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miércoles, 11 de febrero de 2026

Fragmentación política, radicalización y crisis del sistema (1960–1972) Unidad 7 continuación.


Fragmentación política, radicalización y crisis del sistema (1960–1972)





El Partido Nacional en el poder: ruralismo, tensiones internas y surgimiento de la UBD

El triunfo blanco de 1958 no significó cohesión programática. El Partido Nacional llegó al gobierno como una coalición heterogénea donde convivían:

  • el ruralismo, liderado por Benito Nardone, con fuerte apoyo de productores agropecuarios;
  • sectores herreristas tradicionales;
  • corrientes más técnicas orientadas a la estabilización económica.

El ruralismo había construido su identidad sobre la crítica al “Estado batllista urbano” y a lo que consideraba una transferencia de recursos del campo hacia la ciudad. Sin embargo, una vez en el gobierno, la aplicación de políticas de estabilización —especialmente la reforma de 1959— generó tensiones internas. El ajuste afectó también al sector agropecuario, que enfrentaba problemas de competitividad y acceso a crédito.

Estas contradicciones facilitaron la emergencia de la Unión Blanca Democrática (UBD), liderada por Daniel Fernández Crespo, que buscó modernizar la imagen del nacionalismo y distanciarse del ruralismo más confrontativo.

El Partido Nacional, lejos de consolidarse como alternativa estable, comenzó a fracturarse en el ejercicio del poder.


La división del batllismo y la reforma constitucional

Mientras el Partido Nacional enfrentaba tensiones internas, el batllismo atravesaba su propia crisis. Tras la muerte de Luis Batlle Berres (1964), el liderazgo colorado se fragmentó entre sectores más desarrollistas y corrientes que comenzaban a inclinarse hacia posiciones liberalizantes.

El sistema colegiado, concebido como garantía de equilibrio, se transformó en símbolo de ineficacia. La percepción de parálisis decisional y deterioro económico generó consenso en torno a la necesidad de una reforma institucional.

La reforma constitucional de 1966 eliminó el colegiado y restableció el presidencialismo, fortaleciendo el Poder Ejecutivo. Esta modificación reflejó la convicción de que el sistema político debía recuperar capacidad de decisión frente a una crisis que se profundizaba.

Sin embargo, el problema ya no era únicamente institucional.


Radicalización de izquierda: del debate ideológico a la acción armada

La década de 1960 estuvo atravesada por una profunda transformación cultural y política. La influencia de la Revolución Cubana, el ejemplo de Fidel Castro y la figura del Che Guevara impactaron especialmente en sectores juveniles y estudiantiles.

En Uruguay, el surgimiento del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) expresó esta radicalización. En sus primeras etapas, desarrollaron acciones de propaganda armada y expropiaciones que la prensa denominó “etapa Robin Hood”, por la redistribución simbólica de bienes hacia sectores populares.

Sin embargo, a medida que la conflictividad aumentó, las acciones se volvieron más violentas: secuestros, enfrentamientos armados y ataques a instalaciones estatales. El paso de la propaganda armada a la confrontación directa marcó un punto de no retorno en la escalada del conflicto.

Es importante subrayar que el MLN no fue un fenómeno aislado, sino parte de un clima regional donde el foquismo y la teoría de la guerrilla urbana adquirían legitimidad entre sectores revolucionarios.


La unificación sindical y el Congreso del Pueblo

En paralelo, el movimiento obrero avanzó hacia la unidad. En 1964 comenzó el proceso que culminó en 1966 con la creación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), central sindical única.

El Congreso del Pueblo de 1965 constituyó un hito en la articulación entre sindicatos, cooperativas, estudiantes y sectores de izquierda. Allí se elaboró un programa de reformas estructurales que cuestionaba abiertamente el modelo económico vigente y proponía transformaciones profundas en propiedad, banca y comercio exterior.

El Partido Comunista del Uruguay tuvo un rol organizativo clave en la consolidación sindical, mientras que corrientes socialistas y revolucionarias aportaron radicalidad discursiva.

La conflictividad laboral creció exponencialmente, alimentada por inflación, caída salarial y desempleo.


Radicalización de derecha: logias militares y doctrina de seguridad

La crisis no generó únicamente radicalización de izquierda. En sectores militares comenzó a consolidarse una lectura distinta: la del “enemigo interno”.

Influenciados por la Doctrina de Seguridad Nacional, oficiales uruguayos establecieron vínculos con corrientes militares de Brasil y Argentina. La percepción de amenaza subversiva y el aumento de la violencia política alimentaron la formación de núcleos corporativos dentro de las Fuerzas Armadas, a menudo denominados “logias”.

Estos grupos consideraban que el sistema político tradicional era incapaz de restaurar el orden. La polarización comenzaba a erosionar el consenso democrático.


Multicausalidad y crisis sistémica

Entre 1960 y 1972 confluyeron:

  • fractura de partidos tradicionales
  • crisis económica persistente
  • reforma institucional
  • unificación sindical
  • radicalización revolucionaria
  • militarización de la respuesta estatal

No se trató de un único factor desencadenante, sino de un proceso acumulativo donde economía, ideología y estructura institucional interactuaron.

Como señala Finch (1981), el estancamiento económico fue el catalizador, pero la ruptura fue política y cultural.


Crisis estructural, fractura política y colapso financiero (1958–1973) Esquema.

La crisis económica: de la reforma de 1959 al colapso bancario de 1965

La reforma cambiaria de 1959: estabilización y ruptura del modelo

La reforma impulsada por Juan Eduardo Azzini significó el abandono del sistema múltiple de cambios y la devaluación del peso, buscando:

  • corregir el déficit de balanza de pagos
  • reducir distorsiones cambiarias
  • contener la inflación

Sin embargo, el impacto fue socialmente disruptivo:

  • caída del salario real
  • cierre de industrias poco competitivas
  • aumento del desempleo
  • pérdida de poder adquisitivo

El tránsito desde el dirigismo neobatllista hacia una orientación más liberal no se dio en un contexto de expansión internacional, sino de creciente vulnerabilidad externa (Finch, 1981).


La crisis bancaria de 1965: colapso de confianza

En 1965 estalló una profunda crisis financiera. Varias instituciones privadas enfrentaron problemas de liquidez y solvencia, generando retiros masivos de depósitos y pérdida generalizada de confianza.

Las causas fueron múltiples:

  • inflación persistente
  • fragilidad del sistema bancario
  • crédito orientado políticamente en décadas anteriores
  • déficit fiscal creciente
  • especulación cambiaria

La crisis puso en evidencia la ausencia de un organismo rector autónomo del sistema financiero. Hasta entonces, funciones monetarias y bancarias estaban dispersas.

El resultado fue la creación del Banco Central del Uruguay en 1967, con el objetivo de:

  • regular el sistema bancario
  • controlar la emisión monetaria
  • supervisar reservas
  • coordinar política cambiaria

La creación del Banco Central marcó el inicio de una nueva etapa institucional en materia monetaria. Sin embargo, su nacimiento fue reactivo: surgió como respuesta a una crisis ya desatada.


Consecuencias económicas y sociales

La crisis bancaria agravó:

  • la inflación
  • la caída del salario real
  • la conflictividad laboral
  • la percepción de deterioro estructural

El sistema político quedó atrapado entre:

  • sindicatos que exigían recomposición salarial
  • empresarios que reclamaban estabilidad
  • organismos internacionales que promovían disciplina fiscal

El Estado comenzó a recurrir con mayor frecuencia a medidas excepcionales, anticipando la dinámica de las “medidas prontas de seguridad” que se volverían habituales desde 1968.


Radicalización y militarización

La crisis económica fortaleció las narrativas extremas:

  • A la izquierda, el MLN-T justificaba la lucha armada como respuesta a un sistema incapaz de reformarse.
  • A la derecha, sectores militares interpretaron el desorden económico y social como amenaza subversiva.

El deterioro financiero de 1965 no fue simplemente técnico: erosionó la legitimidad del sistema democrático y alimentó discursos de excepción.


Multicausalidad del colapso

Entre 1959 y 1973 convergieron:

  • agotamiento del modelo ISI
  • reforma cambiaria traumática
  • crisis bancaria
  • fragmentación partidaria
  • radicalización ideológica
  • creciente intervención militar

No fue un proceso lineal ni monocausal. Fue una acumulación de tensiones que, progresivamente, redujo el margen de maniobra del sistema político tradicional.

Como sostiene Caetano, la crisis uruguaya fue la expresión de una “modernización inconclusa”, atrapada entre Estado desarrollista agotado y liberalización incompleta (Caetano, 1992).


Bibliografía ampliada

  • Caetano, G. (1992). La República conservadora.
  • Caetano, G., & Rilla, J. (1994). Historia contemporánea del Uruguay.
  • Finch, H. (1981). A Political Economy of Uruguay since 1870.
  • Nahum, B. (1998). Historia política del Uruguay contemporáneo.

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