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sábado, 7 de febrero de 2026

La posguerra, el nuevo orden internacional y los antecedentes del neobatllismo. Unidad 6



Unidad 6

La posguerra, el nuevo orden internacional y los antecedentes del neobatllismo





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El retorno del batllismo al gobierno en la segunda posguerra no puede comprenderse sin situarlo en el marco del nuevo orden económico internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Lejos de representar una anomalía o una deriva puramente local, el dirigismo económico del neobatllismo fue parte de una tendencia más amplia: la crisis del liberalismo clásico, la consolidación del Estado interventor y la legitimación política de la planificación económica como herramienta para garantizar crecimiento, empleo y cohesión social.

El mundo después de 1945: del liberalismo clásico al orden de Bretton Woods

La experiencia de la Gran Depresión de 1929 y el colapso del patrón oro marcaron un punto de no retorno para la economía capitalista. El laissez-faire decimonónico había demostrado su incapacidad para gestionar crisis sistémicas, y tanto en Europa como en Estados Unidos se impuso la idea de que el Estado debía asumir un rol activo en la regulación del ciclo económico. Como señala Eric Hobsbawm, el período que se abre tras 1945 es el de una “edad de oro” del capitalismo, caracterizada por crecimiento sostenido, expansión del consumo y políticas públicas orientadas al bienestar social (Hobsbawm, 1995).

En este contexto se celebró la Conferencia de Bretton Woods (1944), donde se sentaron las bases del nuevo sistema financiero internacional. Inspirado en gran medida por las ideas de John Maynard Keynes, el acuerdo estableció un orden monetario basado en tipos de cambio relativamente estables, la centralidad del dólar estadounidense y la creación de organismos multilaterales destinados a evitar los desequilibrios que habían conducido a la crisis de entreguerras.

De Bretton Woods surgieron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, instituciones concebidas para asegurar la estabilidad financiera y promover la reconstrucción y el desarrollo. Aunque su orientación inicial fue más flexible de lo que sería en décadas posteriores, su lógica general reforzaba la idea de que la economía internacional debía ser gestionada, no abandonada a las fuerzas del mercado (Keynes, 1944; Eichengreen, 2008).

A este entramado se sumó, en 1947, el GATT, cuyo objetivo era liberalizar progresivamente el comercio mundial. Sin embargo, esta liberalización fue asimétrica: mientras las economías industriales conservaron amplios márgenes de protección y subsidio, los países exportadores de materias primas quedaron crecientemente expuestos a la volatilidad de los mercados internacionales (Prebisch, 1950).

América Latina: desarrollo, sustitución de importaciones y Estado planificador

Para América Latina, la posguerra consolidó una tendencia que ya se había iniciado en los años treinta: el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Las restricciones externas, la escasez de divisas y la necesidad de reducir la dependencia de los centros industriales impulsaron políticas activas de industrialización, protección arancelaria y expansión del sector público.

Desde la CEPAL, Raúl Prebisch formuló una crítica estructural al comercio internacional, señalando la desigual relación entre centro y periferia y el deterioro secular de los términos de intercambio para los países exportadores de productos primarios (Prebisch, 1950). Esta lectura reforzó la legitimidad de un Estado desarrollista, encargado de planificar, invertir y regular, en oposición al viejo ideal liberal de neutralidad estatal.

El dirigismo económico, lejos de ser una opción ideológica marginal, se transformó así en sentido común de la época. Incluso en democracias consolidadas, el crecimiento económico pasó a concebirse como un objetivo político central, estrechamente ligado a la estabilidad social y a la ampliación de derechos.

Uruguay en la posguerra: continuidad, límites y reconfiguración del batllismo

En el caso de Uruguay, la posguerra encontró a un país que había logrado atravesar la crisis de los años treinta con relativa estabilidad institucional, pero que enfrentaba límites estructurales en su modelo de crecimiento. El esquema agroexportador seguía siendo central, aunque cada vez más condicionado por la demanda externa, los precios internacionales y las restricciones comerciales impuestas por los países industriales.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Uruguay había acumulado reservas y experimentado un crecimiento coyuntural impulsado por la demanda de alimentos. Sin embargo, al finalizar el conflicto, esos excedentes comenzaron a agotarse y reaparecieron los problemas clásicos de la economía nacional: escasez de divisas, inflación, tensiones distributivas y dependencia del sector externo (Finch, 1981).

Es en este contexto que el batllismo retorna al gobierno con un programa que, si bien se reivindica heredero de José Batlle y Ordóñez, incorpora elementos nuevos. El neobatllismo, liderado por Luis Batlle Berres, asume que el crecimiento económico ya no puede descansar exclusivamente en el mercado ni en la expansión espontánea del sector agroexportador. El Estado debe dirigir, coordinar y planificar.

La expansión del gasto público, el fortalecimiento de las empresas estatales, la regulación del sistema financiero y el impulso a la industria nacional no fueron medidas aisladas, sino parte de una estrategia coherente que buscaba sostener el empleo urbano, ampliar el consumo interno y preservar la paz social. Como advierte Caetano, el neobatllismo representó una “actualización desarrollista” del batllismo clásico, adaptada a las condiciones del capitalismo de posguerra (Caetano & Rilla, 1994).

El camino al dirigismo económico

El dirigismo neobatllista no debe interpretarse como una ruptura abrupta, sino como la culminación de un proceso iniciado décadas antes. La crisis del liberalismo, la experiencia del intervencionismo durante la guerra y la influencia del pensamiento keynesiano confluyeron en un consenso amplio: el Estado era el principal garante del crecimiento y la equidad.

Sin embargo, esta estrategia contenía tensiones latentes. La dependencia de insumos importados, la rigidez del sector exportador y las limitaciones impuestas por el comercio internacional prefiguraban los problemas que emergerían con fuerza a fines de la década de 1950. El mismo orden internacional que había habilitado el dirigismo —Bretton Woods y el GATT— comenzaba a mostrar sus límites para economías pequeñas y abiertas como la uruguaya.


Bibliografía de referencia

  • Caetano, G., & Rilla, J. (1994). Historia contemporánea del Uruguay. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
  • Eichengreen, B. (2008). Globalizing Capital: A History of the International Monetary System. Princeton: Princeton University Press.
  • Finch, H. (1981). A Political Economy of Uruguay since 1870. London: Macmillan.
  • Hobsbawm, E. (1995). Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica.
  • Keynes, J. M. (1944). The Collected Writings of John Maynard Keynes, Vol. XXVI. London: Macmillan.
  • Prebisch, R. (1950). El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. Santiago de Chile: CEPAL.











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