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jueves, 26 de marzo de 2020

La Revolución Francesa 1789.


 LA REVOLUCIÓN FRANCESA (1789)

"Antecedentes.  La Revolución Francesa recibió el doble ejemplo de las revoluciones inglesa y norteamericana, aunque de ésta en mayor medida, no sólo por la cercanía temporal, sino porque jóvenes franceses participaron activamente en ella. El conflicto socio-político era más previsible en Francia que en Inglaterra. La burguesía francesa era numerosa, culta y rica, y había crecido en el siglo XVIII en número y expectativas. No sólo había aumentado la alta burguesía de financieros, negociantes e industriales, sino también la media o pequeña dedicada al comercio al por menor, y de
artesanos independientes. También había crecido en un 30 o 40% la población del reino, porque como con la relativa prosperidad se habían superado las hambrunas, lo que ocurrió fue una disminución de la mortalidad, más que un incremento de la natalidad. Este amplio sector formado por burgueses de distintos niveles, campesinos libres y los sometidos aún a servicios señoriales, además de los jornaleros, que constituían el 97% de la población francesa, integraban el Tercer Estado o Estado Llano.


 La Sociedad seguía siendo estamentaria o de Órdenes, como en el Medioevo: el Primero y el Segundo Órdenes o Estados –Nobleza y Clero-gozaban de privilegios jurídicos e impositivos. El 3° Estado tenía todas las obligaciones impositivas y ocupaba un status jurídico inferior.  El nivel cultural también había crecido. Aumentó el número de colegios, y el espíritu de la época ya no era regido por la Iglesia. Las expectativas del sector burgués no estaban ya en la vida eterna sino en la felicidad y el bienestar. Y las obras de los escritores emergidos de ese sector social planteaban cuestiones relativas a la falta de poder de la clase en ascenso. De allí que las ideas de la Ilustración, con su prédica en pos de la igualdad civil, la defensa de la propiedad y la soberanía popular, se transformara para esa Burguesía en un Credo.  No estuvieron solos en sus planteos. Contaron con el apoyo de un sector minoritario de la nobleza, la nobleza liberal empapada también de los ideales de limitación del poder al estilo inglés; y, también, con del bajo clero que se oponía las pretensiones de los obispos y arzobispos de conservación de sus privilegios.  La oportunidad para la Revolución la proporcionó la misma Realeza, cuya necesidad de reformas impositivas para conjurar la crisis financiera, la indujo a convocar una institución medieval que no se reunía desde 1614: los Estados Generales.  Tradicionalmente los distintos Órdenes sesionaban por separado y cada uno tenía un voto. Convocados por el rey, concurrieron tanto la Nobleza como un sector del Clero, en actitud de defensa del orden establecido: sus privilegios impositivos y el sistema todo.  Los miembros del 3° Estado tenían diferentes expectativas, relacionados con las grandes diferencias de estilo de vida existentes dentro del sector, entre un alto burgués financista y un campesino sujeto a prestaciones personales frente al señor. Las de estos eran más concretas y específicas, en tanto los de la elite dirigente apuntaban a lo profundo: una redistribución del poder en beneficio de la burguesía, apertura a ese sector de los cargos de la alta administración,  la alta magistratura y el nivel de oficiales superiores del ejército. 


También pretendían una mayor liberación de la economía en base a las ideas de la fuerte corriente fisiocrática de la época y el fin de la
diferenciación entre bienes nobles  y bienes plebeyos, que determinaba que, si un plebeyo compraba tierras, pagaba un impuesto especial.  Aspiraban a una sociedad de hombres iguales y ya no jerárquica; lo cual, además, presuponía una reducción del poder social y económico de la Iglesia, que cobraba aún el diezmo.  La crisis económica de 1789 hizo de las desigualdades de siglos, algo intolerable; la burguesía y el proletariado aparecen como los elementos motores de la Revolución El rey había autorizado la redacción de los “cuadernos de parroquia”, en los cuales los campesinos estamparon sus quejas, a partir de los cuales se elaboraron los mandatos de los diputados de cada provincia de Francia. Las quejas de los campesinos eran muy concretas: menos impuestos, mayor igualdad en el plano jurídico. No comprometían fundamentalmente el interés burgués. Por tanto, la alianza de clases entre los distintos sectores del Tercer Estado era posible.  Podían elegir representantes sólo los varones mayores de 25 años que pagaban impuestos. Por ende, los diputados elegidos en representación del Estado Llano, fueron mayoritariamente burgueses liberales,  conscientes de que para conseguir la igualdad jurídica y una distribución justa de los impuestos –lo cual implicaba el cese de la inmunidad fiscal que tenían la Nobleza y el Clero sobre sus inmensas posesiones- era necesario transformar el Régimen, de una Monarquía Absoluta a una Monarquía Limitada. Así pues, la Burguesía aprovechó ese momento de debilidad real para exigir las anheladas reformas: la supresión de los privilegios, la limitación del poder real, la sanción de una Constitución, con división de poderes y derechos individuales. En general, los diputados de los tres Órdenes eran monarquicos y nadie por tanto, al menos en principio, se planteaba la caducidad de la monarquía. El modelo revolucionario era el británico. 


Inicio del Proceso Revolucionario.  Los Estados Generales se reunieron en 1789, del total de diputados, representaban  los privilegiados el 3% de la población, y los no privilegiados, el 97%. Sin embargo, tal desigual representación carecía de significación en los hechos, dado que  el sistema electoral preveía 1 voto por orden. Dado el tenor de las propuestas a tratar, se preveía que clero y  nobleza votarían juntos. Destinadas desde el comienzo a fracasar la postura del 3er. Estado, la Burguesía exigió que todos los diputados sesionaran en conjunto y no por separado, y que el voto fuera “por cabeza”. Eso implicaba que los Estados Generales se transformaran en Asamblea Nacional. El rey envió al ejército real a cerrar las salas de sesiones. La Burguesía, firme en sus decisiones, decidió retirarse de Versalles y reunirse en un club deportivo donde se comprometió a luchar y a no separarse hasta que Francia tuviera una Constitución. En este acto, conocido como el Juramento del Frontón o del Juego de Pelota, acaecido el 20 de junio de 1789, participaron también algunos nobles progresistas  y miembros del Bajo Clero. Entre los nobles se destacó Mirabeau quien enfrentó a los oficiales del rey manifestando: “Estamos aquí por voluntad del pueblo y sólo saldremos por la fuerza de las bayonetas”.  Ante la evidencia de que sobrevendría un baño de sangre, el rey decidió ceder, y autorizó la reunión conjunta de los diputados de los tres órdenes. Los Estados Generales se transformaron así en Asamblea Nacional, y luego, cuando ésta se hubo declarado  soberana, en Asamblea General Constituyente. Esa fue una gran victoria, pues el Tercer Estado era mayoría. En este momento la revolución se había consumado.  La Asamblea General Constituyente sesionó bajo la presión de distintas fuerzas. Por un lado el Ejército, que si bien en principio estuvo junto al rey, más adelante sufrió la defección de sargentos y soldados, quienes sintieron que esas ideas de igualdad en discusión, los beneficiaba también a ellos. Muchos soldados pasaron a enrolarse en la recientemente formada Guardia Nacional, milicia burguesa revolucionaria organizada para enfrentar al Ejército del Antiguo Régimen. 


La Guardia Nacional tenía un doble objetivo: el mantenimiento del orden en construcción tanto frente a los reaccionarios legitimistas como frente a la izquierda radical. Los reaccionarios legitimistas eran nobles y miembros del alto clero que, junto a la Corte, estaban  a la espera de alguna debilidad que les permitiera recuperar el pleno poder,  terminar con la experiencia revolucionaria en proceso y reinstaurar el Antiguo Régimen. La izquierda radical estaba integrada por  sectores populares involucrados en la revolución, pero que tenían necesidades inmediatas, pues el recrudecimiento de la crisis económica producía aumento de precios y derrumbe de sus salarios.  Para julio de 1789 la creciente violencia tuvo su desenlace el día 14  cuando los sectores populares tomaron el depósito de armas del arsenal de la Bastilla en París, ejemplo que cundió por las provincias francesas. En el campo estalló la explosión antiseñorial: ahora fueron los campesinos atados a prestaciones personales, los jornaleros, los aparceros,  los que exigieron reformas.  La Revolución se había profundizado y así los diputados sesionaron en medio de esos estallidos de furor popular.  Fue obra de esa Asamblea General Constituyente: la Abolición del Régimen Feudal, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la Constitución Monárquica de 1791.   La Abolición del Régimen Feudal fue la respuesta a las exigencias de los campesinos, sometidos aún muchos de ellos a prestaciones personales. Los antiguos Señores aún tenían una serie de privilegios, particularmente económicos. La abolición  del régimen feudal comprendió abolición de la servidumbre, de las jurisdicciones señoriales, del derecho de caza exclusivo, sustitución del diezmo por una renta en metálico, que podía ser redimible.  


En la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano quedaron plasmados los derechos naturales postulados por los filósofos: la igualdad civil, el derecho de propiedad, la libertad de movimiento. La igualdad civil era la conquista principal. A partir de entonces todos los ciudadanos podían ser admitidos en los cargos civiles, militares y judiciales, los cargos de magistrados por herencia desaparecen. La igualdad fiscal completaba la igualdad civil, y esto beneficiaba a campesinos y artesanos. La Declaración significaba el establecimiento de un nuevo Pacto Social, ahora una especie de contrato voluntario entre los miembros de la nación francesa, en sustitución de la sociedad autoritaria precedente, pues  proclamó el derecho del hombre a las libertades y el derecho del ciudadano a la soberanía.  El sistema gubernativo que implicaba esta  Declaración, era el Sistema Representativo.  La Constitución de 1791 establecía una Monarquía Limitada. El rey conservaba la plenitud del poder ejecutivo, pues designaba a los ministros. Pero las otras funciones pasaron a los otros dos poderes. El Poder Legislativo, integrado por dos Cámaras –la de Diputados y la de Senadores-, era indisoluble e inviolable, único hacedor de la ley, y sus diputados se reclutaba a partir del voto censitario. Los derechos políticos alcanzaron pues, sólo a los propietarios. La Constitución completó la enunciación de los derechos no incluidos en la Declaración. Así, la libertad de trasladarse, libertad de prensa y de palabra y la de integrar  asociaciones políticas.    La Revolución significó un gran triunfo para la Burguesía. El pueblo había logrado reformas, como la eliminación de la servidumbre y los privilegios señoriales y el establecimiento de la igualdad jurídica; pero carecía del derecho a la participación política. Sobre todo, estaban
faltando reformas que significara un traspaso de bienes de los más ricos a los más pobres. Las innovaciones en el plano fiscal fueron muy bien recibidas y en principio los derechos establecidos fueron sentidos como suficientes; pero con el correr de los meses empezaron a ser percibidos como escasas por parte de los sectores urbanos de las capas bajas.   Evolución de la revolución: de la Monarquía Constitucional a la República y al Imperio 


La Monarquía Constitucional fue establecida por la Constitución de 1791 pero tuvo escasa duración, debido a la amenaza de guerra externa promovida por los regímenes absolutistas, que se aliaron contra Francia teniendo que se expandiera el ejemplo revolucionario. También operó en contra  la poco disimulada connivencia del rey con las coronas del extranjero. Y, desde luego, los sectores populares  que no se consideraban suficientemente beneficiados.  Se sucedieron rápidamente una serie de hechos: la huida frustada del Rey Luis XVI hacia Bélgica,  suceso que creó una ruptura irreparable entre el rey y la nación, pues ésta sospechó que se había unido al enemigo. El rey y su familia fueron conducidos prisioneros al Palacio de las Tullerías, depuestos, juzgados, condenados, y finalmente ejecutados en enero de 1793.  La pequeña burguesía y los obreros, defraudados por la labor de la Constituyente se radicalizaron en Paris. 


Su proyecto consistía en un sistema de soberanía directa, al estilo roussoniano. Dirigidos por Robespierre, Marat y Dantón, líderes del Partido de la Montaña que representaba la revolución democrática, actuaron en agosto del 92 contra la Monarquía y la Burguesía moderada: tomaron por asalto la Comuna de París, expulsaron a sus miembros, y organizaron la Comuna Insurrecta, que organizó una sangrienta purga entre la nobleza legitimista, el sector más reaccionario, que aspiraba al retorno del antiguo régimen.  La República surgió como consecuencia de esta Segunda Revolución que derribó al trono.  La Convención fue la institución central desde 1792. Su 1ª acto de gobierno consistió en abolir la Monarquía y  organizar la República. En la Convención actuaron diferentes partidos que ocuparon en forma sucesiva el poder ministerial.  El Partido Girondino fue el que tuvo mayoría en un primer momento, y por ello dirigió la política revolucionaria. Surgió como partido de izquierda frente a la nobleza aún reaccionaria, pero luego vio surgir otro grupo ubicado más hacia la izquierda. Terminó representando a la Burguesía moderada. Los hombres de este partido frustraron las aspiraciones sociales de los sectores campesinos. Ya en la etapa anterior se había producido la confiscación de los bienes de los emigrados, lo cual había significado que numerosos latifundios habían pasado a engrosar los bienes del Estado. En los primeros decretos revolucionarios se había dispuesto que tales bienes, divididos en lotes, serían entregados a cambio del pago de una renta en metálico -una especie de arriendo con posesión a futuro; pero  los Girondinos una vez en el poder, no los aplicaron. Sí en cambio se estipuló el pago al contado, pero el campesino francés no se animó a endeudarse, porque además necesitaba de capitales para proceder a la explotación de las parcelas. El inmenso desplazamiento de riqueza que se produjo, a costa de la nobleza, terminó beneficiando a la burguesía, que disponía de los capitales suficientes para la adquisición y la explotación.  En 1793 una Tercera Revolución  intentó corregir los errores y frustraciones del gobierno girondino y concretar  principios de la democracia política y social. El Partido Jacobino llegó al poder con un golpe contra los jefes Girondinos. Significó el triunfo del sector popular, de la clase
media baja y el proletariado, grupos que se sentían defraudados porque su vida seguía siendo tan dura, que no podían apreciar el cambio significativo que la revolución había provocado. Aún había crisis económica, altos impuestos, hambre, falta de trabajo. Significó el triunfo de la minoría revolucionaria y democrática, y marcó el comienzo del llamado Terror  con líderes radicales como Robespierre, Marat, Danton Se dictó la Constitución de 1793, inspirada en principios roussonianos: sufragio general y directo, cámara única, participación del pueblo en la aprobación de las leyes. Esta Constitución sin embargo nunca se aplicó, y en los hechos la etapa jacobina fue la de un gobierno fuertemente centralizado, que para poder implementar sus reformas revolucionarias conculcó de hecho las libertades burguesas. Se abrió la etapa de des-cristianización: el calendario gregoriano fue reemplazado por el revolucionario, que establecía como año I el del comienzo de la República, que conservaba los 12 meses pero con nombres relacionados con la naturaleza. Impulsaron la Revolución Social: se fijaron subsidios para pobres que no podían trabajar,  niños, viudas y ancianos; se puso en vigencia una ley agraria que establecía el reparto gratuito entre los campesinos de los bienes comunales de la región, se produjeron nuevas confiscaciones -ahora de los burgueses antirrevolucionarios o sospechados de ello- que benefició a patriotas indigentes. Se declaró la liberación de la esclavitud en todas las colonias.  El Jacobinismo se fundaba teóricamente en Rousseau, quien en “El Contrato social” (1762) desarrolló la teoría de la soberanía popular. El papel que reservaba al Estado era el de reprimir los abusos de la propiedad individual y mantener el equilibrio social, por medio de la legislación respecto de la herencia y del impuesto progresivo sobre la renta. Esta tesis, igualitaria tanto en el dominio social como en el político, era cosa nueva en el siglo XVIII, y puso a Rousseau frente a Voltaire y los Enciclopedistas. Concretada desde el poder por los jacobinos, esa concepción alejó a la revolución francesa de la inglesa y la acercó a la norteamericana; como la alejó también de la Revolución de Mayo de 1810, salvo el caso de algunas disposiciones prácticas concretadas por Mariano Moreno.      El Régimen Jacobino fue generando enemistades. En primer lugar la de los burgueses, que temblaban por sí mismos y por sus bienes, dado el sistema de empréstito obligatorio y de impuesto progresivo, que aparecía como guerra a los ricos. Pero además, los topes de precios le generaron al gobierno la enemistad de los pequeños comerciantes, de los granjeros, y de todos aquellos ligados a la producción del campo. Cuando se estableció el tope de salarios para disponer de medios para la guerra contra las potencias absolutistas aliadas contra la revolución-, ya el gobierno sufrió incluso la oposición de los trabajadores urbanos, hasta entonces su gran sostén. El Directorio fue la organización institucional surgida en 1794 de una Contrarrevolución: frente al doble peligro de la derecha aristocrática y la izquierda democrática, se constituyó el Partido del Centro con el aporte de los diversos sectores de la Burguesía -alta, mediana, incluso pequeña; y así se restableció el régimen liberal-burgués.  La Constitución democrática del Año I fue reemplazada por la del Año III (1795), que denotaba influencia burguesa, porque reservaba los derechos políticos a los contribuyentes; era de tipo censitaria. Del régimen anterior pocas cosas subsistieron, como los repartos de tierras ya hechos entre los campesinos; pero esta política no fue continuada y cesó la de asistencia a los pobres. La recuperación de las libertades fue válida para los adictos al régimen: se restableció la libertad comercial y se liberó a la prensa que actuó en adelante  como portavoz de hecho de los intereses y de la política gubernamental
La Constitución del Año III instituía un régimen con división de poderes, y creaba como Ejecutivo al Directorio. Este sistema funcionó entre 1795 y 1799, y en su transcurso se agudizó la crisis social y se complicó la situación externa al ser vencida la flota francesa por la inglesa en Abukir. Como los directores consideraban necesario un gobierno fuerte, solicitaron el apoyo de prestigioso militar revolucionario Napoleón Bonaparte  para dar un golpe interno, e instaurar un nuevo régimen.


El Consulado.  Fue el régimen existente entre 1800 y 1804. Se dictó la Constitución del Año VIII, que establecía como Ejecutivo a tres cónsules; pero de hecho significó la inauguración del poder personal de Napoleón, que pasó de 1º cónsul a cónsul vitalicio, y finalmente a Emperador en 1804.  La Burguesía pues, dispuesta a consolidar su situación económica, ante los embates de las clases bajas empobrecidas y el problema de la guerra externa, terminó instituyendo el Poder Personal. Así, los excesos revolucionarios habían provocado una Contrarrevolución; y la guerra externa había entronizado al Poder Militar.

El Imperio fue la etapa institucional que se inició en 1804 con la coronación de Napoleón como Emperador. La República Francesa se transformó en Imperio Francés. Fue un gobierno autoritario, porque aunque existían Cámaras, el emperador  tenía todo el poder, sólo respetó los derechos individuales, Su obra fue importante en diversos planos: jurídico, educativo, social, económico, institucional. La redacción del Código de Napoleón (en 1810) codificó leyes civiles y criminales, fue muy severo pero siguió rigiendo en Francia e influyó en países europeos como Bélgica, Alemania e Italia, y también en países americanos como Argentina.  Napoleón confirmó la distribución de tierras hecha por la revolución, y la continuó, lo cual hizo posible la afirmación en Francia de los medianos propietarios, esto es, esa clase media campesina que fue, en el siglo XIX, el puntal de la democracia.  Profundizó la guerra contra la Europa absolutista. Luchó particularmente contra Inglaterra que dirigía a las potencias absolutistas aliadas. Fue vencida su escuadra en la batalla de Trafalgar en 1805,  y perdió poder en el mar. Por eso decidió atacar a Inglaterra en sus intereses económicos estableciendo el  un bloqueo continental: prohibió a los estados europeos  que comerciaran con esa Isla, apoyándose en el prestigio de su ejército.  Ese bloqueo influyó en la concreción de las Invasiones Inglesas en el Río de la Plata, en 1806 y 1807.

Portugal no obedeció el bloqueo dada su alianza económica con Inglaterra, por lo que Napoleón ordenó su ocupación. Cruzó España con autorización del rey Carlos IV, que era su aliado; pero después de ocupar Portugal decidió dominar también España. Esa acción inició una guerra entre franceses y españoles, que tuvo repercusiones en América, y particularmente en el Virreinato del Río de la Plata. 

Como Rusia tampoco aceptó el bloqueo continental, Napoleón la atacó en 1812. Los rusos decidieron retroceder sin presentar batalla, quemando las cosechas, aplicando una táctica llamada de tierra arrasada. Los franceses agobiados por el invierno ruso finalmente retrocedieron derrotados. Napoleón ya no pudo recobrarse. Fue derrotado en la batalla de Leipzig –la batalla de las naciones- y debió abdicar el poder. Fugazmente logró reinstaurar el gobierno en Francia contra el rey Borbón repuesto en el trono. Derrotado en forma definitiva en
la batalla de Waterloo, fue enviado a la isla de Santa Elena, donde murió. .    Consecuencias de la Revolución Francesa.   Es considerada la más importante de todo un ciclo de revoluciones que tuvo como protagonista a la Burguesía, y como finalidad la aniquilación del Antiguo Régimen u Orden Absolutista. Su lema de Libertad, Igualdad, Fraternidad y su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fueron el punto de referencia de cientos de dirigentes revolucionarios a lo largo de todo el siglo XIX. Entre ellos, los revolucionarios de Mayo de 1810. Fue determinante en la caída del Antiguo Régimen  y  del proceso de transformación de la Sociedad Tradicional a la Sociedad Moderna. Antes de dicha Revolución, en Europa imperaba una sociedad jerárquica y la idea de la desigualdad jurídica inmovilizaba la sociedad.  Aun cuando se intentó la Restauración del Orden Tradicional derrotado Napoleón,  ya nada de eso fue posible, porque los vientos de la libertad y las ideas liberales difundidas desde Francia habían prendido en Europa y América.  Logró la difusión del Liberalismo, con todas sus implicancias: las ideas de igualdad jurídica, las libertades y garantías individuales, la división de poderes y, fundamentalmente, el constitucionalismo.    Desató las fuerzas del progreso aunque desató también las fuerzas de la regresión. Tras la caída de Napoleón, se produjo la Restauración Absolutista entre 1814/15 y 1830, y esos Monarcas restaurados formaron alianzas para ahogar cualquier movimiento liberal que ocurriera dentro o fuera del continente. Pero las ideas de libertad e igualdad eran demasiado fuertes para ser acalladas. A partir de las revoluciones de 1830 y 1848 el Orden Restaurado fue desmoronándose, hasta caer totalmente a lo largo del siglo XIX." 

Tomado de la web.

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