes conceptos que suponía que el paradigma neoclásico había dejado de lado, y que explicaban la incapacidad del herramental teórico para poder realizar un correcto análisis de la situación. La ciencia económica había centrado su esfuerzo en el estudio de las variables microeconómicas, había llegado el momento de centrar la mirada hacia los grandes agregados macro. Los problemas que aquejaban a las naciones eran el desempleo y el crecimiento, por lo tanto se había vuelto imprescindible estudiar como se comportaban estas variables. A su vez Keynes enfatizó la necesidad de tener presente los factores psicológicos como determinantes a nivel agregado. Se volvía imprescindible que los economistas dieran importancia a la incertidumbre y a las expectativas si se quería lograr un correcto análisis. El pensamiento keynesiano introdujo la necesidad de estudiar y darle importancia al corto plazo. Hasta la publicación de la “Teoría General”, lo importante era el largo plazo y el estudio de los equilibrios. Keynes argumentaba que si se deseaba conocer las razones por las que las economías fluctuaban había que centrarse en el corto plazo, donde ciertos supuestos de la teoría neoclásica, como la perfecta movilidad de los precios, no se cumplían. Keynes centró su análisis en lo que consideraba el elemento fundamental para explicar la crisis: la demanda.
El economista británico afirmaba que la razón porque las economías no se recuperaban era por una depresión de la demanda de bienes y servicios totales en la economía. Por lo tanto, si se quería recuperar la senda del crecimiento sería necesario reactivar la demanda. Por lo tanto se ponía en tela de juicio la efectividad de la política monetaria como dinamizador de la demanda agregada. Hasta ese momento la teoría convencional sostenía que una disminución de la tasa de interés, al reducir los costos de pedir dinero prestado, incentivaba la inversión lo que significaba un aumento del total de bienes y servicios demandados. A esta teorización Keynes la llamó la “trampa de la liquidez”, y argumentaba que era la razón por la cual la política monetaria era ineficaz como instrumento para incentivar la demanda. Por otra parte, Keynes afirmaba que los precios y los salarios eran rígidos lo cual traía aparejado nefastas consecuencias para el empleo. Los economistas tradicionales argumentaban que el alto desempleo era una situación transitoria que se solucionaría cuando el exceso de mano de obra empujara a la baja los salarios. Pero Keynes rechazaba esta concepción al suponer que diversas instituciones, como los sindicatos, actuaban como freno a la libre fluctuación de las remuneraciones. Esta situación significaba que ante una deflación generalizada como las que vivían las economías de la época, los salarios reales de los trabajadores aumentaban, lo que se traducía en mayores costos para la empresa y, por lo tanto, en menor contratación de personal. De esta forma el alto desempleo se volvía crónico, y la economía era incapaz de retornar a una situación de pleno empleo.
Ver:
Arocena Olivera. El Modelo de desarrollo hacia adentro 1931-1973
https://www.acadeco.com.uy/files/2009_premio2.pdf

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